Jon Lee Anderson

La Historia Secreta Del Cadáver Del Che

Se que viene a matarme. Dispare, cobarde, que sólo va a matar a un hombre. Esa frase, dicha por el Che Guevara ante su asesino, el sargento boliviano Mario Terán, cerró la vida de este hombre cuyo ejemplo, para bien o para mal, marcó a varias generaciones de latinoamericanos. Al periodista norteamericano Jon Lee Anderson, considerado uno de los mejores perfilistas de hoy, lo marcó hasta el punto de que dedicó cinco años para estudiar su vida y escribir un libro de 782 páginas, considerado la biografía más completa que existe sobre el guerrillero argentino.
Se que viene a matarme. Dispare, cobarde, que sólo va a matar a un hombre.
Esa frase, dicha por el Che Guevara ante su asesino, el sargento boliviano Mario Terán, cerró la vida de este hombre cuyo ejemplo, para bien o para mal, marcó a varias generaciones de latinoamericanos. Al periodista norteamericano Jon Lee Anderson, considerado uno de los mejores perfilistas de hoy, lo marcó hasta el punto de que dedicó cinco años para estudiar su vida y escribir un libro de 782 páginas, considerado la biografía más completa que existe sobre el guerrillero argentino.
No obstante, a pesar de haber escrito tanto sobre él, nunca Anderson le había contado a la prensa los detalles de cómo, después de 28 años de su asesinato, logró jalarle la lengua al General boliviano Vargas Salinas, hasta que le confesó dónde lo habían enterrado. El cadáver fue encontrado dos años después. En su aparición tuvo mucho que ver Jon Lee Anderson.
Los detalles de la historia son una primicia mundial, que ya han conocido, de boca del propio Anderson, Gabriel García Márquez y el Presidente Chávez de Venezuela, quien durante cuarenta minutos detuvo un avión con los motores prendidos para que Jon Lee acabara de contarle el siguiente cuento:.
ET. Cómo se descubrió el cadáver del Che?.
ANDERSON: En Noviembre de 1995 estaba en el final de la investigación de mi libro. Llevaba en ella tres años y medio. Había ido a Argentina, había vivido en Cuba, había recorrido la ruta del Che en Bolivia, me había entrevistado con los sobrevivientes de la guerrilla y con militares. Me encontraba cerca de donde terminó el Che. Me quedaban un par de generales por entrevistar. No lo habían conocido, pero entrevistarlos era cosa de rutina. Entonces visité al General Vargas Salinas.
Quién era él?.
Era capitán cuando murió el Che. No fue protagonista de su muerte. Había liderado la emboscada a la otra columna de la guerrilla del Che, en la que -por una delación- todos fueron aniquilados al cruzar un río. Hasta entonces, ningún militar había dicho dónde estaba enterrado el Che. Todos se jactaban de ser los vencedores en esa gesta, pero ninguno aceptaba ser su asesino.
Hasta ese momento qué se sabía?.
Que mataron al Che en la tarde del 9 de octubre del 67, en un pueblito llamado La Higuera. Lo trasladaron en helicóptero hasta la ciudad de Vallegrande. Expusieron su cuerpo en la lavandería del hospital. Se regó la voz, llegó la prensa y tomó fotos del cadáver. En la noche del 10 al 11, justo antes del arrivo del hermano menor que iba a reconocer el cadáver, desapareció el cuerpo. Entonces todos, desde el Presidente, General Barrientos, para abajo, dieron diferentes versiones: que habían incinerado el cuerpo, que habían regado las cenizas por el aireEl lugar donde estaban los restos del Che era secreto militar, pues querían evitar que la tumba se convirtiera en punto de peregrinaje comunista.
En qué momento le cortaron las manos?.

Antes de desaparecerlo, dos forenses argentinos le cortaron las manos, las preservaron en formol, les tomaron las huellas y en Argentina las compararon con las suyas. Las manos fueron a parar a casa del ministro del interior boliviano, que era doble agente de la Cía y de Cuba. El organizó, vía Checoeslovaquia, el traslado a Cuba de las manos y del diario del Che. Luego se fue de Bolivia.
Cómo transcurrió la entrevista con el General Vargas Salinas?.
Lo entrevisté en una hacienda amurallada en las afueras de Santa Cruz. Era cincuentón, atlético, afable. Nos sentamos bajo un árbol, atendidos por una sirvienta indígena que nos traía café. Me relató hechos, me llenó lagunas. Se sabía que uno de los sobrevivientes de la columna que él aniquiló fue ejecutado por su tropa. Eso nunca lo había admitido, pero lo admitió en esa entrevista. Establecimos una comunicación en la que él se abría de una forma que yo no esperaba. Al final apagué la grabadora y, en voz alta, me dije:qué más le pregunto?i Entonces pensé: este estaba en Vallegrande la noche que desaparecieron el cuerpo del Che, me acaba de hablar del cadáver, tiene que saber qué hicieron con él. Sin creer que realmente me soltaría la historia, prendí de nuevo la grabadora y le dije: a propósito general, qué hicieron con el cuerpo del Che? Me contestó: bueno, chico, yo te quería hablar de eso Hizo una pausa y dijo: el Che está enterrado debajo de la pista aérea de Vallegrande . Lo soltó así, tranquilamente. Relató todo con detalles, dio el nombre de los suboficiales que participaron, describió los bulldozers, dijo cómo cavaron el hueco, cómo lo enterraron.
Qué sintió al oír semejante relato?.
Mucha emoción! Al final le pregunté que por qué me había contado esta historia 28 años después. Me dijo: ya es hora de que Cuba y Bolivia hagan las paces . Si ese fue su motivo no lo se. Algunos dicen que tenía celos del general que había capturado al Che. Era de su mismo pueblo, había sido congresista y embajador, y este se había quedado relegado. Me dijo: no se si sea conveniente que lo publiques . Entonces pensé:esto lo utilizaré para mi libroi . Un columnista de un periódico boliviano dijo entre líneas que Vargas Salinas le había hablado del Che, pero no dio pormenores. Entonces llamé al General y le dije que el trato que teníamos de no publicar la noticia por el momento, estaba roto. Como periodista sabía que era una noticia muy fuerte. Busqué a un amigo del New York Times, le conté lo que tenía entre manos, él habló con el editor en jefe y me dijo: escríbelo ya . Escribí como un loco. La noticia salió en la primera página del New York Times, el 21 de Noviembre de 1995.
Qué efecto tuvo la publicación?.
Arrollador!, Yo estaba en La Paz, alojado en el mismo hotel y en la misma habitación que ocupó el Che cuando pasó disfrazado. La mañana de la publicación me despertó una periodista boliviana diciéndome si sabía que el general Vargas Salinas había desmentido la noticia. Contesté que seguro estaba siendo presionado por los militares. Hubo conferencias de prensa, titulares en todos los periódicos, arribo de periodistas internacionales Yo estaba en la mira de todos. Los militares negaron la noticia. Vargas Salinas se esfumó y mandó un fax diciendo que yo había inventado la historia. Los medios interrogaron sobre el tema al presidente boliviano, Gonzalo Lozada, y él dijo: tengo entendido que Anderson sacó la información de Vargas Salinas entre whisky y whisky . Hice un comunicado diciendo que sentía discrepar del presidente, pero que había sido entre café y café. Agregué que me quedaba en mi verdad y que tenía grabación. Yo cargaba el microcasette entre mi calcetín. Me llamaron para que visitara al jefe de estado mayor, general Cáceres. Me preguntó si había emborrachado a Vargas Salinas o si le había pagado dinero. Le hice escuchar el cassette. Ante la evidencia, Vargas Salinas mandó otro fax aceptando que lo que me dijo era verdad. El presidente boliviano emitió entonces un decreto supremo que abolía el secreto militar en torno al paradero del Che Guevara, y conformó una comisión cívico-militar para buscar sus restos.
Qué pasó entonces?.
Cuando conformaron la comisión, viajé a Vallegrande con Loyola Guzmán, única mujer sobreviviente de la guerrilla del Che, presidenta de la Asociación de Desaparecidos. Invité a forenses argentinos que se ofrecieron como voluntarios para la búsqueda de los cadáveres de los desaparecidos. En la comisión estaban el viceministro del Interior y dos generales que querían sabotear. Cerca de 50 soldados cavaron en la pista aérea. Llegaron periodistas internacionales. Los militares trajeron a Vargas Salinas. Estaba arrestado. Luego supe que duró cerca de cinco años bajo arresto domiciliario. Llegó en avioneta, escoltado por dos generales. Caminó 20 minutos por la pista y dijo: han sido 28 años… Regresó al avión y desapareció. Yo no lo abordé. Quise evitar un show. La excavación duró tres semanas. Se abrieron varios huecos un poco al azar en la pista aérea. Pasaron semanas. No se encontró nada. Los militares dejaron saber que querían olvidar la cosa. De pronto, algunos le contaron a Loyola Guzmán que sabían dónde estaban enterrados unos guerrilleros. Señalaron un sitio como a 3 kilómetros de la pista. Cavaron con sus manos y encontraron cuatro esqueletos. Los forenses reconocieron los cadáveres. Eso le dio de nuevo vida a la investigación: quedaba claro que estábamos ante la evidencia de una crimen histórico, porque muchos no fueron caídos en combate sino ejecutados y desaparecidos. Luego llegaron científicos e investigadores cubanos y formaron equipo con los forenses argentinos y los historiadores bolivianos. Encontraron más cadáveres. Me marché a España a escribir mi libro. Los investigadores y científicos siguieron la labor.
Finalmente, cómo encontraron el cadáver del Che?.
En mayo del 96 me llamó Alejandro Inchaurregui, jefe de los forenses argentinos. Me dijo que la viuda del fallecido coronel Selich, sindicado de ser uno de los involucrados en la desaparición del Che y sus guerrilleros, había aceptado hablarme. Selich había sido asesinado en un intento de golpe de estado contra Banzer. Su viuda vivía en Paraguay. Fui a verla. Me facilitó documentos. Aceptó que el Che estaba enterrado en la pista de Vallegrande. Para colaborar, viajó a ese lugar disfrazada de vieja, con pañuelo y gafas. No logró reconocer el sitio. Pero mapas y otras señales que me dio y que transmití a los forenses, ayudaron a dar pistas para ubicar otros cadáveres de guerrilleros. Mientras tanto, los forenses argentinos y cubanos siguieron investigando en Vallegrande. A cada tanto se encontraban restos. Pasó el 96. Terminé mi libro. Se publicó en mayo del 97. Banzer, el antiguo dictador, responsable de las muertes y desapariciones, había sido elegido presidente de Bolivia. Declaró que en julio, tan pronto se posesionara, terminaría la búsqueda del cadáver. Entonces hubo una actividad intensa. El 2 de julio recibí una llamada de Inchaurregui: Jon, vente, lo hemos encontrado . Cogí un avión a Bolivia, dejé de asistir a la boda de mi hermana y llegué a Vallegrande. Había periodistas: se había filtrado que habían encontrado una tumba con seis guerrilleros más. Los forenses no dijeron quiénes eran. Querían que yo diera la noticia. Ese fue un gran gesto. Nunca voy a olvidar ese hueco en la pista aérea, como dijo Vargas Salinas. Era grande, rectangular. Estaba como a cinco metros de donde habían cavado las primeras fosas. Adentro vi un esqueleto con la cabeza cubierta con una chaqueta militar y un brazo salido, cortado quirúrgicamente. Al lado había un montón de cuerpos tirados. Pero él estaba recostado serenamente. Inchaurregui me dijo en un susurro: ya está identificado: es él . Los cubanos y los forenses me abrazaron. Me estremecí.

Por qué esa fascinación suya con el Che?.

Esto quizás no se lo he dicho a nadie: siempre he pensado que pude haber sido guerrillero… Es que comparto con Ernesto Guevara su indignación ante la injusticia.

Jon Lee Anderson, entre periodismo y aventura.

El 11 de Septiembre, apenas los aviones atravesaron las Torres Gemelas de Nueva York y las convirtieron en bolas de fuego que se desmoronaron, el periodista californiano Jon Lee Anderson, de 45 años, evocó la personalidad guerrera del Presidente Bush, y pensó: Eso es Ben Laden, Bush va a atacar Afganistán . Entonces llamó a su editora y le pidió autorización para viajar. Pasó varios meses, se empapó de esa cultura y en primera fila fue testigo de la invasión. Escribió cuatro grandes reportajes sobre Afganistán, que fueron publicados en la prestigiosa revista The New Yorker y analizados durante un taller que Anderson dictó en Cartagena para la Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano.

Así, impulsado por ese olfato periodístico que, como si fuera un resorte, lo mandó para Afganistán; y por ese espíritu andariego y aventurero que lo ha llevado por medio mundo, Anderson ha ejercido el periodismo desde 1979, ha trabajado para Time y The New Yorker, ha publicado perfiles, entre los que se destacan los de García Márquez, Fidel Castro, Pinochet y Chávez y ha escrito cuatro libros: Adentro de La Liga, sobre las relaciones entre los paramilitares del mundo, Zonas de Guerra, recopilación de voces de campos de batalla, Guerrillas, y Che, Una Vida Revolucionaria, evocación magistral del complejo carácter del Che , según The New York Times.

Ahora confiesa que sueña con escribir el perfil de Manuel Marulanda, porque su vida es una radiografía de lo que ha sido el conflicto colombiano y él es viejo y no va a estar ahí para siempre .

- El antropólogo cubano Héctor Soto (I) con sus colegas argentinos, Carlos Somigliani (2do-I), Patricia Bernardi (C), Alejandro Inchaurregui (2do-D) y su compatriota Roberto Rodríguez (D), excavan el 3 de julio en Vallegrande, Bolivia, 500kms al sureste de La Paz. Los científicos han descubierto los restos de seis cadáveres supuestamente miembros del grupo guerrillero de Ernesto Che Guevara. Los científicos también reportan haber excavado restos de un séptimo cadáver que podría ser el de Guevara.

- El periodista John Lee Anderson está interesado en un perfil de Manuel Marulanda.- La imagen del Che muerto es uno de los íconos más característicos de la crónica del siglo XX