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Patricia Lara Salive

Mayo 03 de 2024

Qué falta hace usted, Rodrigo Lara Bonilla

— “Mataron a Rodrigo Lara”, me dijo por teléfono mi asistente.

— “¡No!”, grité.

Estallé en llanto. Me comenzó un dolor de espalda que se acrecentó durante meses.

Recordé entonces, como si fuera una película, ese inolvidable fin de semana que pasé con Rodrigo, entonces ministro de Justicia, su esposa Nancy Restrepo y sus tres niños, en la finca que había sido de mis padres, y que esta semana, con motivo de que se cumplieron cuarenta años de su muerte, volví a revivir.

El ministro, quien había recibido múltiples amenazas por su lucha suicida contra el narcotráfico, llegó a la finca el viernes por la noche, cargado de tamales y botellas de vino. Les dijo a sus escoltas que se fueran y regresaran el domingo en la tarde.

Mientras los niños jugaban, durante dos días, Rodrigo echó buenos chistes opitas, como era su costumbre; se rio a carcajadas; pero también habló de sus tristezas y temores: él sabía que lo iban a matar. Para irse del país y escapar a la muerte, estaba solamente esperando que le saliera el nombramiento como embajador en Checoeslovaquia, adonde el presidente Belisario Betancur lo iba a enviar para protegerlo.

La situación del ministro Lara se había complicado mucho porque, a raíz de una denuncia que él hizo sobre la presencia de dineros del narcotráfico en el fútbol y la política, y de una declaración suya en el sentido de que en el Congreso se había infiltrado el narcotraficante Pablo Escobar, quien había sido elegido suplente del representante a la Cámara Jairo Ortega, a su vez elegido en la lista que para el Senado había encabezado el exministro de Justicia Alberto Santofimio, Escobar le dio al ministro Lara 24 horas para que rectificara su afirmación porque, según él, él era “un hombre de bien”. Como el ministro no rectificó, el capo le tendió una celada a través de Jairo Ortega, quien citó al ministro a un debate de control político y le sacó un cheque de $1 millón que el narcotraficante Evaristo Porras había girado a una cuenta de una ferretería de la familia de los Lara Bonilla, con cuyo manejo Rodrigo Lara nada tenía que ver. Entonces se armó un escándalo. Y el Nuevo Liberalismo, movimiento al que pertenecía el ministro, nombró un comité de ética para que investigara el caso. A partir de ahí, Rodrigo Lara, liberal de izquierda, honesto, vertical, valiente y orador formidable, arreció su lucha contra el narcotráfico: revivió viejos procesos penales contra los capos Escobar y Lehder, decomisó centenares de predios que usaban para producir droga y avionetas que utilizaban para transportarla, promovió la extradición en el Congreso, y, apoyado por el coronel Jaime Ramírez, el 28 de marzo de 1984, desmanteló en las selvas del sur los estratégicos laboratorios de Tranquilandia y Villacoca, lo cual acabó de enardecer a los capos.

 

Entonces, un mes y dos días después, lo mataron.

 

Su muerte fue una tragedia no solo para su familia y sus amigos, sino para Colombia entera. Porque, si hubiera sobrevivido Rodrigo Lara Bonilla, muy seguramente habría llegado a ser ese gran presidente liberal de izquierda que Colombia tanto necesita.

 

Nota: el 1.° de mayo, al cierre de esta columna, terminó de hablar en la plaza de Bolívar el presidente Gustavo Petro: definitivamente, él sigue siendo un gran líder. Su discurso tiene varias lecturas. Pero la principal es que, de nuevo, le abrió las puertas al gran acuerdo nacional, la única salida que tiene este país.

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Patricia Lara Salive

Abril 26 de 2024

Sí hay un camino, presidente

Esta semana hubo dos hechos políticos de gran magnitud: por una parte, el domingo las plazas del país se colmaron de cientos de miles de manifestantes que protestaron contra el gobierno de Gustavo Petro, hecho que fue juzgado por el presidente con actitud paranoide: los que salieron a las calles son una partida de “desinformados” que añoran “la represión abierta, las masacres paramilitares y los asesinatos de jóvenes” y que quieren “tumbar el gobierno popular y matar al presidente”, dijo. Y, por otra parte, el martes, la ministra de Trabajo, Gloria Inés Ramírez, comunista desde chiquita, pero inteligente, amable y conciliadora, apoyada por Jaime Dussán, director de Colpensiones, logró que el Senado aprobara la reforma pensional, después de llegar a un acuerdo con senadores liberales y del Partido de la U. Y la reforma que salió del Senado tiene una modificación estupenda: la de que la plata de las pensiones sea manejada por el Banco de la República. Eso garantiza, hasta donde es humanamente posible, que los políticos pillos no se apoderen de ella. Claro que aún le falta la aprobación de la Cámara. Esperemos que la ministra se luzca allá también.

Ambos hechos deben hacer reflexionar al presidente y al gobierno en general. Según dicen, el gobierno se va de retiros espirituales este fin de semana. Ojalá se escuchen las voces sensatas: la de la poderosa y eficaz Laura Sarabia que trinó: “Hoy debemos tener la grandeza de reconocer que muchas personas se movilizaron, que tuvieron todas las garantías, y pudieron expresar su descontento. Esta es una semana que como gobierno debemos afrontar en reflexión y autocrítica”. Y la del ministro del Interior, Luis Fernando Velasco quien, como lo afirmó un editorial de este diario, dijo que las marchas habían enviado “un mensaje político que [sabrán] recibir”. Y la del siempre lúcido senador Iván Cepeda, quien también trinó: “El deber de nuestro gobierno es escuchar la inconformidad y las críticas de la ciudadanía y la oposición. Debemos explicar lo que injustamente se malinterpreta y no se entiende. Corregir lo que se ha hecho mal. Dialogar para buscar un acuerdo nacional. Así se construye la democracia”.

Sí, presidente, hay mucho que corregir. Por una parte, hay que dejar atrás esa paranoia que lo lleva con frecuencia a creer que todo lo malo que le pasa al gobierno es culpa de los demás; hay que volver al Petro que existía en vísperas de su posesión, ese que decía que soñaba, al terminar su mandato, con entregar uno solo país y no uno dividido, como estaba en ese momento; hay que dejar ese lenguaje pendenciero y cambiarlo por uno que convoque, que tranquilice y que unifique al país; hay que reconstruir una coalición de gobierno que le permita, como hizo con la reforma tributaria y el plan de desarrollo, sacar adelante sus reformas, así sea con algunas modificaciones. ¡Es que para que un mandatario pueda imponer su voluntad sin transar, presidente, tiene que contar con una mayoría que usted no tiene! Y hay que aprender a escuchar al país. Y si sus colaboradores cercanos, por miedo o por oportunismo, solo le dicen lo que usted quiere oír, como ocurre con tanta frecuencia en el poder, desconfíe de ellos y escuche a los que se atreven a contradecirlo, a decirle la verdad. Finalmente, presidente, hay que pararle bolas a la obsesión del senador Iván Cepeda por lograr un acuerdo nacional. Esa también era una obsesión suya, y lograrlo es la única salida que tiene este país.

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Patricia Lara Salive

Abril 19 de 2024

Sí podemos llegar a acuerdos

Hace unos días, El Espectador nos propuso que resaltáramos lo que nos une, en vez de aquello que nos enfrenta y nos polariza. Por eso hoy quiero destacar la aprobación por unanimidad, esta semana, en la Cámara de Representantes, del proyecto de la ley estatutaria que busca reformar la educación y establecerla como un derecho básico.

Si hay un propósito que puede unir al país y al que, con seguridad, nadie se opone, es el de conseguir que todos los colombianos tengan acceso a una educación de calidad.

Como me lo dijo el viceministro de educación, Óscar Sánchez, “es posible llegar a un acuerdo para que la educación sea un propósito nacional”. Prueba de ello fue la aprobación unánime del mencionado proyecto de ley que, según Sánchez, establece los siguientes acuerdos:

1. Que la educación de los cero a los seis años es un derecho y tiene que ser ofrecida por personal profesional en asocio con las familias y las comunidades. La ciencia ha demostrado, dice el viceministro, que en esos primeros años se forma físicamente el cerebro, hay neuro plasticidad, y si el niño no recibe estímulos adecuados -acceso a la literatura, a la exploración del medio, al lenguaje oral, al afecto, a la sensibilidad a través del juego, etc.-, el cerebro no se puede desarrollar. Entonces, es una prioridad invertir más en la educación inicial hasta los tres años a través de centros de cuidado, y luego, hasta los seis años, a través del prejardín, jardín y transición, en instituciones tanto oficiales como privadas.

2. Que la educación media mejore, principalmente en las zonas rurales, de modo que haya profesores especializados, residencias escolares, maestros en técnicas agrícolas y otras actividades propias del campo; y que se fortalezcan los vínculos con el Sena y la universidad. “Es que en Colombia hay una inequidad terrible en el acceso a la educación media,” dice Óscar Sánchez. “Y cuando los muchachos llegan a los 14 o 15 años, sobre todo en zonas rurales, desertan de la escuela y las coberturas bajan al 20 o 30 por ciento; y muchos de los chicos que terminan bachillerato no acceden a la educación superior porque salen muy mal preparados”, agrega.

3. Que en la educación básica primaria y secundaria, de primero a noveno grado, haya continuidad; que la educación esté acorde con los contextos culturales; que se respeten las lenguas indígenas y, fundamentalmente, que se reconozca el derecho a la formación integral, es decir, que no sólo se enseñen lectura, escritura y matemáticas, sino también arte, deporte, desarrollo socio emocional y ciudadano, educación ambiental y sexual y formas de participación ciudadana. Según Sánchez, el desarrollo integral le ha sido negado a la educación pública. Por ello se requieren más docentes, jornadas escolares más largas y que otros ministerios, como los de cultura y medio ambiente, también participen en los procesos de formación de los jóvenes.

4. Que se fortalezcan institucionalmente las entidades y colegios afectados por el conflicto armado y se construya una cultura de paz.

5. Y que se amplíe la planta docente y se les ofrezca una gran capacitación adicional a los maestros.

 

Definitivamente, trabajar por una educación de calidad, crea consenso. ¿Por qué el presidente Petro, en lugar de buscar tantas camorras, no convoca al país y prioriza su acción para lograr que haya una educación de calidad para toda la población? Así, en unos cuantos años, disminuiría de verdad la pobreza.

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Patricia Lara Salive

Abril 12 de 2024

La inseguridad total

A falta de “paz total” vivimos en la inseguridad total. O por lo menos así nos sentimos los más de dos millones de afiliados a Compensar, una EPS que me ha prestado un servicio del cual no tengo queja. Sólo en las últimas semanas se demoró un poco el suministro de medicamentos. Pero, por lo menos hoy, tengo garantizados tres meses de inyecciones para controlar la diabetes. Y pasado ese tiempo, ¿qué voy a hacer? ¿A quién voy a acudir? A pesar de que he sido una privilegiada, como ya soy mayor de 70 años, no hay aseguradora privada que me asegure. Y lo que ha dicho el presidente Petro es que, una vez liquidada una EPS (Compensar pidió su liquidación voluntaria), sus afiliados pasarán a otra que también quebrará. ¡Vaya forma de tranquilizarnos!

Lo que los ciudadanos esperamos del presidente es que sea una especie de padre que nos dé tranquilidad, seguridad y certezas. Pero hoy, en Colombia, ocurre exactamente lo contrario: el presidente nos genera intranquilidad, inseguridad e incertidumbre.

Y no estoy refiriéndome únicamente al servicio de salud, que es el más sensible porque determina en gran parte la vida o la muerte de la gente. Me refiero a muchos temas más. Las cosas, las empresas, los servicios, las fuentes de ingresos, que son tan difíciles de armar y de hacer que funcionen, se desbaratan de un plumazo sin que se tenga listo un plan sustituto.

En estos casos no sirven los planes y la carreta sino los hechos.

En estos días no hemos hecho más que oír al Gobierno decir que la salud colapsó y culpar a los demás de esa situación. Pero, ante este hecho que, como tanto lo han dicho, se veía venir, ¿cuál es el plan de emergencia que tiene preparado el Gobierno para atender la salud de los colombianos? Han dicho que van a instaurar la salud preventiva, que van a llevarla a los lugares más recónditos, etc. Eso está muy bien. Pero mañana, o en un mes, o en tres, ¿quién se va a ocupar de los pacientes de Compensar que tienen cáncer, diabetes, o necesidad de diálisis? Y ¿qué capacidad operativa, no de carreta, tiene el estado para atender ya a esos pacientes afiliados a Sanitas o a la Nueva EPS, intervenidas la semana pasada?

Y en el caso del presupuesto de la nación, dentro de cinco o siete años, cuando se nos haya acabado el petróleo y no hayamos explorado más, ¿Cómo se va a reemplazar esa principal fuente de ingresos del país? ¿Con turismo? ¿Y qué tan avanzada va la construcción de las carreteras y de la infraestructura que se necesita para que el turismo crezca a los niveles que se requiere, con el fin de que genere ingresos similares a los del petróleo? Además, ¿Cómo va a garantizar el Gobierno que, en esos territorios paradisíacos como el Chocó o el Tayrona, por ejemplo, reine la tranquilidad que los turistas necesitan para visitarlos en paz?

¿Y cómo va a el proceso de reemplazo de las energías fósiles por energías limpias? Lo que se sabe es que algunos proyectos de generación de energía eólica están a punto de colgar la toalla, aburridos por el sinnúmero de obstáculos que se les atraviesan en el camino.

Y, finalmente, ¿de la seguridad qué nos dice el Gobierno? También lo que se sabe es que está en cuidados intensivos, como lo está la salud. Y si a ello le sumamos que vamos a tener el agua racionada y, posiblemente, la luz también, lo que da es un deseo loco de salir corriendo.

Nota: Una buena noticia: el nombramiento de Daniel García Peña como vicecanciller; va a desempeñar un gran papel.

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Patricia Lara Salive

Marzo 21 de 2024

La Constituyente de la derecha

La propuesta del presidente Gustavo Petro de elegir una Asamblea Nacional Constituyente no puede ser más torpe ni más inconveniente para sus propios intereses o, por lo menos, para los intereses de la izquierda. Hasta el punto de que, apenas el presidente lanzó su propuesta, varios de los líderes más significativos de la izquierda se pronunciaron en contra de ella: “no luce necesaria una nueva Asamblea Nacional Constituyente en estos momentos”, trinó el antiguo dirigente del M-19, Antonio Navarro Wolff, hoy directivo del partido Alianza Verde. El Senador Iván Cepeda dijo que, más que constituyente, lo que se necesita es un gran acuerdo nacional, y agregó en un trino: “Por el bien de Colombia espero que ocurra algo que puede sonar hoy utópico: que en 2026 se logre constituir un gobierno multipartidista y de concertación nacional que saque adelante los cambios y soluciones que requieren los problemas estructurales de la sociedad colombiana”. Y el analista León Valencia también trinó: “No me parece buena idea una Constituyente en este momento del país”.

En cambio, el líder más destacado de la derecha, Germán Vargas Lleras, de inmediato le dijo a Blu Radio: “A mí esta idea me gusta, pero muchísimo. Lo que no me gusta es que sigamos en una discusión interminable y no procedamos a materializarla". Y agregó: "Apoyemos la Constituyente de Petro; no más chantajes, no más amenazas. Que se convoque y derrotémoslo en su constituyente".

¡Más claro no canta un gallo!

Obviamente, es virtualmente imposible que se llegue a elegir una Constituyente porque se requeriría que este Congreso, donde el Gobierno no tiene mayorías, la vote por mayoría absoluta; que la Corte Constitucional la apruebe y que más de trece millones de colombianos, la tercera parte del censo electoral, vote que sí está de acuerdo con la elección de la asamblea; y, en caso de que ocurra el milagro de que se logre llegar a la elección de la Constituyente, lo más probable es que, dado el descontento que hay con el gobierno de Petro, gane la derecha. Entonces, como le ocurrió al presidente chileno de izquierda, Gabriel Boric, Petro saldría derrotado y esa constitución nuestra del 91, que surgió de la concertación entre las distintas fuerzas políticas del momento, en las que prevalecían el M-19, el Partido Liberal y el conservatismo de Álvaro Gómez, y que consagró una serie de derechos fundamentales, sería sustituida, probablemente, por una carta que haría que el país retrocediera años en sus avances democráticos.

Es un riesgo innecesario el que corre el presidente Petro, en momentos en los que lo único que tiene que hacer es ponerse a trabajar juicioso, a sustituir la carreta por la acción, a liderar su equipo y a hacer que la cosas pasen, sin echarle la culpa a los demás.

Lo que está ocurriendo en Colombia en este momento, el hecho de que la ejecución vaya tan lenta y las reformas estén trancadas en el Congreso, es sólo responsabilidad suya: por no haber sabido gerenciar el Gobierno; por no haber podido consolidar ese gran acuerdo nacional que con tanto bombo anunció; por maltratar a varios de sus ministros; por no haber tenido una intención seria de concertar; y por haber pretendido que la única visión acertada es la suya. Por eso, sin ninguna necesidad, se reventó la coalición de gobierno. Y por eso también, y no porque no se aplique la constitución del 91, es que estamos como estamos.

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Patricia Lara Salive

Marzo 14 de 2024

Diálogos regionales, única salida

A pesar de los trinos delirantes del comandante del ELN, Antonio García, habrá un nuevo ciclo de conversaciones entre el Gobierno y el ELN, que se iniciará en Venezuela el 7 de abril. Esa es una buena noticia, pero algo tendrá que hacer el ELN con su comandante y su Twitter, porque no puede ser que mientras se están desarrollando diálogos con apoyo de la comunidad internacional, en los que está empeñado este gobierno dirigido por un presidente de izquierda, el jefe del ELN salga en tono irrespetuoso a descalificar al comisionado Otty Patiño, y a decir que Álvaro Jiménez, antiguo miembro del M-19, director de la Campaña Colombiana contra Minas y ahora asesor del comisionado para la Paz, es una agente de la inteligencia militar. Esa es una afirmación delirante, generada por esa paranoia que les hace tanto daño a varios dirigentes políticos y a tantas guerrillas que acaban viendo enemigos en todos lados hasta el punto de que han terminado fusilando masivamente a su propia gente (recuérdese la masacre de Tacueyó).

Al parecer, la actitud tan hostil del jefe del ELN se debe al pánico que le genera que, a raíz de que el frente Comuneros del Sur que opera en Nariño ha emprendido los Diálogos Regionales para la Paz, iniciativa liderada por el gobernador del departamento, Luis Alfonso Escobar, con el apoyo del gobierno nacional, comience a desgranarse el ELN porque otros frentes emprendan el mismo camino. Y sería lógico que ello ocurriera, si García y demás jefes elenos no se sintonizan con la gente en las regiones, porque no tiene ningún sentido que haya una guerrilla de izquierda levantada en armas contra un gobierno de izquierda; a no ser que la guerrilla sea de derecha… Es más: según me dijo el comisionado para la Paz, Otty Patiño, en una entrevista que le hice para Cambio, bases del ELN en Catatumbo y Arauca, además de Nariño, han manifestado su deseo de “fundir sus ideales con las propuestas de cambio que el presidente ha planteado” y han manifestado “simpatía y a veces profunda identidad y deseo de dejar las armas a un lado, para sumarse a la defensa de un gobierno que necesita, más que gente armada, gente proactiva en política”.

Además, carece de sentido que el ELN, que en otra época planteó la necesidad de hacer diálogos regionales, ahora se oponga a ellos. Los diálogos regionales son la única posibilidad de que vaya consolidándose la paz. En cada región el conflicto es distinto, tiene causas distintas y requiere soluciones y remedios diferentes.

Pero también hay otra razón fundamental para estimular los diálogos regionales: es indispensable que el ELN (y los otros grupos armados) dialoguen frente a frente con las comunidades, se den cuenta del inmenso daño que, con su violencia, les están haciendo justo a esas comunidades que pretenden defender, y se percaten del terror y del malestar que generan en ellas.

Ojalá persistan y se expandan los diálogos regionales, a ver si así, al encontrarse los guerrilleros con el sentir de su gente, salen de su engaño y, por fin, toman esa decisión sobre la que con tanto acierto ha insistido Vera Grabe, la jefe de la delegación del Gobierno: que opten de una vez por adoptar el camino de la paz. Si ello ocurre, lo demás será sencillo.

Nota: Qué alegría que ya no tenemos en la Fiscalía al señor Barbosa y su combo. Todo parece indicar que la nueva fiscal general, Luz Adriana Camargo, es una jurista capacitada e independiente. ¡Qué bien que terminó la pesadilla!

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Patricia Lara Salive

Marzo 07 de 2024

Gabo, de vuelta

Corría el año de 1997. Lucy Díaz, mi eficaz secretaria, a quien un infarto se la llevó prematuramente, agitó con su mano la bocina mientras yo conversaba con alguno de los periodistas de la vieja revista Cambio. Afanada, me dijo: “El maestro al teléfono”. Me acerqué a su escritorio, tomé la llamada y me encontré con esa voz inconfundible que me decía:

—Oiga esto.

De inmediato, y durante varios minutos, Gabriel García Márquez me leyó un fragmento de En agosto nos vemos, esa novela suya que se publicó el miércoles 6 de marzo, día en que hubiera cumplido 97 años, y que empezó a leerse en todos los países de lengua española, además de Estados Unidos, Inglaterra, Alemania, Francia, Italia, Holanda, Dinamarca, Portugal, Brasil, Grecia, Corea del Sur, Israel y los países árabes.

“Volvió a la isla el viernes 16 de agosto en el transbordador de las tres de la tarde. Llevaba pantalones vaqueros, camisa de cuadros escoceses, zapatos sencillos de tacón bajo y sin medias, una sombrilla de raso, su bolso de mano, y como único equipaje un maletín de playa. En la fila de taxis del muelle fue directo a un modelo viejo carcomido por el salitre. El chofer la recibió con un saludo de amigo y la llevó dando tumbos a través del pueblo indigente, con casas de bahareque, techos de palma amarga y calles de arena ardiente frente a un mar en llamas. Tuvo que hacer cabriolas para sortear los cerdos impávidos y los niños desnudos que lo burlaban con pasos de torero…”, leyó.

Gabo estaba feliz: su novela progresaba. Un par de años después, leyó otro fragmento en Casa de América en Madrid y, en abril de 1999, publicó el primer capítulo de En agosto nos vemos en la revista Cambio, con un destacado en la portada que decía: “Cambio publica el primer capítulo de la próxima novela de Gabriel García Márquez”.

No obstante, inmediatamente después, lo atacó el cáncer linfático y le llegaron la quimio y demás tratamientos que empezaron a minarle la memoria. Ya recuperado, escribió Vivir para contarla, su libro de memorias, de 471 páginas, publicado en 2001, y terminó su novela Memoria de mis putas tristes, de 109 páginas, aparecida en 2004. Pero el tercer capítulo de En agosto nos vemos se publicó en Cambio, un año antes, como un cuento titulado “La noche del eclipse”. Es decir que Gabo seguía trabajando en esa novela de la que conservó cinco versiones, a la última de las cuales —que sirvió de base para el libro que acaba de salir— le escribió el 5 de julio de 2004, de su puño y letra, grande y en tinta verde, “gran OK final”.

Después, a él le llegó esa enfermedad del olvido que, como una premonición, describe de manera tan conmovedora en Cien años de soledad, y los manuscritos se quedaron ahí, sin que él los destruyera como acostumbraba a hacerlo con sus textos imperfectos y sin que tampoco decidiera publicarlos.

Después de su muerte, en 2014, su familia envió a Austin su archivo para que fuera guardado en el Harry Ransom Center, de la Universidad de Texas. Allí permanecieron las cinco versiones de En agosto nos vemos hasta que Rodrigo y Gonzalo, los hijos de Gabriel García Márquez, con la ayuda del editor de sus últimos años, el español Cristóbal Pera, por fortuna, decidieron publicar la novela.

Ahora, gracias a esa decisión, los lectores tenemos el privilegio de disfrutar de nuevo de esa prosa única de Gabriel García Márquez, llena de poesía e imaginación, pero, ante todo, de una profunda comprensión de los vericuetos del amor y de la vida.

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Patricia Lara Salive

Febrero 28 de 2024

Una exposición que hay que ver

Nadie debería dejar de ir a la exposición Hay futuro si hay verdad: de la Colombia herida a la Colombia posible, que estará abierta hasta fin de año en el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación de Bogotá. Es una muestra para detenerse en ella.

Con esta exposición se busca difundir de una manera resumida y comprensible, pero a la vez completa, el Informe Final de la Comisión de la Verdad, su legado y las conclusiones a las que esta llegó sobre los factores que impulsan la persistencia del conflicto armado interno, su comportamiento en las regiones, sus efectos y las principales recomendaciones con el fin de que no se repita la violencia en Colombia, que vive en ese eterno retorno de lo mismo, como diría Nietzsche.

El gran reto, según dijo Lucía González, excomisionada de la Verdad, “fue resumir las 11.000 páginas del Informe de la Comisión” en esa serie de imágenes, leyendas, videos, fotografías, textos…”. De las cosas más interesantes de esta exposición es el relato histórico que muestra cómo el conflicto se fue tejiendo en el tiempo, a partir de los años 20 y 30, con el problema agrario, la inequidad, el latifundio, la Hegemonía Conservadora, la masacre de las bananeras, la República Liberal, la Revolución en Marcha de López Pumarejo, la reforma agraria, la violencia como política, el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, la guerra bipartidista, las guerrillas liberales y gaitanistas, su tránsito al comunismo, las guerrillas del Llano, los bandoleros, el golpe militar de Rojas, la amnistía, los desarmes, la guerra olvidada de Villarrica, las repúblicas independientes, Marquetalia, el Frente Nacional, los pactos de paz, la Revolución cubana, Cuba y las guerrillas colombianas, el asesinato de Charro Negro, Manuel Marulanda Vélez, el cierre de la democracia y el surgimiento de nuevas guerrillas, la guerra de Vietnam, la aparición del “enemigo interno”, el nacimiento de las FARC, del ELN y del EPL, el padre Camilo Torres, la legalización de la autodefensa, los ejércitos privados, la reforma agraria de Carlos Lleras, la creación de la ANUC, el Pacto de Chicoral, las elecciones del 19 de abril de 1970, el nacimiento del M-19, el fin del Frente Nacional, el paro cívico de 1977, las universidades como teatros de guerra, la estigmatización, el Estatuto de Seguridad, el robo de las armas del Cantón Norte, la toma de la embajada dominicana por el M-19, el narcotráfico, las FARC y el narcotráfico, los secuestros, la paz perdida del gobierno de Belisario Betancur, la guerra sucia, la Asamblea Nacional Constituyente, el Caguán, el Proceso 8.000, las masacres, las AUC, la reelección de Uribe, la negociación con los paramilitares, los diálogos de La Habana, los que quedaron por fuera, el Acuerdo de Paz y el final de la guerra.

Así, después de ese recuento histórico, aparece en toda su magnitud el dolor de esta guerra nuestra y sin sentido hasta que se llega a lo que se denomina “la Colombia posible”, que no es más que un llamado al público para imaginar un futuro en paz en el que se acojan las recomendaciones para la no repetición del conflicto elaboradas por la Comisión.

Un aplauso de pie para la Comisión de la Verdad, especialmente para Lucía González y el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación por esta iniciativa. Ojalá se las ingenien para divulgar esta exposición en cada rincón de Colombia a ver si, por fin, logramos superar nuestra adicción a la guerra.

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Patricia Lara Salive

Febrero 22 de 2024

Hasta siempre, Rodrigo Pardo

Rodrigo Pardo García-Peña, quien esta semana perdió su batalla contra el cáncer, pasó a mediados de 1996 de ser canciller del Gobierno de Ernesto Samper a desempeñarse como reportero raso y analista de la revista Cambio16 Colombia, en un momento que no fue fácil para él, pues la Fiscalía lo estaba investigando injustamente por su supuesta participación en el Proceso 8.000, por el ingreso de dineros del Cartel de Cali a la campaña de Samper. Nadie más alejado del narcotráfico y de los chanchullos que Rodrigo Pardo, un diplomático y un intelectual de muchos quilates, discreto, tímido, inteligente, con sentido del humor y profundo en sus análisis.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Son muchas las anécdotas que tienen de él los periodistas de ese inolvidable equipo de Cambio16 Colombia. “Lo recuerdo entrando con timidez a los consejos de redacción”, dice el periodista Andrés Grillo. “Le gustaba conversar con Rafael Baena”, agrega Bernardo Peña, refiriéndose a ese fotógrafo, escritor y amigo entrañable, quien como Rodrigo nos abandonó prematuramente. “Recuerdo que tenía su club de fans en la redacción y había una foto suya con un corazón detrás de mi escritorio. Una vez, después de un consejo, entró, vio la foto y todas nos pusimos nerviosas”, comenta Cristina Valdés. “Era hincha de Millos, pero de los soportables”, afirma Eduardo Arias. Sin embargo, las mejores anécdotas de Rodrigo Pardo las tiene Bernardo Peña, quien lo acompañó como fotógrafo a cubrir el Concurso Nacional de Belleza en Cartagena, a donde, en mi condición de directora de Cambio16, lo mandé como enviado especial. Por supuesto, allá, después de las reinas, la sensación fue el excanciller, quien cubrió el reinado con una pierna enyesada porque, como maratonista que era, lo había atropellado un ciclista mientras trotaba en la ciclovía.

“En pleno reinado estoy a dos metros de un canciller”, dijo un señor que llevaba una estrecha camiseta de la señorita Guajira, según escribió Bernardo. Rodrigo, agregó Bernardo en Cambio16 Colombia, “era un reportero más que intentaba hacer su trabajo de manera eficaz, pero inadvertida”. Pero no lo lograba.

De ese texto de Rodrigo salió la portada “La otra cara del reinado”, ilustrada con fotos de candidatas de espaldas que medio cubrían sus espléndidos traseros con pequeños vestidos de baño en azul, fucsia, verde, naranja y amarillo. En esa crónica, Rodrigo dejó su estilo de sesudo analista y mostró su humor: “Detrás (…) de todos estos reinados hay uno más que, por cierto, justifica a los otros”, escribió. “El de las candidatas. Como todo ser humano, ellas deben tener defectos y cualidades. Pero, a diferencia de los demás, todas son bellas. Lo curioso es que los comentarios con los que se les califica harían pensar que no están en un concurso de belleza, sino en un reinado de monstruos. «La señorita Chocó no tiene nariz, sino una morcilla». «La de Huila es tarada». «La de Meta es una enana». «A la de Antioquia ni la mirarían en Miss Universo». «La de Cartagena…». Y eso sin poner atención a los atributos de las candidatas que serían más apropiados en un desfile de ganado”.

Hoy esos recuerdos de Rodrigo Pardo de su año en Cambio16, cuando saltó de la pesadilla política al periodismo y después se fue como embajador a Francia, se agolpan en mi mente, en medio de la sonrisa y la tristeza, para decirle: adiós, Rodri, descansa en paz. A Inés Elvira, a sus hijos, Mónica y Daniel, y a Margarita, mi abrazo fuerte y largo.

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Rodrigo Pardo (El espectador).PNG

Patricia Lara Salive

Febrero 15 de 2024

El prontuario de la fiscal general de la Nación

Es una vergüenza que, aunque sea por un día, tengamos de fiscal general (e) a Martha Mancera, quien tiene sobre su espalda tantos indicios graves de haber favorecido a personas vinculadas al narcotráfico.

Francisco Barbosa se dedicó a investigar a sus contradictores, taparles las marrullas a sus amigos, hacer política con la Fiscalía —porque sueña con una candidatura presidencial aunque no tiene ni una posibilidad de éxito— e inflar su ego tan descomunal que toca con lo ridículo. Ido él, nos deja de sucesora a su mano derecha: la señora Mancera, abogada con una trayectoria de cerca de 20 años en la Fiscalía, pero con sombras en su hoja de vida que la inhabilitan para responder por la investigación y persecución de los delincuentes del país.

En su pódcast A fondo de este martes, María Jimena Duzán resume el prontuario de la fiscal: fue acusada de beneficiar a estructuras criminales dedicadas al narcotráfico en Buenaventura y en el Magdalena Medio, y a fiscales con nexos con el narcotráfico en el Valle del Cauca. Aunque esos casos fueron archivados por la Fiscalía de la cual Mancera era vicefiscal, María Jimena cuenta cómo el periodista Daniel Coronell y la revista Raya revelaron que dos agentes del CTI de la Fiscalía, Pablo Andrés Bolaños y Fabio de Jesús González, denunciaron que la entonces vicefiscal, Martha Mancera, los habría perseguido por informar los nexos del director del CTI de Buenaventura, Francisco Javier Martínez, con el narcotráfico en la zona. Como relató Cambio, “esos dos agentes, junto a un tercero, Mario Fernando Herrera, habrían entregado un informe en el que detallaban el actuar de alias Pacho, como se conoce a Martínez. Sin embargo, Herrera fue asesinado tras entregar el documento”. En entrevista con Daniel Coronell, la vicefiscal negó la existencia de dicho informe y aseguró que sin ese reporte no se podía investigar al director del CTI de Buenaventura. Sin embargo, hace poco se reveló que el documento sí existe y, por ende, Mancera habría mentido al decir que el informe no existía y habría faltado al omitir la apertura de la investigación contra Martínez.

María Jimena entrevistó también a Yohir Akerman, columnista de Cambio, quien ha investigado a fondo el tema y sostiene que Mancera ha sido amiga de narcotraficantes como alias Mueble Fino, quien tendría influencia sobre tres fiscales de Cali con el propósito de proteger su operación y fabricar casos falsos contra otras personas. Según él, uno de ellos sería Jorge Iván Ríos, fiscal 47 seccional de Cali, quien se encargó del caso del asesinato del fiscal antimafia Alcibíades Libreros Varela, asesinado en Cali en 2019. Poco antes de su muerte estaba investigando vínculos con el narcotráfico y la venta ilegal de armas entre agentes del CTI en Buenaventura y fiscales de la seccional de Cali. Akerman dijo que Mancera visitó a Ríos para darle instrucciones sobre el manejo del caso y, en solo dos semanas, concluyó que el crimen se debió a un robo de una cadena de oro de Libreros. Sin embargo, su familia afirmó que él nunca poseyó cadenas de oro.

Son demasiadas dudas sobre los tentáculos macabros que, al parecer, tiene la actual fiscal general (e), como para que la Corte Suprema no elija ya a cualquiera de las tres muy buenas candidatas que hay en la terna.

No hay disculpa, señores magistrados. No se queden mirando cuál de ellas les garantiza más puestos. Por el bien del país, por favor, elijan fiscal general ya.

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Patricia Lara Salive

Febrero 08 de 2024

¿Los niños seguirán padeciendo desnutrición, presidente?

¿Por qué el programa Bogotá sin Hambre, del exalcalde Lucho Garzón —de izquierda, como Petro—, fue un éxito, pero en el primer año de este gobierno la desnutrición aguda en menores de cinco años, según datos del Instituto Nacional de Salud, aumentó 14,29 % y el programa Hambre Cero no despega?

Hay dos razones: porque ese programa —vital para eliminar el hambre, la pobreza y el atraso futuro del país— no ha tenido líder en este gobierno, luego de que hace un año se retirara por razones de salud César Giraldo, y porque el presidente Petro no lo ha tomado en sus manos, como lo hicieron Lula en Brasil con su programa Hambre Cero y Lucho Garzón en su alcaldía que tuvo como eslogan: “Bogotá sin indiferencia”.

Justamente ese empeño de Lucho por hacer de la capital una ciudad sin indiferencia y por dirigir personalmente Bogotá sin Hambre fueron los factores que condujeron al éxito de ese programa, que disminuyó la desnutrición aguda del 6,3 % al 4,8 % y la desnutrición crónica del 15,4 % al 12,6 %.

 

Según Eduardo Díaz Uribe, coordinador del programa Bogotá sin Hambre en la alcaldía de Lucho, en la capital se consolidaron dos alianzas: una pública del Distrito y la Nación, y una privada en la que participaron las cajas de compensación, algunas ONG y el Banco Arquidiocesano de Alimentos. Además, se logró que todos marcharan al unísono hacia esa meta común: reducir al máximo el hambre y la desnutrición en la capital.

Por eso se pudo nutrir diariamente a más de un millón de personas y se logró que las entidades públicas distritales alimentaran todos los días a una población de 717.513 personas, integrada por niños, adultos mayores y discapacitados, con lo cual superaron en un 115 % la meta propuesta.

En la alcaldía de Lucho la coordinación del programa Bogotá sin Hambre tuvo un grupo de 20 profesionales que asumieron la tarea de convocar, organizar y alinear a las entidades públicas y privadas con responsabilidades en el tema y a aquellas que pudieran contribuir en la lucha contra el hambre en la ciudad. Sin embargo, esa coordinación no manejó recursos. “Ellos permanecieron en las secretarías de Salud y Educación, Bienestar Social, etc.”, dice Eduardo Díaz. “El gran esfuerzo fue lograr que esas entidades y las alcaldías locales orientaran sus recursos hacia ese propósito colectivo. Y eso tuvo que ver con el compromiso del alcalde, basado en la cooperación”, agrega.

El excoordinador de Bogotá sin Hambre explica cómo trabajaban: “Llegábamos a un barrio, estaba el cura con su olla comunitaria, había señoras que hacían actividades con los niños, se escogía con la comunidad el sitio para hacer un comedor comunitario, la gente trabajaba en su adecuación. Luego enviábamos a las cajas de compensación a trabajar con la junta de acción comunal para que capacitara a la comunidad y en un par de años pudiera contratar directamente, y buscamos al Banco de Alimentos, que dirigía el padre Saldarriaga; todavía lo dirige. Fuimos buenos aliados del padre. No nos inventamos nada. Trabajamos con base en lo que había. Cuando nos retiramos dejamos eso armado. Pero después llegó Samuel Moreno, le cambió el nombre al programa, le puso Bogotá Bien Alimentada, les entregó la contratación a unos contratistas vagabundos y se las quitó a las comunidades”, concluye Díaz.

 

Así terminó ese programa bandera. ¿No será que Petro, si dejara el mesianismo, podría revivirlo?

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Patricia Lara Salive

Enero 25 de 2024

Se le están muriendo los niños de hambre, presidente

Solo el año pasado, desnutrición aguda en menores de cinco años aumentó 14,29 %, según datos del Instituto Nacional de Salud publicados por El Tiempo. En manos del presidente Petro, los niños con desnutrición aguda han pasado de 21.197 a 24.226; es decir que 3.029 niños más han ingresado a esa condición que los llevará a tener cerca de 14 puntos menos de coeficiente intelectual, cinco años menos de escolaridad y 54 % menos ingresos en su vida adulta, lo cual los condenará a la pobreza.

 

Que la desnutrición infantil aumente en este gobierno es lo único que no podía suceder, pero sucedió.

Alarmada por semejante noticia, averigüé qué pasaba. Descubrí que, inicialmente, llegó a trabajar a la Casa de Nariño un equipo entusiasta, impulsado por el sueño de volver verdad el nombre del programa Hambre Cero. Para dirigirlo nombraron a César Giraldo, quien por temas de salud se retiró. Entonces Hambre Cero quedó sin dirección.

 

Como en septiembre de 2023, alguien decidió que ese programa debía liderarlo el Ministerio de la Igualdad, que apenas empezaba a organizarse, y se redactaron documentos, propuestas. Se dieron discusiones entre los que creen, como el presidente, que lo importante es lograr la soberanía alimentaria —es decir, conseguir que las comunidades se desarrollen, produzcan y distribuyan alimentos, lo cual se enmarca en el concepto de economía popular— y los que piensan que lo clave es brindar seguridad alimentaria —o sea, darles comida ¡ya! a quienes carecen de ella (no parece que tengan muy claro que lo urgente es hacer las dos cosas al tiempo)—. En fin, las discusiones y los documentos fueron y vinieron hasta que, en diciembre, se expidió un decreto “por el cual se reglamenta el Sistema Nacional para la Garantía Progresiva del Derecho Humano a la Alimentación (SNGPDA), el Programa Hambre Cero y el Sistema Nacional de Seguimiento y Monitoreo”. Mejor dicho, el santanderismo en acción.

 

No supe si el decreto ya regía porque no encontré en internet el texto con las firmas. Y si rigiera, según el mismo, habría un plazo de tres meses para reglamentarlo.

 

Así las cosas, le escribí a Laura Sarabia (LS). Esta fue la charla:

 

PL: Laura, ¿Cuántas bolsas de comida están repartiendo?

 

LS: Nosotros no estamos repartiendo bolsas de comida. Las donaciones que se han entregado son elementos incautados de la DIAN, como ropa y zapatos. Los únicos alimentos que hemos repartido fueron 20 toneladas de mercados en Quibdó por la emergencia y fue un trabajo conjunto con el sector privado

 

PL: Entonces, ¿Qué está haciendo en concreto el Gobierno para que no aumenten los niños que mueren de hambre?

 

LS: Hay un plan de Hambre Cero, que es poner bancos de alimentos, pero todavía no ha iniciado.

 

PL: ¿Por qué? ¿Quién lo va a manejar? Ya casi va un año y medio de gobierno…

 

LS: El Ministerio de la Igualdad. Hay un decreto que está por salir.

 

PL: ¿Cuánto va a tomar que el programa Hambre Cero esté en marcha?

 

LS: No mucho tiempo.

 

PL: A la velocidad que andan las cosas en este país, si corren con suerte, se demoraría como un año más para que funcione.

 

LS: Es una realidad lamentable. Por mi parte, pondré todo en marcha lo más pronto posible.

 

Así, pues, si eso dice la Mujer Maravilla del Gobierno del Cambio, calculo que, terminando el mandato de Gustavo Petro, la desnutrición infantil aguda, con respecto al 2022, podrá haber aumentado cerca de un 40 %.

 

Continuará…

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Patricia Lara Salive

Enero 18 de 2024

Recetas contra la inseguridad

Ariel Ávila, experto en criminalidad, publicó en Cambio recomendaciones para que nuestra situación de inseguridad no llegue al infierno que padece Ecuador.

Según él, la crisis del vecino se debe a tres factores: la inseguridad en los campos, donde aparatos militares han comenzado a avanzar; el deterioro de la seguridad en las grandes ciudades, donde se están formando estructuras con capacidad de hacer operaciones militares pesadas (como pasó en Guayaquil y en Tuluá con la banda de La Inmaculada), y el aumento de las economías ilegales.

Según él, se cometieron varios errores en Ecuador: primero, en época del presidente Correa, la expulsión de los estadounidenses, sin nadie que los reemplazara, de la base de Manta, a quienes las Fuerzas Militares ecuatorianas les habían delegado el cuidado de la seguridad en la frontera con Colombia; ello generó un vacío de poder que llenaron de inmediato organizaciones criminales colombianas. Segundo, el debilitamiento de la infraestructura de seguridad e inteligencia del país en la presidencia de Moreno, a lo que se llegó por la reducción de costos, dados los problemas económicos de Ecuador; eso hizo que los carteles mexicanos abrieran más rutas en ese país. Tercero, la decisión del presidente Lasso de permitirles a los civiles armarse, lo cual condujo a que muchas armas terminaran en manos de criminales.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Como se ve, en Colombia ha habido asuntos parecidos: principalmente, el no copamiento de los territorios abandonados por las FARC, que permitió que el narcotráfico y los grupos armados se los disputaran, y el debilitamiento, al comienzo de la administración Petro, de la inteligencia y de las Fuerzas Militares y de Policía.

Así las cosas, para prevenir una crisis similar de seguridad en Colombia, Ávila dice que hay que desideologizar el debate sobre la seguridad y entender que controlarla es una necesidad apremiante de todos. Para ello propone, entre otras cosas, ajustar el Código Penal, de modo que se castigue la reincidencia y se revisen los beneficios para delitos menores; fortalecer la Policía; crear un sistema de inteligencia urbano, lo que implica asignarle mayores recursos para que se llegue a 180.000 efectivos que dispongan de equipos adecuados; distinguir claramente las políticas de seguridad rural y urbana, con comandancias distintas en cada departamento, una para lo rural y otra para lo urbano; crear fuerzas de tarea con una jurisdicción nacional dedicadas exclusivamente a organizaciones criminales; fortalecer una política de prevención de violencia juvenil, potenciando Jóvenes en Paz y haciendo partícipes de esa política a alcaldes y gobernadores; reformar el sistema penitenciario, pues la corrupción y el sobrecupo son aterradores; crear un sistema de contrainteligencia en la fuerza pública para evitar la corrupción, y discutir sin pasiones el asunto de la seguridad jurídica de la fuerza pública (“si bien temas como las pérdidas de ojos de manifestantes, los falsos positivos o la violencia sexual no se deben permitir, ni pueden ser tolerados por una sociedad democrática, también es cierto que existen vacíos legales que llevan a la fuerza pública a preferir no operar para evitar líos judiciales”).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Puede que no todas esas recomendaciones deban implantarse. Pero ahora, cuando el director de la Policía diseña una nueva política de seguridad, vale la pena que por lo menos las tenga en cuenta.

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Patricia Lara Salive

Enero 11 de 2024

Final lamentable

La forma como el fiscal general Francisco Barbosa está despidiendo su periodo no puede ser más lamentable. Hay dos hechos icónicos del desastre de su gestión: por un lado, su prácticamente nula labor para esclarecer los asesinatos de los firmantes de paz y sus autores intelectuales; por otro, su empeño en hacer lo posible para que no avance el proceso contra el expresidente Álvaro Uribe, de modo que se llegue a la preclusión del caso.

En cuanto al primer punto, según datos suministrados a esta columna por Carlos Ruiz Massieu, jefe de la Misión de Verificación de Naciones Unidas en Colombia, en el último trimestre del año pasado la Fiscalía no logró ni una sola condena para autores de crímenes contra firmantes de paz. De los 498 ataques que, desde el comienzo del proceso, ha habido contra las llamadas personas en proceso de reincorporación, la Fiscalía solo ha obtenido 71 condenas; entre ellas, dos por crímenes contra mujeres, seis por crímenes contra afrocolombianos y 14 por crímenes contra indígenas. De esas condenas, solo cinco, es decir, el 1 %, han sido contra autores intelectuales. Según Rodrigo Londoño, antiguo comandante de las FARC, hoy jefe del Partido Comunes, “debido a la impunidad en la etapa de investigación, que es responsabilidad de la Fiscalía”, no se ha podido adelantar en el conocimiento de esos autores intelectuales.

Esa es una falla gravísima de la Fiscalía que puede tener repercusiones muy negativas en otros procesos de paz.

En cuanto al proceso contra el expresidente Uribe por fraude procesal y soborno a testigos, la actuación de la Fiscalía de Barbosa no puede ser más vergonzosa: luego de dos intentos fallidos de preclusión, el fiscal general asignó al fiscal 10 delegado ante la Corte, Andrés Alberto Palencia, quien el martes, cuando vencía el término para que se pronunciara sobre el caso, renunció dizque por razones relacionadas con la “salud de su familia”. Entonces la Fiscalía delegó al fiscal 12 delegado ante la Corte, Víctor Salcedo, con el fin de que asumiera la investigación, para lo cual dice que dispondrá de otros 90 días. Pero, según reveló el periodista Daniel Coronell, ese nuevo fiscal está impedido para asumir el caso porque alguna vez se pronunció al respecto. Además, según el senador Iván Cepeda, víctima en ese proceso, el término que venció el 10 de enero no tenía un carácter personal y, por lo tanto, “la renuncia al cargo del fiscal Palencia no le permite a la Fiscalía General de la Nación atribuirse términos adicionales para realizar actividades investigativas”. Agrega el senador que, luego de que la justicia negó dos solicitudes de preclusión del caso Uribe, “a la Fiscalía no le queda un camino distinto a presentar, de manera inmediata, escrito de acusación contra Álvaro Uribe Vélez. En caso de no presentar escrito de acusación”, concluye el senador, “la Fiscalía estaría allanando el camino de la prescripción”.

Como corolario hay que decir que sería muy triste para un hombre combativo y de carácter como Álvaro Uribe que se dijera que su caso terminó en una prescripción facilitada por un fiscal de bolsillo. Y que los caminos que ha escogido el fiscal Barbosa —de arrodillamiento en el proceso contra el expresidente Uribe y de ineficiencia en las investigaciones por asesinatos de líderes sociales y firmantes de paz— hacen que se consagre como uno de los peores fiscales generales que ha tenido el país.

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