Por fin se hizo justicia con Francisco de Roux

Dos años duró sub judice —injustamente acusado dizque por haber obstruido la justicia para encubrir a un pederasta— el padre Francisco de Roux, quien es, ni más ni menos, que uno de los principales referentes éticos de este país. Este país que lo que más necesita es contar con modelos de identificación intachables que les permitan, especialmente a los jóvenes, buscar parecerse a figuras como él en vez de querer ser como esos personajes que obtienen éxito y dinero por montones sin importarles cómo.
En este país que navega entre la cultura traqueta y los billones de pesos que ingresan por concepto de tráfico de drogas y de oro; en esta Colombia en la que cada día nos enteramos de un chanchullo más, de un escándalo más, de una indelicadeza más; en esta tierra adolorida en la que existen casi once millones de víctimas cuya historia, al parecer, quieren ahora borrar, ignorar y olvidar, era una tragedia esa acusación, tan traída de los cabellos como devastadora, que pendía sobre quien fuera presidente de la Comisión de la Verdad. Sí, era una verdadera tragedia no solo por las consecuencias que le trajo desde el punto de vista personal, sino también del de su trabajo social y su posición moral por su condición de referente de verdad para las víctimas.
En lo personal, por delicadeza, Francisco de Roux renunció a la junta directiva de George Town University y pidió que lo retiraran como profesor invitado del Boston College. En cuanto a su trabajo social, sus proyectos con comunidades empobrecidas y maltratadas se vieron afectados porque fundaciones católicas internacionales como la alemana Adveniat, le retiraron el apoyo pues, no obstante que seguían creyendo en él, sus reglamentos les impedían "apoyar financieramente a personas sub judice".
Sin embargo, la situación que más lo afectó fue la posición en la que él sintió que quedó ante las víctimas. Así se ve en el comunicado que emitió una vez el juzgado penal reveló la preclusión a su favor, que significa, ni más ni menos, que no había méritos para acusarlo, que no se configuró delito, que el veredicto es inapelable y que Francisco de Roux es inocente.
Allí dice: "Soy consciente de que buena parte de las acusaciones en mi contra buscaron minar la credibilidad de la Comisión de la Verdad, que presidí. Quiero que las víctimas de todos los actores del conflicto armado y mis compañeros de la Comisión sepan que sentí y viví con ellos ese impacto brutal (…). A quienes dudaron o me prejuzgaron, les tiendo la mano. También a quienes buscaron afectar a personas y causas que me son queridas. Hoy puedo decir con total honestidad y calma que no siento rabia ni los considero enemigos. Conozco y sufro la violencia simbólica y emocional en la que estamos atrapados en Colombia. Seguiré trabajando para que juntos encontremos caminos que nos permitan reconocernos y respetarnos, sabiendo que somos diferentes".
Y luego de haber afirmado que respeta "a las víctimas y a los periodistas que, indignados por la gravedad del crimen cometido por el padre Chavarriaga, cuestionaron públicamente" su actuación y que sus críticas lo "ayudaron a crecer como ser humano", concluye: "Quiero dedicar los años que me restan de vida a trabajar por la paz y la reconciliación de los colombianos, desde la búsqueda de la verdad y la justicia".
Gracias, Francisco de Roux. Ojalá ahora, a sus 83 años, sin ese INRI que le hacía sombra, su trabajo diario en favor de la justicia, de la verdad y de la paz se multiplique.
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