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¡No más muerte!

  • Foto del escritor: Patricia Lara Salive
    Patricia Lara Salive
  • 15 ago 2025
  • 3 min de lectura

El asesinato de Miguel Uribe Turbay es un acto atroz, un crimen que nunca ha debido ocurrir, un magnicidio que angustia y entristece al país y llena de dolor a su familia, deja huérfano a su niño, le revive a su hermana Carolina esa tragedia inenarrable cuando su madre, Diana Turbay –también madre de Miguel–, cayó muerta por balas disparadas durante un pésimo rescate de la policía que pretendía salvarla del secuestro en el que la tenía el capo Pablo Escobar. Sí, el asesinato de Miguel Uribe, al parecer perpetrado por alguno de esos grupos dementes que no se cansan de ensangrentar a Colombia (ELN, Disidencias de Iván Mordisco, Nueva Marquetalia de Iván Márquez, etc.) devuelve la memoria a esos años nefastos en los que cayeron asesinados por unos y por otros líderes que, si hubieran vivido, habrían construido una Colombia distinta: Jorge Eliécer Gaitán, Luis Carlos Galán, Rodrigo Lara, Jaime Garzón, Jaime Pardo Leal, Bernardo Jaramillo, Carlos Pizarro, Alfonso Reyes Echandía, Álvaro Gómez Hurtado, Carlos Urán, José Eduardo Umaña, Manuel Cepeda Vargas, Chucho Bejarano, Álvaro Ulcué, José Antequera, los más de 5.000 miembros de la Unión Patriótica caídos en los años 80 y 90, los más de 1.700 líderes sociales y los 463 firmantes de paz acribillados porque esos grupos que se niegan a la paz quieren que parezca que ella fracasó.


Y no ha fracasado. Aquí viven en paz, aportándole a la sociedad, más de 13.000 excombatientes de las FARC que se acogieron a la paz de Santos, y miles más pertenecientes a otros movimientos armados que también se acogieron a la paz de Barco, y a la de Gaviria, y a la de Álvaro Uribe que desmovilizó a las Autodefensas e intentó desmovilizar al ELN. Y gracias a esa desmovilización que hizo Uribe, por ejemplo, Salvatore Mancuso, a quien condenaron por haber cometido no sé cuántos asesinatos y acusaron de haber sido el determinador de 80.000, hoy actúa como hombre de paz.


Pero también hoy, debido a Uribe y a ese odio y a esa rabia que lo invaden y lo tienen al borde de la locura (no de otra manera se explica que hubiera escrito ese trino insultante y repleto de ira contra el expresidente Juan Manuel Santos, uno de los líderes más respetables de Colombia y del mundo) en este país se puede regar el odio como pólvora. Sí, se puede regar el odio mucho más. Y de ese odio exaltado se puede desprender una ola de violencia que rememore la atroz de mediados del siglo XX, aquella que instauró los cortes de franela.


No más odio, ¡por Dios! No más, doctor Uribe, su odio tiene que parar. Y eso va también para el presidente Petro. No más mensajes ni discursos estigmatizantes. No más rabia. No más destrucción. No más violencia verbal. No más muerte.


Hay que acabar de implementar ya el Acuerdo de Paz del 2016. No se le pueden poner más zancadillas. Ya Duque y Uribe hicieron lo posible por hacerlo trizas no obstante que, luego de perdido el plebiscito por la paz, de 59 modificaciones que Uribe y su gente propusieron en la renegociación del Acuerdo, Santos aceptó 57. Pero siguió la pelea y continuó el reguero de cadáveres.


No más, señores de la guerra. Colombia tiene que aprender, ya, a vivir en paz.



Nota: Les envío un abrazo lleno de solidaridad y afecto a Carolina Hoyos Turbay, a quien he pensado con dolor cada día desde que comenzó esta tragedia; a Claudia, a María Victoria y a Julio César Turbay Quintero. Y para Claudia Tarazona, esposa de Miguel y, especialmente, para Alejandro, su niño de cuatro años, mi solidaridad inmensa.

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