Patricia Lara Salive

Junio 17  de 2022

Llegó la hora

Pasado mañana tendremos nuevo presidente. Independientemente de quién gane, hay algo positivo: ambos candidatos han planteado la necesidad de dialogar. Rodolfo Hernández declaró: “Es momento de cerrar peleas sin sentido y abrir el diálogo”. Y Gustavo Petro, poco después de la primera vuelta, dijo que, ganara quien ganara, proponía que se abriera el diálogo.

En una entrevista que le concedió esta semana al diario El País, ante la pregunta sobre qué haría para superar la fractura de Colombia, Petro contestó: “Si gano las elecciones, voy a convocar a un gran acuerdo nacional con una arquitectura basada en diálogos regionales vinculantes. E indudablemente toda esa dirigencia del centro e incluso Álvaro Uribe o quienes designen van a ser convocados al diálogo que el presidente citará buscando las reformas. Me parece clave cambiar el clima político de odio y sectarismo que hay hasta hoy”.

Es muy importante ese planteamiento de Petro y es fundamental que él sea el primero en darles ejemplo a las huestes petristas para que dejen la agresividad, la intolerancia y el matoneo, y se dediquen a abogar por la construcción de un país incluyente, donde se toleren y respeten las diferencias. Es que Colombia no puede seguir dividida entre el sí y el no. El proceso de paz con las Farc ya se hizo y no tiene marcha atrás. No podemos continuar girando en torno a la pelea de Uribe con Santos. Llegó el momento de la reconciliación de la sociedad.

Por otra parte, en 10 días, con nuevo presidente electo, la Comisión de la Verdad entregará su informe final. Será un momento duro pero indispensable para avanzar en la superación de ese conflicto que sigue vivo en el corazón de muchos colombianos, a pesar del proceso de paz con las Farc que terminó en gran parte la confrontación armada. Así que es clave, como dice Petro, cambiar el clima político de odio y sectarismo, y abrirles la puerta al consenso y a la asimilación del informe final que nos presentará la Comisión de la Verdad.

Hay otro párrafo que vale la pena destacar de esa entrevista que le concedió Petro a El País, que indicaría que sí está buscando el consenso. A la pregunta de si ya sabe quién será su ministro de Hacienda, respondió: “Hay un equipo de economistas muy importante que se ha construido a lo largo de esta campaña. El equipo inicial comenzó con Ricardo Bonilla y ahora, en el proceso de crecimiento, hemos hablado con José Antonio Ocampo, se integró Rudolf Hommes, que también fue ministro de Hacienda, y uno de los mejores economistas del país que es Alejandro Gaviria. Es un equipo muy fuerte, con escuelas de pensamiento económico muy diferentes, una gran potencia en la política económica pública”.

Claro, lo importante es que Petro les pare bolas. Pero me dicen mis fuentes que anda muy encantado con la altura intelectual de Alejandro Gaviria. Esa es una gran noticia, porque es mucha la sensatez que Alejandro puede impregnarle al cambio que propone Petro.

Ahora, ustedes se estarán preguntando por qué no digo más sobre los últimos planteamientos de Rodolfo Hernández. Pues porque Rodolfo parece como si se lo hubiera tragado la tierra, no volvió a dar entrevistas, se encerró en Piedecuesta, no quiere hacer debates, en fin, se silenció.

Bueno, queridos lectores, por fortuna y por fin ya llegó la hora: el domingo madruguemos a votar. Ojalá escojamos el cambio que haga más feliz a toda Colombia.

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Patricia Lara Salive

Junio 10  de 2022

Por Rodolfo no voto

Yo por Rodolfo no voto, digo, parodiando a Sergio Fajardo.

No votaré por él porque me genera miedo y desconfianza. Me aterran su personalidad explosiva, su autoritarismo y su desprecio por la ley (“me limpio el culo con esa ley”, lo escuchamos decir en alguna grabación).

Según un psiquiatra a quien consulté, “el ingeniero tiene rasgos marcados de personalidad paranoide, narcisista, autoritaria y antisocial. Le gusta degradar, ridiculizar y menospreciar a los rivales y a los críticos; fomenta el culto al hombre poderoso que apela con frecuencia al miedo; no se disculpa nunca; no ve la necesidad de persuasión racional; subordina a las mujeres, mientras alega idealizarlas; desdeña las leyes cuando no están subordinadas a él; excusa la violencia y tiene explosiones de ira cuando se cuestionan sus criterios. Me preocupan mucho los rasgos sociopáticos del ingeniero”, concluye el psiquiatra.

A mí también. Me genera desconfianza que su solución para todo sea “acabar con los ladrones”. Obviamente es clave acabar con la corrupción, pero no todos nuestros problemas se explican por ella. Colombia está lejos de ser el país más corrupto. Aquí hay problemas mucho más graves, por ejemplo, la exclusión y la desigualdad. Como dijo Alejandro Gaviria, ese discurso anticorrupción, “eficaz, pero oportunista”, acaba con la confianza en las instituciones. Pero además tiene de fondo algo muy grave: encubre su propia corrupción o, por lo menos, su condescendencia con la corrupción de los suyos.

Según lo explicó Daniel Coronell, el ingeniero Hernández está a la espera de que se celebre la audiencia preparatoria del juicio en su contra por interés indebido en la celebración de contratos, delito que tiene una pena que oscila entre 64 meses y 27 años de cárcel. Si bien el contrato en cuestión no alcanzó a celebrarse ni Hernández ha sido condenado, el mero interés en su celebración constituiría un ilícito. Además, las pruebas que reposan en el expediente que reveló Daniel Coronell son dicientes sobre la intención que tenía el hijo del ingeniero, con el apoyo de su padre, entonces alcalde de Bucaramanga, de ganarse una jugosa comisión por un contrato de tratamiento de basuras que iba a costar cerca de $570.000 millones. En el escrito de acusación se imputa al ingeniero de ser el determinador, es decir, el autor intelectual del presunto delito, y de haberle ordenado a su subalterno José Manuel Barrera Arias, gerente de EMAB, que escogiera a Jorge Hernán Alarcón Ayala para que hiciera pliegos de condiciones a la medida de unos licitantes que después se llamarían Vitalogic.

 

En su informe, Daniel Coronell incluye comunicaciones de WhatsApp que revelan que Luis Carlos Hernández, hijo del ingeniero, iba a ganarse parte de una comisión de US$666.000 por el contrato. En uno de esos mensajes Luis Carlos agrega: “Acuérdese de que nos quedan tres años más para hacer cosas buenas. No es solo hacer este negocio y ya”.

¿Se imaginan, queridos lectores, la cantidad de “cosas buenas” que podría hacer Luis Carlos Hernández si su padre llegara a la Presidencia de la República?

Sobre todo lo anterior, el ingeniero no ha dicho mayor cosa. Eso es censurable.

Pero lo que es incomprensible es que, ante semejantes revelaciones, los candidatos del centro, que basaron sus campañas en la lucha contra la corrupción, hayan apoyado a Hernández y guarden silencio ante esos hechos. ¿Dónde quedaron las salvaguardas de la lucha anticorrupción?

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Patricia Lara Salive

Junio 03  de 2022

Aún es tiempo, Petro

Del resultado del domingo hay que destacar la derrota de Fico y, con la suya, la de Duque y su gobierno, que lo apoyaron a más no poder; la de los expresidentes Uribe, Pastrana y Gaviria, y la de los partidos Liberal, Conservador, de la U y Cambio Radical. Es decir, hay que resaltar la derrota de las maquinarias y de la clase política tradicional, lo cual es una maravilla.

Pero no hay motivos de celebración para los sectores progresistas. Por más de que Petro ganó, su triunfo en segunda vuelta no se ve fácil: ya las encuestas le dan ventaja a Hernández. El antipetrismo sigue siendo muy alto en el país y Petro no se preocupa por apaciguarlo.

Hoy todo sería más fácil si, después del fracaso electoral del 2018, tanto Petro como el centro hubieran aprendido la lección y concluido lo que es evidente: que se necesitan mutuamente y que la paz y el futuro de Colombia son mucho más importantes que sus egos y rencillas personales.

Sin embargo, no aprendieron la lección. Por eso no abonaron el terreno para que, una vez pasada la primera vuelta, les quedara más fácil buscar acuerdos políticos y programáticos. En cambio, se dedicaron a maltratarse y descalificarse entre sí. Ahora, cuando es vital sumar cada voto para ganar la Presidencia, los resentimientos personales pesan más que las discrepancias políticas. Porque si se comparan los programas de Petro y Fajardo se encuentran puntos en común. Así que, si no se da un acercamiento entre ellos, se deberá más a diferencias personales y de talante que a discrepancias programáticas, lo cual sería lamentable.

¡Qué bueno habría sido que Fajardo y Petro hubieran dialogado antes de la primera vuelta!, como lo pidieron algunos sectores. Eso no significaba el retiro de la contienda, solo empezar a tender puentes. Pero no.

Ahora, Petro tampoco se ayuda: en el discurso que pronunció después de su “triunfo” en primera vuelta, no tuvo una sola frase amable para Fajardo ni para los demás líderes de la Coalición Centro Esperanza, ni les hizo un llamado a la concertación de un proyecto conjunto de país. Pareciera como si insistiera en ganar solo. Eso es un contrasentido, porque el planteamiento del Pacto Histórico es justamente el contrario: llegar a un acuerdo entre distintas vertientes políticas para sacar a Colombia de la violencia y la pobreza. Para materializar ese Pacto Histórico, no solo entre miembros de la izquierda sino también del centro, se requiere que las aproximaciones se hagan con generosidad, amabilidad y genuino deseo de concertación. Por eso vale la pena que Petro y su gente tengan presente el trino del senador liberal Luis Fernando Velasco, ahora militante del Pacto Histórico, en el que les dice “al oído” a sus compañeros del Pacto que “a Sergio Fajardo y buena parte de su equipo no se los invita a un acuerdo político con una piedra en la mano, se les proponen ideas y se les escuchan las que ellos traen para buscar un cambio responsable”.

Ojalá tanto el centro como la izquierda asimilen esta segunda lección y se muevan rápido en la dirección correcta. De lo contrario, como escribió en su columna Gloria Arias, tendremos un presidente machista, “que maneja el disenso a trompadas, confunde a Hitler con Einstein, se ufana de haber hecho su capital cobrándoles intereses a los pobres, menosprecia a las mujeres, se identifica con el fascismo y desconoce la geografía del país que pretende gobernar”.

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Patricia Lara Salive 

Mayo 20  de 2022

Nada que ver, presidente Duque

El presidente Duque definitivamente parece no tener remedio: su capacidad de vivir ausente de la realidad es impresionante. Por ejemplo, ante la decisión del Gobierno de EE. UU. de suavizar las sanciones económicas contra Venezuela, proceso que comenzará por permitirle a la petrolera estadounidense Chevron negociar una licencia con la petrolera estatal venezolana PDVSA, Duque resolvió decir que esa flexibilización se debe al éxito del cerco diplomático que ha ejercido el Gobierno de Colombia contra Maduro. Al parecer, ni siquiera se le pasa por la mente que la disminución de la oferta petrolera producida por las sanciones que impuso EE. UU. a Rusia, con motivo de la invasión a Ucrania, haya obligado a los gringos a buscar abastecerse de petróleo en otros mercados, en este caso el venezolano, razón por la cual EE. UU. necesita mejorar sus relaciones con Venezuela. Ese es el fondo del asunto. En este caso, lo que Duque haga o deje de hacer no tiene la menor importancia.

De hecho, el acercamiento entre Biden y Maduro comenzó hace un par de meses, cuando en el Palacio de Miraflores, en Caracas, hubo una reunión de delegados de ambos gobiernos. A propósito, Maduro dijo: “Tuvimos una reunión, la puedo calificar de respetuosa, cordial, muy diplomática, entre la delegación de EE. UU. y la delegación del Gobierno venezolano que presido”.

Después continuaron las señales de distensión: Venezuela liberó a los ciudadanos estadounidenses Gustavo Cárdenas y Jorge Fernández, quienes habían sido encarcelados en 2017 por el régimen de Maduro. Además empezó a devolverles bienes expropiados a sus antiguos dueños, como ocurrió con el Centro Comercial Sambil, de 21.000 metros cuadrados, así como con fincas y hatos vinculados a la producción agraria. Parece que Maduro piensa devolver también hoteles e industrias. Pero esto último no solo se debe simplemente a que se esté propiciando un acercamiento con EE. UU., sino a que es indispensable superar la bancarrota en que se halla Venezuela. Debido a las sanciones estadounidenses y a la desacertada política económica del Gobierno venezolano, la economía se ha contraído en un 90 % y el PIB de Venezuela, según el Fondo Monetario Internacional, se redujo de poco más de US$482.000 millones en 2014 a US$47.000 millones en el 2020.

Ahora, esta distensión entre EE. UU. y Venezuela también conlleva que progresen en México las conversaciones entre el Gobierno de Maduro y la oposición venezolana. Probablemente todo conduzca finalmente a que las elecciones presidenciales del 2024 en Venezuela queden rodeadas de unas garantías que satisfagan a las partes.

Todos estos movimientos han estado acompañados, además, de una flexibilización de las sanciones de EE. UU. hacia Cuba: ya Biden anunció que restablecerá los vuelos comerciales a varios puntos de la isla; suspenderá el límite de US$1.000 por trimestre impuesto a las remesas por su antecesor, Donald Trump, y reanudará el programa de reunificación familiar de los cubanos.

Ojalá que este cambio del Gobierno de Biden lleve a Duque, por lo menos, a buscar reabrir relaciones consulares con Venezuela, para que los venezolanos que viven en Colombia y los colombianos que viven en Venezuela no tengan tantas dificultades al renovar sus pasaportes y visas.

¿Será mucho pedir? ¿O es que el presidente Duque definitivamente no tiene remedio?

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Patricia Lara Salive 

Mayo 13  de 2022

Desamparo

La sensación de desamparo que se vive en el país es insoportable: aterra presenciar un paro armado de una organización de narcotraficantes y paramilitares que paraliza durante días, según las autoridades, 95 municipios de 11 departamentos; incendia y afecta 186 automotores; obstruye vías; asesina a seis personas, entre ellas tres miembros de la Fuerza Pública, y no pasa mayor cosa. Las autoridades se van por las ramas, dicen que han capturado a unos cuantos, que trabajan sin descanso, que se acerca el fin del Clan del Golfo, pero la verdad es que su poder crece día a día, por más que hayan extraditado a Otoniel, su jefe (ya han surgido otros, como Chiquito Malo, etc.).

Que esto sea así no tiene más que una explicación: como ocurre en la mayoría de las series sobre mafiosos, estas organizaciones subsisten porque poseen tentáculos en la mayoría de los poderes políticos, militares, policiales y judiciales de las zonas donde operan, lo cual significa, ni más ni menos, que muchos de los grandes señorones, policías, jueces y militares de sus zonas de influencia trabajan bajo su mando y son sus asalariados.

Eso ya ha salido a la luz pública. Leyner Palacios, líder de Bojayá, ahora comisionado de la Verdad, denunció hace un par de años que en el Chocó había connivencia entre los paramilitares y miembros de la Fuerza Pública. Lo mismo han dicho varios obispos de la región del Pacífico. Por otra parte, según un informe publicado en la revista Cambio sobre la coca en el sur de Bolívar, se supo que los campesinos se quejan de que la Policía Antinarcóticos les cobra por erradicar solo un pedacito de los cultivos de coca que tienen en esa área donde opera el Clan del Golfo, el cual les compra la coca al precio que quiere y patrulla la zona en compañía de algunos militares. Días antes de que extraditaran a Otoniel, cuando él empezó a mencionar nombres de funcionarios que estaban en la nómina del Clan del Golfo, afirmó que, entre otros, el general Leonardo Barrero, quien fuera comandante de las Fuerzas Militares, “servía como puente entre estructuras dedicadas al narcotráfico y el Ejército, por lo que era considerado parte de la nómina del Bloque Centauros, de las Auc”.

Otras noticias de Cartas

 

Pero la inseguridad no solo es insoportable en los territorios donde opera el Clan. Miren esto que le ocurrió a un columnista: el 8 de mayo, cuando esperaba para cruzar la carrera séptima a la altura de la calle 127 de Bogotá, un tipo en jeans y camiseta le preguntó dónde podía conseguir marihuana. Él le respondió que no sabía, que no fumaba marihuana. Entonces aparecieron dos hombres que lo empujaron en una camioneta 4x4 de vidrios oscuros. Le dijeron que eran de las Autodefensas Gaitanistas (o Clan del Golfo) y que estaban haciendo limpieza social. Le pidieron la cédula, le revisaron los grupos de WhatsApp, miraron sus chats y sus correos, le advirtieron que a los sapos les cortan los dedos, anotaron su número de celular, lo llevaron al cajero, lo obligaron a sacar dinero, lo regresaron al vehículo, le quitaron la plata y le dijeron que se fuera y ni se le ocurriera avisarles a los policías, porque ellos estaban en su nómina y le iría peor.

¡Este desamparo en que vivimos los colombianos no puede seguir! No podemos continuar contentándonos con el cuentico de que se está trabajando incansablemente para combatir el crimen y que vamos por buen camino. ¡No, señores! Los resultados están a la vista.

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Patricia Lara Salive 

Abril 22 de 2022

El oso de Duque y el “reversazo” de Maduro

Poca importancia se le ha dado aquí a un hecho significativo: que Venezuela haya empezado a devolverles bienes expropiados a sus antiguos dueños, en el marco del acercamiento que ha habido entre los gobiernos de Biden y Maduro. De modo que la época en la que Chávez caminaba por Caracas ordenando “exprópiese, exprópiese” pasó al olvido, y ahora comenzó la era en la que Maduro ha tenido que ordenar “devuélvase, devuélvase”, como lo recuerda José González, analista político peruano-venezolano radicado en Nueva York, en un artículo publicado en la revista Cambio Colombia.

Es impresionante la bancarrota en la que quedó Venezuela por esa política económica estúpida que aplicaron Chávez y Maduro, a la cual se unió el enorme impacto que las sanciones económicas impuestas por EE. UU. produjeron en la economía venezolana. Todo ello llevó a que sufriera una contracción del 90 % y a que su PIB se redujera de poco más de US$482.000 millones en 2014 a US$47.000 millones en el 2020, según el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Por ello y seguramente como consecuencia del acercamiento con el gobierno estadounidense, Maduro comenzó su campaña de devoluciones: les retornó a sus antiguos propietarios el Centro Comercial Sambil, de 21.000 metros cuadrados, y devolvió fincas y hatos vinculados a la producción agraria. También parece que piensa devolver hoteles e industrias.

Tampoco ha tenido importancia aquí la carta que un grupo representativo de empresarios y miembros de la sociedad civil venezolana envío al presidente Biden; a Nancy Pelosi, presidenta de la Cámara de Representantes; a Charles Schumer, líder de la mayoría en el Senado; a Antony Blinken, secretario de Estado, y a demás integrantes de la plana mayor del Congreso y del gobierno gringos, relacionados con las relaciones exteriores. En ella les piden que “enfrenten el hecho de que la política de máxima presión y sanciones económicas contra Venezuela no logró sus propósitos”, los instan a que continúen “promoviendo negociaciones productivas para resolver la crisis venezolana”, y urgen al gobierno de Caracas y a la oposición a que reinicien sin demora las negociaciones. “No hay más tiempo que perder”, les dicen.

Como lo afirmó en el programa 6AM Hoy por hoy, de Caracol Radio, Luis Vicente León, economista, profesor universitario y presidente de la encuestadora venezolana Data Análisis, el gobierno de Maduro, “que no representa a la sociedad venezolana, sin embargo, tiene control territorial del país”, controla desde hace años “la institucionalidad” y con él es indispensable “buscar acuerdos para resolver problemas de la gente, de la población, de infraestructura (y) problemas productivos”.

Eso es justamente lo que no ha entendido nuestro presidente Iván Duque. Mientras se incendia cada día más la frontera entre Colombia y Venezuela, y los ciudadanos de ambos países sufren las consecuencias de su absurda política de incomunicación con su homólogo venezolano, él insiste en que con quien tiene que hablar es con Guaidó.

Por favor, presidente, dese cuenta de que se quedó viendo un chispero y de que con su política hacia Venezuela hizo un oso universal.

Benjamín Villegas, el editor de la excelencia, acaba de recibir la Cruz de Boyacá. Si alguien se merece esa distinción es él. ¡Bravo, Benjamín!

Nota. Por vacaciones, esta columna reaparecerá el viernes 13 de mayo.

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Patricia Lara Salive 

Abril 08 de 2022

 

A vivir sabroso

Hoy me aburrí de las malas noticias: del fiscal general, que trastea fiscales al confín del país para incidir en los procesos; de las masacres y de las discusiones sobre si estas fueron legítimas o ilegítimas, o si los muertos se podían matar o no; del negocio de los gases lacrimógenos revelado por Cambio; de los chanchullos de todos los días, cuando lo único que cambia es el nombre de los chanchulleros. En fin, me aburrí de tanto negativismo y decidí seguir a Francia Márquez, esa mujer de fuerza interior tan poderosa que tiene la brillantez de resumir su propuesta política con esta frase: #VamosAVivirSabroso.

Pues sabroso decidí vivir. Así que hoy voy a hablarles de una tertulia llena de canciones, poesía y nostalgia que por invitación de la mamá de la poesía, Gloria Luz Gutiérrez, tuvimos en su casa, ante más de 70 amigos, con el compositor Eduardo Cabas de la Espriella, a mi juicio, el Agustín Lara colombiano.

A sus 76 años, Eduardo es padre de Andrés, cantante y compositor; de Juan, pintor, y de Eduardito, empresario pero también cantante en las visitas, a quien cuando gateaba le compuso una canción en la que le pedía: “Déjame ser tu amigo, hijo, / déjame soñar contigo, / cuéntame todos tus problemas, / que solo así me olvido de los míos”. Eduardo, el maestro que le huye al estrellato a pesar de que sus composiciones las han cantado los grandes, desde Plácido Domingo hasta Leonor González Mina, nos contó su vida entre canciones, desde cuando niño acompañaba a su padre, Eduardo, músico también, a abrir las puertas de su casa para que por ellas entraran las brisas. Ese recuerdo lo plasmó en un bolero: “Ay, pasar abril en Barranquilla / es sentir en mí su alegre brisa, / tierra de un abuelo pescador, / que dejó en la arena sus cenizas”.

Además, esa noche Eduardo confesó que no fue para su novia, como creían, sino para su madre, Beatriz, una pianista estricta que le templaba la rienda, que compuso a los 17 años su primer hit: “Que para dónde vas, / que si no tomas más, / que con quién has salido, / que por qué no llamé, / que llegué tarde ayer, / que estás amanecido… / Con ese repicar / me voy a trabajar / y todo es un suplicio. / ¡Qué voy a contestar / si nadie puede hablar / con semejante ruido! / Me tienes loco todo el día / con esa cantaleta, / a quién le va a gustar la casa / con esa fiera suelta”.

Así, durante dos horas de diálogo y canciones, la noche se deslizó y la historia de este maestro, que se define como “un soldado del amor”, llegó hasta la etapa de la madurez en la que, para un amigo, compuso este bolero: “Cuando sentí que con los años alcanzaba / esa aurora tan sagrada / que llamamos madurez (…) / por esa magia peregrina del destino / te cruzaste en mi camino / con tus ojos de mujer: / mi madurez se fue…”.

Eduardo también reveló en una canción que a veces su otro yo se le escapa de la cárcel y se le va: “Se desdobla, se apasiona y se enamora de verdad”; su otro yo, “ese maldito irresponsable vividor”, que no sabe cuánto daría por ser él, porque dice: “Mi otro yo soy yo”.

Sin embargo, Eduardo Cabas tiene un tercer yo: ese que compuso la que afirma será su última canción, Préstame, señor, una zamba religiosa que dice: “Préstame, señor, tus palabras / para que las mías no sean espinas, / para iluminar al que se pierde, / para yo entender la vida, / para comprender la muerte”.

Pero como a Eduardo Cabas se le escapa su otro yo, habrá otra columna en la que les hable de su nueva canción: ¡animo, maestro!

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Patricia Lara Salive

Abril 01 de 2022

“Develaciones”: no se la pierdan

El 14, 15 Y 16 de abril se presentará en el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo, en el marco del Festival Iberoamericano de Teatro, Develaciones, un canto a los cuatro vientos, una rapsodia que combina teatro, música, danza, cantos y videoarte, y constituye una obra de una calidad tal, que es digna de presentarse en el Lincoln Center de Nueva York o en la Ópera de París.

Es un producción de la Comisión de la Verdad, en coproducción con el Teatro Mayor y La Paz Querida; dirigida por Iván Benavides, Nube Sandoval y Bernardo Rey; asesorada por Ricardo Silva, Lucía González, Sara Malagón, Ramiro Osorio y Alberto Heredia; actuada por 102 artistas (64 provenientes de los territorios y 38 de Bogotá). Representa en distintos cuadros esa colección de verdades que la Comisión de la Verdad encontró a lo largo de sus tres años de mandato y que quedarán plasmadas en su informe final. Esos cuadros, descritos por la actriz Laura García en un artículo que publicó en Cambio, son los siguientes:

“I. La huida: una descarga de tambores que evoca ráfagas de metralleta y explosiones”.

“II. El lamento: en honor a los caídos, la abuela U-Mma esparce pétalos de flores”.

“III. Éxodo: un bosque de casas humeantes en movimiento es la imagen que nos narra el sacrificio del desplazamiento de pueblos enteros”.

“IV. Rostros: un grupo de hombres y mujeres invisibilizados develan su identidad”.

“V./X./XIV. Entreparedes 1-2-3: el clasismo, el exilio y las discusiones políticas y generacionales son algunas de las situaciones que se descubren”.

VI. El banquete: en un contraste despiadado, vemos sin filtros cómo se desarrolla un sofisticado banquete de trabajo en el que se definen importantes alianzas, pactos de silencio y asuntos de relevancia nacional”.

“VII. El polvo blanco: en Colombia, todas y todos hemos sido alcanzados de alguna manera por la lluvia nefasta e incesante de polvo blanco”.

“VIII. Resistencia: en las ciudades, el color en los muros y las danzas urbanas se erigen como un espacio de resistencia y expresión de la fuerza creativa de los jóvenes”.

“IX. Las madres: en una acción simbólica colectiva, las madres de Soacha desentierran a sus hijos”.

“XI. El secuestro: el cabello, como metáfora del tiempo que pasa en espera de la libertad es la representación de la dimensión personal de quien ha vivido este horror”.

“XII. Cantos del agua: el palabrero wayuu nos advierte en su lengua sobre el dolor de la tierra”.

“XIII. Infancia y guerra: el reclutamiento forzado les ha robado la infancia, la alegría y el pulso vital a niños y niñas de nuestro país”.

“XV. El árbol de la vida: la abuela U-Mma riega el gran árbol blanco para colmarlo con la savia vital que lo hace reverdecer. (...) El pueblo de pie se reincorpora para avanzar, resiste y avanza. Con la fuerza de la verdad, sin miedo, mira al futuro. La verdad es una segunda oportunidad para la paz”.

Esta obra es imperdible, no solo por su montaje magistral y lo que significa como apuesta de creación colectiva desde los territorios, sino porque es capaz de conmovernos profundamente y convencernos de que, a partir de conocer la colección de verdades del conflicto, tendremos que ser capaces de pasar la página y decirle adiós a la violencia.

Es imperdible también El coronel no tiene quien le escriba, una adaptación de la novela de García Márquez hecha y dirigida por el maestro Jorge Alí Triana, protagonizada por Laura García y Germán Jaramillo, que se presentará en el Teatro Colón el 7, 8 y 9 de abril.

Buen teatro es lo que hay para ver.

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Patricia Lara Salive

Marzo 18 de 2022

 

 

Al oído de Petro

La suerte está echada: lo más seguro es que, si no lo matan antes del 29 de mayo (como ocurre en esta democracia en la que asesinan a los candidatos que se oponen al establecimiento: Gaitán, Galán, Pizarro Leongómez, Jaramillo Ossa, Pardo Leal), Petro sea el próximo presidente de Colombia.

Pero él tiene dos caminos para llegar a la Presidencia. El primero, enfrentándose contra medio mundo, con lo cual ahondaría la fractura de la sociedad. El segundo, logrando acuerdos de verdad que le permitan consolidar su tan mencionado Pacto Histórico y garanticen el cambio, pero de una manera ordenada y no traumática, especialmente para la economía.

El lunes, el economista Salomón Kalmanovitz, progresista y antiguo miembro de la Junta del Banco de la República, escribió en este diario una columna titulada “Las malas ideas de Petro”. En ella dice que varias de sus propuestas “son descabelladas: 1) Dejar de explorar petróleo, a pesar de que, con el nivel actual de exportaciones y su elevado precio internacional, el país tuvo un déficit comercial en 2021 de US$15.425 millones (6 % del PIB), US$5.300 millones más que en 2020, o sea que se está agravando. 2) Liquidar las EPS para sustituirlas por una pública que puede resultar una pesadilla burocrática. 3) Hacer un tren elevado entre Buenaventura y Barranquilla a un costo altísimo, siendo puertos que no necesitan ser conectados porque son complementarios”.

Kalmanovitz agrega que otras ideas del candidato “son aún más malas, como la de aumentar la protección a la producción nacional con el fin de generar la devaluación del peso”. Y señala: “Petro estudió Economía en el Externado, pero capó clase el día que enseñaron que la devaluación empobrece a un país por el simple hecho de que reduce la capacidad adquisitiva de su población”.

Kalmanovitz explica que “una consecuencia adicional de la devaluación es que se vuelve más oneroso el servicio de la deuda externa y con ello se agrava el déficit fiscal del Gobierno, que el incompetente Duque llevó al 8 % del PIB”. Enfatiza que “un dólar caro significa el empobrecimiento de todo un país, (...) buscarlo con una devaluación más fuerte empujará hacia la indigencia a muchos que están al borde de ella. Se trata de una política empobrecedora y aventurera”.

En fin, Kalmanovitz hace otras críticas concretas a la política económica de Petro y afirma que ve “con pesimismo el futuro del país. Ya tuvimos un populismo derechista; ahora es el turno de la izquierda, que en verdad no lo es”.

Si es en serio que Gustavo Petro quiere hacer un Pacto Histórico, le llegó el momento de escuchar y concertar, especialmente si quienes hablan son economistas tan sólidos y progresistas como Kalmanovitz. ¿Por qué Petro no se reúne con él y discute su política económica? ¿Por qué no lo hace también con otros economistas importantes, como Mauricio Cabrera, Clemente Forero, José Antonio Ocampo, Alejandro Gaviria y Rudolf Hommes?

Los ministerios de Hacienda y de Defensa serán fundamentales en un gobierno de Petro. De quienes nombre en esos cargos dependerá el mensaje que mande a dos sectores estratégicos: el de los empresarios e inversionistas extranjeros, y el de defensa. Si el nuevo ministro de Hacienda es un Kalmanovitz, la inversión extranjera y los capitales no se irán del país. Si el de Defensa es un civil que conoce a fondo las Fuerzas Armadas, como puede ser Eduardo Pizarro, habrá paz en sus filas y Petro hasta podría conseguir la paz de Colombia.

De él depende…

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Patricia Lara Salive

Marzo 11 de 2022

No haga más el oso, presidente

“Las banderas de Estados Unidos y Venezuela se veían bonitas, unidas”, afirmó el presidente Nicolás Maduro, a propósito de la reunión que sostuvo hace una semana con los delegados del presidente Joe Biden, Juan González, asesor de la Casa Blanca, y James Story, embajador de EE. UU. en Venezuela, quien reside en Bogotá. “Yo podría calificar (la reunión) de respetuosa, cordial, muy diplomática”, agregó el mandatario venezolano, a quien acompañaron en el encuentro su esposa y la vicepresidenta, Delcy Rodríguez.

Por su parte, la secretaria de Prensa de la Casa Blanca, Jen Psaki, dijo que en el encuentro se abordaron “una variedad de temas”, que incluyen la seguridad energética y la salud de los norteamericanos detenidos en Venezuela.

Un par de días después, Venezuela liberó a dos prisioneros estadounidenses en ese país. La liberación de los presos es considerada por EE. UU. un punto clave en el camino de la mejoría de las relaciones entre ambas naciones.

De modo que esa mejoría ya comenzó, impulsada, paradójicamente, por la invasión de Rusia a Ucrania y por la necesidad que tiene EE. UU. de abastecerse de petróleo en otros mercados.

¿Pero, en realidad, qué significa la reunión entre Maduro y los enviados de Biden? Pues nada más y nada menos que EE. UU., de hecho, ha reconocido a Maduro como el presidente de Venezuela. ¿Y en qué queda Juan Guaidó? El pobre queda en nada: sin poder, sin respaldo y limitado a hacer el ridículo.

Lo peor es que el ridículo no lo hace solamente Guaidó. Lo ha hecho también Colombia desde comienzos del 2019, cuando el presidente Duque, convencido de que la caída del dictador se produciría en cuestión de días, lideró con el gobierno de Trump y con Guaidó la fracasada “invasión” de camiones con “ayuda humanitaria” a Venezuela, dizque para tumbar a Maduro. Pero ese oso no le bastó a Duque. Él siguió haciendo el ridículo después, cuando anunció que era al supuesto presidente Guaidó, y no a Maduro, a quien le iba a pedir en extradición a la exparlamentaria Aida Merlano, con la intención evidente de que no la extraditen para que no delate ante la justicia a sus cómplices y mentores.

Sin embargo, el manejo que Duque ha dado a las relaciones con Venezuela no es solo ridículo. Es también muy equivocado, porque ha logrado exacerbar la rabia de Maduro contra Colombia. Ello tiene el efecto de que el venezolano proteja con muchas más ganas y descaro a los miembros del Eln y de las disidencias de las Farc que están en su territorio. Además, ese manejo torpe de las relaciones con Venezuela les ha dificultado mucho la vida a los miles de personas que viven en un lado de la frontera y trabajan en el otro, y a los niños que habitan en un país y estudian en el vecino.

¿Será que Duque entrará en razón cuando se intensifiquen los diálogos entre Biden y Maduro? Soñar no cuesta nada…

Por esa misma razón anhelo, también, que el domingo derrotemos la compra de votos y elijamos un Congreso que trabaje por Colombia, y aspiro a que las coaliciones que prometen el cambio salgan fortalecidas, pues este país no resiste más de lo mismo.

***

Que las Águilas Negras (señores de los organismos de inteligencia, ¿de casualidad ustedes saben quiénes las componen?) amenacen a los magistrados de la Corte Constitucional que votaron a favor de la despenalización del aborto es un hecho de gravedad extrema, que debe ser repudiado por todo el país y toda la institucionalidad, empezando por el propio presidente de la República. Así le sepa a cacho…

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Patricia Lara Salive

Marzo 04 de 2022

Por quién votar

“Todos los políticos son iguales”, “todos son corruptos”. Son generalizaciones que se repiten y, además de no ser ciertas, invaden el inconsciente colectivo a tal punto que la desconfianza se convierte en nuestra principal característica, con lo cual se vuelve desagradable vivir en este país.

Es verdad que hay muchos políticos corruptos, pero no todos lo son. Por eso, ahora lo que importa es elegir este 13 de marzo un Congreso en su mayoría honesto y empeñado en trabajar por Colombia.

Hay dos listas cerradas para Senado: la del Nuevo Liberalismo y la del Pacto Histórico. En ambas hay buenos candidatos: en el Nuevo Liberalismo están la periodista Mábel Lara; Carlos Alfonso Negret, exdefensor del Pueblo; la columnista Sandra Borda; el abogado tolimense Guillermo Pérez Flórez y el exconcejal Carlos Fernando Galán. En el Pacto Histórico figuran el valiente senador Iván Cepeda, que no se entiende por qué no es cabeza de lista, y cuatro mujeres admirables: Aída Avella, María José Pizarro, Clara López y Luz Marina Bernal. Todos serían muy buenos parlamentarios.

Las demás son listas abiertas. En la de la Coalición Alianza Verde Centro Esperanza, independientemente de la colcha de retazos que representa su nombre, hay muy buenos candidatos, empezando por su cabeza de lista, Humberto de la Calle, arquitecto del proceso de paz; Ariel Ávila (número 69), cuyas investigaciones sobre parapolítica mandaron a la cárcel a 29 políticos y quien propone, entre otras cosas, crear una jurisdicción rural para quitarles la administración de justicia a los grupos armados ilegales y elevar el presupuesto de las universidades al 1 % del PIB para poder decretar la matrícula cero; Iván Marulanda (20), exconstituyente, calificado como uno de los diez mejores congresistas; Angélica Lozano (10), mujer de carácter, defensora del proceso de paz; Antonio Sanguino (22) y Luis Emil Sanabria (27), comprometidos con la paz, pueden contribuir a la construcción de una coalición reformista en el Congreso; Miguel Samper (13), exdirector de la Agencia Nacional de Tierras, y Gustavo García (90), joven constitucionalista que impulsó la implementación legal del proceso de paz.

De Cambio Radical son buenos candidatos su cabeza de lista, David Luna (1), exministro de las TIC, y Temístocles Ortega (21), quien se la jugó en el Congreso para evitar que se aprobaran las objeciones del presidente Duque a la JEP.

Entre las listas de representantes a la Cámara también hay candidatos valiosos: en el Centro Democrático está Gabriel Santos (104), que dice luchar por “una derecha diferente”; en el Partido Liberal figura Juan Carlos Losada (102), progresista, comprometido con la paz; en Cambio Radical está José Daniel López (118), defensor del Acuerdo de Paz, elegido durante tres años el mejor representante del país. Y en la Alianza Verde se puede escoger entre tres candidatos muy buenos: Mauricio Toro (105), que en los últimos cuatro años ha figurado entre los diez mejores representantes; Catherine Juvinao (104), conocida por su proyecto de veeduría “Trabajen, vagos”, sobre los ausentistas del Congreso, y Gabriel Cifuentes (103), profesor universitario que llega a la política por primera vez, columnista comprometido a fondo con la paz, un congresista indispensable ahora, cuando el tema de la paz ha pasado a segundo plano y se requiere que en el parlamento haya personas empeñadas en hacer que el Estado cumpla su palabra.

Ahí tienen, pues, buenos candidatos para todos los gustos.

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Patricia Lara Salive

Febrero 25 de 2022

A quiénes quiere encubrir la Dijín?

 

Lo que se teje tras la casi segura conspiración de la Dijín para evitar que Otoniel les diga lo que sabe tanto a la JEP como a la Comisión de la Verdad debe ser una trama digna de una de esas series españolas en las que los crímenes y negocios ilícitos ocurren porque los delincuentes cuentan con la complicidad de oficiales y políticos claves.

No de otra manera se explica que la Dijín, que custodia a Otoniel, hubiera empezado a obstaculizar sus declaraciones ante la JEP y la Comisión de la Verdad, y a “castigarlo” de modo que le dé miedo hablar. Otoniel, exguerrillero de las Farc y del Epl, exmiembro de las Autodefensas Unidas de Colombia y, por último, jefe del Clan del Golfo, había afirmado antes que desea revelar los nombres de los oficiales que están en la nómina de ese grupo criminal y cómo funcionan las alianzas de este con empresarios, miembros de la Fuerza Pública y otros funcionarios.

Veamos los hechos: la primera sesión ante el comisionado Alejandro Valencia y el investigador Eduardo Andrés Celis no contó con la privacidad requerida, fue espiada por cámaras y policías, e interrumpida por la Dijín. Dos días después, desconocidos asaltaron la casa de Celis y se llevaron solo el computador y una grabadora que contenían las declaraciones de Otoniel ante la Comisión, pero por fortuna Valencia hizo copia de las grabaciones. Luego la Dijín dijo que pondría la investigación del robo en manos de la Fiscalía, y sabemos que ahí puede demorar años. El martes, cuando Otoniel caminó cerca de 50 metros para ir a declarar ante la JEP, como lo reveló Daniel Coronell en uno de sus reportes para W Radio, en lugar de ser llevado con esposas en las manos, chaleco antibalas y casco, como es lo habitual, “fue esposado de pies y manos, y además usaron una cadena que une las extremidades superiores e inferiores”, lo cual hizo que el reo se quejara apenas llegó a la sala de audiencias por haber recibido “un tratamiento cruel e indigno”, y dejara “constancia de lo que, según él, es otro de los castigos que viene sufriendo en la Dijín desde que anunció su deseo de contar todo lo que sabe”.

La situación es tan grave, que el padre Francisco de Roux, presidente de la Comisión de la Verdad, le envió una carta al presidente Duque, “en la que pone en su conocimiento la gravedad de lo ocurrido”, le anuncia que él, personalmente, seguirá entrevistando a Úsuga (Otoniel) y le solicita que “en su calidad de jefe de Estado inste al conjunto de las instituciones para que investiguen de manera pronta y eficaz lo sucedido”, y provean las garantías necesarias para “que la entrevista se siga desarrollando con las debidas confidencialidad y privacidad”.

El Consejo Asesor de la Comisión de la Verdad, integrado entre otros personajes por David Bojanini, Bernardo Toro, Cecilia María Vélez, Doris Salcedo y Rodrigo Uprimny, le escribió a Duque en el mismo sentido.

En este momento lo fundamental es no solo que el presidente otorgue las garantías solicitadas por Francisco de Roux, sino que desacelere el trámite de extradición de Úsuga, que se mueve a una velocidad inusitada. También, que la JEP acepte a Otoniel, como él lo ha pedido, en su calidad de tercero colaborador de las Fuerzas Armadas y promotor de grupos paramilitares.

Después sí, que lo extraditen. Pero antes que nos diga la verdad. Porque es algo demasiado importante lo que está en juego: nada menos que descubrir por qué en Colombia persiste el conflicto.

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Patricia Lara Salive

Febrero 18 de 2022

Así se hace, general Zapateiro

 

El general Eduardo Enrique Zapateiro, comandante del Ejército, merece una felicitación: apenas conoció la investigación publicada por la alianza Cambio-Noticias Uno, en la que se demostró, mediante una grabación, que el general Jorge Hernando Herrera Díaz, comandante de la Sexta División, les contó a sus compañeros —en julio de 2019, cuando era comandante de la Brigada 29 del Ejército con sede en Popayán— que él tenía una alianza con la banda de narcotraficantes Los Pocillos para combatir las disidencias de Gentil Duarte, el general Zapateiro hizo lo que tenía que hacer: llamar de inmediato a calificar servicios al general Herrera.

Una vez publicada la investigación, el Ejército sacó un comunicado en el que, entre otras cosas, dijo: “Hoy, al tener conocimiento, a través de la publicación, de los audios que dan cuenta de comportamientos presuntamente irregulares de un oficial general, la institución dará traslado de la información (…) a la Fiscalía General de la Nación, para que se investigue no solamente al general allí mencionado, sino al personal militar que pudo participar en la reunión citada por el medio, pues era su obligación, en el momento, denunciar estas presuntas actividades ilícitas (…) Siendo el interés de la institución contribuir al esclarecimiento de los hechos, se remueve del cargo [al general Herrera]”.

En este caso, Zapateiro no se puso con los rodeos en que han incurrido los últimos ministros de Defensa, quienes, por lo general, han dicho que los oficiales acusados de cometer tal o cual delito tienen derecho al debido proceso y no pueden ser removidos de sus cargos hasta que la justicia compruebe que son culpables. Y eso, al paso que aquí camina la justicia, más o menos quiere decir nunca.

Con ese proceder se les manda a las tropas el mensaje de que, en la práctica, si delinquen, no corren mayor riesgo. Y eso es nefasto. Por eso fue tan importante que el expresidente Santos, siendo ministro de Defensa, cuando tuvo la certeza de que ocurrían los falsos positivos, destituyera al general Montoya y a otros militares implicados en ese horror. Y el efecto de esa acción fue el descenso vertiginoso de los falsos positivos.

En este caso se trata de la perversa costumbre de aliarse con delincuentes para combatir a un enemigo común, como pasó cuando se dio de baja a Pablo Escobar o, lo que es peor, como ocurrió en el pasado cuando en infinidad de casos los militares, aliados con los paramilitares, los mandaron a hacer el trabajo sucio y exterminar a miles de personas con el fin de acabar con la guerrilla y aniquilar su base de apoyo.

Pero ¡ojo!: lo del general Herrera no parece ser un hecho aislado, sino más bien un cáncer que, si no se extirpa de inmediato, como lo hizo Zapateiro, puede hacer metástasis: basta recordar que hace más de dos años Leyner Palacios, líder social de Bojayá, hoy comisionado de la Verdad, denunció la connivencia de los grupos armados con militares. Y en carta que le envió al presidente Duque, en enero de 2020, le dijo: la actuación de los grupos paramilitares del “Clan del Golfo se realiza en connivencia con la fuerza pública asentada en el río Atrato y en muchos otros sectores de la región del Pacífico”, donde precisamente operaban el general Herrera y sus tropas.

Ojalá que esta reacción fulminante del comandante del Ejército conduzca a que, donde quiera que exista, se termine esa perversa connivencia.

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Patricia Lara Salive

Febrero 11 de 2022

Veintiséis niños bombardeados y nada pasa

 

Aquí la muerte de niños nos importa poco. Para la muestra, este botón: la revista Cambio renació esta semana con varias chivas:

Primera, la entrevista a la exparlamentaria Aida Merlano, en la que habla de sus amores con los políticos Julio Gerlein y Álex Char, denuncia con nombres y apellidos la corrupción de la política en el Atlántico, y cuenta su participación en ella (“a mí me criaron en una familia compradora de votos. Yo qué iba a pensar que eso es ilegal”, dice).

Segunda, la grabación de una charla entre la senadora María Fernanda Cabal y un militar, en la que ella comenta que el presidente “Duque es mamerto” y que a Uribe “le ha sabido a mierda”, afirmación que la senadora confirmó a los medios.

Tercera, un relato recogido en Morichal por Cambio, donde se cuenta cómo los restos del adolescente indígena Brayan Esteven Martínez, muerto en un bombardeo de la Fuerza Aérea, se los entregaron en pedacitos, envueltos en una mortaja, a su hermano Fabián. Agrega que entonces (septiembre de 2021) había en la morgue otra adolescente de 15 años fallecida en las mismas circunstancias; documenta que durante el gobierno de Duque van “26 niños muertos en bombardeos —entre ellos una niña de 12 años—”, según consta en un oficio de Medicina Legal enviado al secretario de la Comisión Primera del Senado por solicitud de los senadores Iván Cepeda y Roy Barreras; y añade que el Gobierno ha presentado los bombardeos de niños como casos aislados, a pesar de que en 10 de 29 de ellos (casi la tercera parte), realizados entre agosto de 2018 y el 30 de octubre de 2021, el Instituto de Medicina Legal ha practicado la necropsia de 26 menores.

Se trata de niños que no participan directamente de las hostilidades, así lo piense de ese modo la general Paulina Leguizamón, subjefa jurídica del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Militares, porque en su inmensa mayoría son menores reclutados forzosamente y por lo tanto, como sostiene el jurista Rodrigo Uprimny, “deben ser considerados población civil, porque no están participando en las hostilidades”.

Presidente Duque, ministro Molano, general Leguizamón: aun cuando no sean sus hijos, se trata de niños muertos, de pequeñas víctimas bombardeadas; no son “máquinas de guerra”, como dijo una vez Molano. Son niños obligados a ir a la guerra o, como en el caso de Brayan, que han sido vendidos a la guerrilla por gente sin corazón. Brayan cursaba séptimo grado y, poco antes de morir, lo dejó todo —hogar, novia, estudios— para ir a raspar coca en la finca de un tal Botalón, quien acostumbra engatusar a los niños con la promesa de pagarles bien si se van a trabajar como raspachines, pero él acaba emborrachándolos y vendiéndoselos a la guerrilla.

¿Saben por qué en esas zonas la mayoría de los niños lo hacen? Porque sus padres no trabajan, ellos quieren estudiar pero no pueden pagar sus útiles escolares, no consiguen otros empleos y raspando coca ganan unos $44.000 diarios, menos que un salario mínimo, si se considera que a los raspachines no les pagan prestaciones sociales.

Cuando se cayó Guillermo Botero como ministro de Defensa por el bombardeo de niños, los menores muertos eran 12. Sin embargo, en la época de Molano la cuenta va en 26. Pero a nadie parece importarle: esa noticia no vende y quizás por eso los medios la callan. Entonces se detienen en los escándalos de la Merlano y la Cabal.

Mientras tanto, ¿que continúe el bombardeo de niños?

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Patricia Lara Salive

Febrero 04 de 2022

Las verdades que nos esperan

 

En charla entre Pacho de Roux, presidente de la Comisión de la Verdad, y la periodista María Jimena Duzán, sostenida en el Hay Festival, comenzamos a estrellarnos contra esas verdades que la Comisión ha escudriñado a fondo y nos revelará en su informe final. Aquí van algunas:

Primera verdad: la guerra no fue entre las Farc, el Eln y el Ejército. En ella participaron otros actores muy importantes que no han sido evidentes. Se dio un entramado muy complejo, donde jugaron elementos políticos, económicos y de defensa, y hubo una articulación entre las Fuerzas Militares y el paramilitarismo. De Roux explicó que ello se muestra bien en el caso de la hacienda Las Tulapas, donde se combinaron la reacción contra la guerrilla, las acciones de Mancuso y del Fondo Ganadero de Córdoba, la actuación de la Fiscalía para legitimar el robo, la de Fedegán para garantizar que se nombrara fiscal general a Mario Iguarán —con la misión de encubrir lo que se hizo— y la del gobernador Benito Osorio, quien actuó de intermediario para que el robo se hiciera asediando a los campesinos, a fin de conformar esa finca de más de 4.000 hectáreas. Luego, personas del empresariado y de la política del Valle del Cauca, asediadas por la guerrilla y los secuestros de sus niños a la salida de los colegios, entraron en comunicación con los paramilitares de Córdoba y crearon el Bloque Calima. Entonces ocurrieron la masacre del Naya y las otras grandes masacres de esa zona.

Segunda verdad: el paramilitarismo fue un aliado del Estado y tuvo un papel muy importante en la disminución del poder de las Farc —que a fines de los años 90 era enorme—, pero el dolor que causó fue inmenso. Hubo una especie de enloquecimiento en la guerra. Por eso, unos incorporaron a más y más niños en la confrontación y los otros produjeron los falsos positivos: “Tenían que mostrarle a la sociedad que se estaba ganando la guerra y eso se mostraba presentando cadáveres”, afirma De Roux.

Tercera verdad: la seguridad ha sido para la propiedad y el poder: a más propiedad y más poder, más seguridad; pero la seguridad no ha cuidado a la gente, como ocurre en Suecia, Dinamarca o Noruega.

Y una pregunta: ¿cómo es posible que nuestro Estado y nuestra sociedad hayan permitido que pasara esto? ¿Cuándo será que las víctimas de los sectores pudientes —sobre todo del secuestro y la extorsión— sentirán que son tan víctimas como las mujeres del Chocó o las mamás de los muchachos de Soacha asesinados por el Ejército? ¿Cómo es posible que estemos parados sobre semejante crisis humanitaria y no nos hayamos dado cuenta?

Entonces, el auditorio, repleto de público, estalló en aplausos para Pacho de Roux.

Ya llegó Cambio. Renace este domingo. La primera semana podrán leerla en forma gratuita. A partir de la segunda, requerirán estar suscritos. Ojalá se suscriban. Ojalá nos apoyen: volver a darle vida a Cambio ha sido un esfuerzo monumental. Ahora Cambio es una realidad.

Yohir Akerman y Federico Gómez Lara, columnistas de este querido periódico, se han despedido de sus columnas de El Espectador porque harán parte del equipo de Cambio. Pero yo, gracias a la generosidad de Fidel Cano, mantendré mi columna aquí, aun cuando también escribiré reportajes para Cambio. Apoyar a El Espectador y a Cambio —dos medios comprometidos con revelar las verdades— es fundamental si queremos consolidar nuestra democracia.

De modo que seguiremos encontrándonos: en El Espectador y en Cambio.

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Patricia Lara Salive

Enero 28 de 2022

 

La Coalición de la Desesperanza

 

Dividir el mundo entre buenos y malos es de los comportamientos más generadores de violencia, nos explicaban a los reporteros de Cambio 16, hace 26 años, los doctores Otto y Paulina Kernberg, psicoanalistas considerados en ese momento autoridades mundiales en las llamadas personalidades fronterizas.

Ese maniqueísmo —unido a otros factores como el maltrato físico, psicológico y sexual en la primera infancia, y la falta de una justicia que opere e impida que la gente busque hacer justicia por mano propia— puede disparar la violencia porque incita a la sociedad a que piense: “Aquí estamos los buenos y allá están los malos; los buenos tenemos el derecho y hasta el deber de acabar con los malos”. Con esa reflexión de base, los comportamientos violentos para arrasar con “los malos” casi pueden comenzar a ser vistos como un mandato de Dios. Entonces se extiende la violencia...

Pues bien, ahora la gran sorpresa es que la Coalición de la Esperanza, esa que dice que lucha contra los extremos y desea unir al país, esa que debería entender más que cualquier otro sector que no hay nadie completamente bueno ni completamente malo, es la que está dando el peor ejemplo de maniqueísmo: resulta que Íngrid Betancourt —quien hace poco declaró que César Gaviria, el jefe del liberalismo, “está en la posición de darle «el revolcón» al Partido Liberal, cuando más se necesita. Ya empezó a hacerlo, porque le apuesta a Alejandro Gaviria, que es lo más opuesto a cualquier maquinaria”— en el debate del martes descalificó públicamente a Alejandro por recibir el apoyo, a título individual, de Germán Varón Cotrino, un político de Cambio Radical que, hasta donde sé, no tiene investigaciones en contra.

De inmediato, fue secundada por Sergio Fajardo, cuya costumbre de descalificar y excluir es conocida: hace cuatro años, por ejemplo, el descalificado y excluido fue Humberto de la Calle, su aliado de hoy. El argumento era el mismo: que Humberto era cercano a César Gaviria. De la Calle, el exjefe del equipo negociador del Acuerdo de Paz con las Farc, es un tipo estupendo que hubiera podido ser un gran presidente, como lo hubiera sido Fajardo en el 2018 si se hubiera despojado del maniqueísmo y hubiera hecho un acuerdo generoso con De la Calle, con lo cual, además, nos hubiera ahorrado la pesadilla de caer en este desgobierno de Duque, que ha permitido que varias zonas del país hayan vuelto a hundirse en la violencia.

Las discrepancias explotaron a tal punto que Íngrid amenazó con irse de la coalición si Alejandro persistía en recibir esos apoyos. Él se defendió con vehemencia y dijo que no solo los recibiría, sino que vendrían más y que a su campaña se unirían los exministros liberales Rafael Pardo y Eduardo Díaz.

En distintos chats se ha hecho evidente el rechazo a esas actitudes de Íngrid y Fajardo. La gente dice que han debido tramitar sus diferencias en el seno de la Coalición, no en público. Según una encuesta de MediLab App, en la que preguntaban: “Para usted quién ganó el debate?”, las respuestas fueron: Gustavo Petro (21 %), Rodolfo Hernández (18 %), Alejandro Gaviria (15 %), Federico Gutiérrez (11 %), Juan Manuel Galán (9 %), Sergio Fajardo (7 %), ninguno (7 %), Francia Márquez (5 %), Camilo Romero (4 %), Óscar Iván Zuluaga (3 %) e Íngrid Betancourt (0 %).

Así que el maniqueísmo no solo trae violencia sino además, en este caso, desprestigio.

Más vale que los de esta Coalición aprendan la lección , que ojalá no acabe volviéndose la de la Desesperanza.

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Patricia Lara Salive

Enero 21 de 2022

Iván, el fuerte

Sin que el senador Iván Cepeda mostrara un solo signo de debilidad, a comienzos de septiembre le hice una larga entrevista en la que repasamos su vida.

Nunca imaginé que entonces Iván estaba recibiendo un tratamiento de quimioterapia, porque un mes antes le habían dado una noticia devastadora: ese cáncer que cuatro años atrás le había aparecido en el colon y del cual lo habían operado dos veces le había reaparecido en el hígado.

Nada hacía sospechar su situación: Iván seguía con toda su fuerza, dando sus debates en el Congreso, apoyando a las víctimas del conflicto, librando su intensa batalla jurídica contra el expresidente Álvaro Uribe y participando en Defendamos la Paz, plataforma de la que él fue uno de sus fundadores, conformada por gente de distintas vertientes, unida solo por la convicción de que la paz hay que defenderla.

En esa entrevista, Iván habló de su infancia, influenciada por la lucha política de sus padres, Manuel Cepeda y Yira Castro, ambos líderes comunistas; del impacto que a los seis años le causó ver soldados irrumpiendo en su casa de Praga, donde vivía, pues los tanques rusos acababan de entrar a la ciudad, en la llamada Primavera de Praga, y se los llevaron a él y a su familia para Moscú, porque no querían que extranjeros con relaciones políticas vieran lo que estaba pasando; de su ruptura con el Partido Comunista y sus confrontaciones con su padre por ese motivo; de su vida como profesor de Antropología Filosófica; del asesinato de su padre y su lucha por descubrir a los asesinos; de la petición de perdón que por su muerte hizo el Estado colombiano; de los procesos de paz con las Farc y el Eln; del fallido sometimiento del Clan del Golfo; de las amenazas y de la muerte…

Recuerdo que ese día le pregunté: “Iván, cuando te diagnosticaron el cáncer, ¿qué sentiste al pensar que podías morir?”.

“Miedo y tristeza”, repuso, “pero simultáneamente experimenté una visión de la vida que sin el cáncer no hubiera podido conocer. En estos días escuché al expresidente Pepe Mujica diciendo que en la vida a veces lo bueno es malo y lo malo es bueno. Se refería a que solamente cierto tipo de experiencias que nos ponen al límite nos revelan facetas de la existencia que no puedes conocer de otra manera”.

“¿Qué te reveló el cáncer?”.

“Primero, la banalidad y la trivialidad de muchas de las cosas que había vivido y pensado. Y segundo, la importancia y la esencialidad de otras, de la forma de ver la vida. Como decía Séneca, no es que la vida sea corta, sino que tal vez no la vivimos de la manera más intensa y productiva. Cada momento de la vida tiene un valor extraordinario. Hay que aprovechar la vida de la mejor forma”, repuso.

Tras dos operaciones de cáncer de colon con muy poco tiempo de diferencia, en plena campaña electoral, con la ayuda de mucha gente, en especial de su esposa y de su hermana, Iván se las ingenió para hacer una ficción de campaña y salió electo al Senado.

Hoy se repite la historia: luego de una quimioterapia muy exitosa que le redujo el tumor, Iván Cepeda acaba de ser operado otra vez y está libre de cáncer. Ahora, con seguridad, también en plena campaña electoral para el Senado, terminará de mejorarse y volverá a asumir su curul este senador incansable y valiente, indispensable para nuestra democracia.

Porque Iván es como su madre: perseverante y lleno de fuerza de voluntad.

#FuerzaIván

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Patricia Lara Salive

Enero 14 de 2022

Dónde están los líderes?

 

Que Colombia tenga sobre los partidos una opinión tan desfavorable como la que tiene sobre las Farc y el Eln es supremamente grave, como lo es el hecho de que prácticamente ya no creamos en nada ni en nadie. Todo ello debe llevar a los políticos y al país a una reflexión profunda.

Veamos: según la última encuesta de Invamer, realizada a fines de diciembre y comienzos de enero, 85 % de los encuestados tienen una opinión desfavorable de los partidos, 86 % la tiene de las Farc y 88 % la tiene del Eln. Solo el 7 % tiene una opinión favorable de los partidos y las Farc, y el 5 % la tiene del Eln. Sobre el Congreso, el estado de la opinión es un poquito mejor, pero también es terrible: el 75 % tiene una opinión desfavorable sobre el Lesgislativo y apenas el 18 % la tiene favorable.

Pero lo más angustioso es que en la encuesta casi nadie se salva: de los políticos por los cuales indagó Invamer, solo Juan Manuel Galán, Humberto de la Calle y Rodolfo Hernández tienen una imagen favorable superior a la desfavorable: en los casos de Galán y De la Calle la opinión favorable es 32 %, y la desfavorable es 20 % y 25 %, respectivamente; en el caso de Hernández la favorable es 17 % y la desfavorable es 11 %.

Los demás candidatos, incluidos los punteros, se rajan: Gustavo Petro tiene una opinión desfavorable del 44 % y una favorable del 34 %, Sergio Fajardo tiene una imagen desfavorable del 32 % y una favorable del 25 %, Alejandro Gaviria tiene una imagen favorable del 16 % y una desfavorable del 23 %, Óscar Iván Zuluaga tiene una opinión favorable del 12 % y una desfavorable del 43 %, Enrique Peñalosa tiene una imagen favorable del 18 % y una desfavorable del 25 %, Federico Gutiérrez tiene una imagen desfavorable del 17 % y una favorable del 16 %, Juan Carlos Echeverry tiene una favorable del 7 % y una desfavorable del 13 %, y Jorge Robledo tiene una imagen favorable del 13 % y una desfavorable del 16 %.

El Gobierno, por supuesto, tampoco se salva: al presidente Iván Duque el 69,8 % le desaprueba su gestión y apenas el 25,1 % se la aprueba. De la vicepresidenta, Marta Lucía Ramírez, el 48 % tiene una imagen desfavorable y solo el 14 % tiene una imagen favorable.

Las instituciones fundamentales también se rajan: la Corte Suprema de Justicia tiene una imagen desfavorable del 70 % y una favorable del 21 %, la Fiscalía tiene una imagen desfavorable del 64 % y una favorable del 28 %, la Policía tiene una imagen desfavorable del 59 % y una favorable del 38 %, la Procuraduría tiene una imagen desfavorable del 56 % y una favorable del 26 %, la Corte Constitucional tiene una imagen desfavorable del 59 % y una favorable del 28 %, la Contraloría tiene una imagen favorable del 28 % y una desfavorable del 55 %, la JEP tiene una imagen desfavorable del 53 % y una favorable del 36 %, los sindicatos tienen una imagen desfavorable del 51 % y una favorable del 32 %, los medios de comunicación tienen una imagen favorable del 43 % y una desfavorable del 53 %, y la Junta del Banco de la República tiene una imagen favorable del 24 % y una desfavorable del 53 %.

En la encuesta, solo pasan raspando el Ejército y los empresarios, que tienen una opinión favorable del 53 %, y la Iglesia, que les sigue con 52 %.

Es decir, aquí la inmensa mayoría de los políticos y de las instituciones, sean de izquierda o de derecha, están en bancarrota. Ello significa que perdieron la sintonía con Colombia, que no la interpretan y que en un país que no cree en nada ni en nadie puede pasar cualquier cosa.

 

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