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¿A punto de declararlo loco?

  • Foto del escritor: Patricia Lara Salive
    Patricia Lara Salive
  • 17 abr
  • 3 Min. de lectura

Justo cuando iba a expirar uno de los ultimátums que Trump le dio a Irán y el presidente gringo anunció que, en una sola noche, podía destruir “una civilización entera”, el papa León XIV abandonó su habitual discreción y, a la salida de su palacio de descanso, les dijo a los periodistas que lo dicho por Trump era “inaceptable”.

Entonces el presidente norteamericano se despachó en su red, Truth Social, contra la primera autoridad de la iglesia:

“El papa León es débil con el crimen y terrible en política exterior”, dijo, y agregó: “Me gusta mucho más su hermano Louis, porque Louis es totalmente MAGA. Él lo entiende, ¡y León no! No quiero un papa que piense que está bien que Irán tenga un arma nuclear. No quiero un papa que piense que es terrible que Estados Unidos haya atacado a Venezuela, un país que estaba enviando cantidades masivas de drogas a Estados Unidos y, peor aún, vaciando sus cárceles, incluyendo asesinos, narcotraficantes y criminales, hacia nuestro país. Y no quiero un papa que critique al presidente de Estados Unidos cuando estoy haciendo exactamente aquello para lo que fui elegido por aplastante mayoría. (…) León debería estar agradecido porque (…) no estaba en ninguna lista para ser papa y la Iglesia solo lo puso ahí porque era estadounidense y pensaron que esa sería la mejor manera de tratar con el presidente Donald J. Trump. Si yo no estuviera en la Casa Blanca, León no estaría en el Vaticano (…) Que León sea débil con el crimen y débil con las armas nucleares, no me sienta nada bien (…) León debería ponerse las pilas como papa, usar el sentido común, dejar de complacer a la izquierda radical y centrarse en ser un gran papa, no un político. ¡Lo está perjudicando muchísimo y, lo que es más importante, está perjudicando a la Iglesia Católica!”. Más tarde Trump añadió que él no era “precisamente un gran admirador” de León XIV.

Por fortuna, el papa le respondió que no le tenía miedo. Entonces Trump, enloquecido, acudió a la inteligencia artificial para mostrarse vestido con una túnica blanca y un manto rojo, en pose de Jesucristo tocando la frente de un supuesto moribundo, con niños a los lados, la bandera de Estados Unidos y la estatua de la Libertad detrás y, en el fondo, surgiendo de las nubes, una figura parecida a la de Satanás y unos buitres merodeando alrededor.

Por supuesto, la avalancha de críticas que despertó esa imagen llevó al presidente gringo a borrarla a las pocas horas. Pero ese chistecito, unido a su criminalización de la inmigración, a sus frecuentes amenazas a quien tenga entre ojos, a sus ataques militares en un lugar y otro, a la guerra absurda desatada en el Medio Oriente, a los bombardeos contra Irán y a ese errático comportamiento suyo que tiene a la humanidad al borde de un ataque de nervios, no solo han hecho que se le retiren sus principales aliados, como Meloni, la presidenta de Italia, sino que está llevando a que varios en el mundo y en Estados Unidos piensen que ya es hora de apelar a la enmienda 25 de la Constitución para buscar la forma de declararlo inhábil. A ver si el mundo se ahorra el riesgo de que en un delirio se le dé por hacer que explote la guerra nuclear.


Nota: Con inmenso dolor despido a dos de mis amigas. Decidieron irse al tiempo: la escritora y columnista Aura Lucía Mera, y la profesora de literatura, especialista en Rulfo y Virginia Wolff, María Luisa Ortega. A sus hijos y nietos les mando un abrazo lleno de cariño.

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