Patricia Lara - Diciembre 1 de 2019

Para romper el diálogo de sordos

Luego del paro nacional del 21 de noviembre, la mayor movilización contra un gobierno que haya tenido lugar en los últimos 42 años, el presidente Iván Duque planteó que se desarrolle una conversación nacional con quienes él quiere y sobre los temas que a él le interesan: lo que él llama la paz con legalidad, que parte seguramente del supuesto de que el Acuerdo de Paz es ilegal, cuando lo que es constitucional; la lucha contra la corrupción, cuando ya más de 11 millones de colombianos votaron una consulta anticorrupción que no quedó en nada; la educación, cuando hay acuerdos surgidos del último paro estudiantil que los estudiantes dicen que no les han cumplido, etc.

Pero resulta que ni los interlocutores que el Gobierno escogió son los promotores del paro, ni los temas de la agenda presidencial son los que generaron esa protesta que ya lleva más de una semana y va para largo, con los perjuicios que de ella se derivan para muchas personas y empresas. Por eso se ha suscitado un diálogo de sordos. Y si el Gobierno no modifica su posición y no atiende los consejos del procurador Fernando Carrillo y de la Bancada por la Paz, mayoritaria en el Congreso, que le recomiendan que reconozca como principal interlocutor al Comité del Paro, que reúne a las centrales obreras y a los movimientos estudiantiles, afro e indígenas, entre otros, la situación se puede complicar y derivar, pasada la Navidad, en una frustración que genere movilizaciones de consecuencias imprevisibles.

Por eso es tan importante que Duque atienda la propuesta que le hicieron el Comité Nacional de Paro, la Bancada por la Paz y el movimiento Defendamos La Paz, para que cree con ellos, y con otros sectores que garanticen la participación efectiva de los jóvenes y de los movimientos indígena, afro y de mujeres, “una Mesa Nacional de Diálogo” que desarrolle un diálogo “incluyente, democrático y eficaz”.

Y le plantearon que dialogue sobre los siguientes puntos: 1) El pliego de peticiones del Comité Nacional del Paro, y el cumplimiento de los acuerdos suscritos con los movimientos estudiantil, campesino y sindical, los pueblos indígenas y afrocolombianos y otros sectores sociales; 2) la implementación integral del Acuerdo de Paz y la posibilidad de que se retomen los diálogos con el Eln; 3) la política de seguridad, derechos humanos y los asesinatos sistemáticos de líderes sociales y de excombatientes de las Farc; 4) la reforma política y electoral, las medidas para luchar contra la corrupción y la agenda legislativa para cumplir con el mandato de la consulta anticorrupción; 5) las medidas para garantizar la protección del medio ambiente; 6) La garantía del derecho a la protesta, y el cese de las acciones violentas contra las movilizaciones pacíficas por parte de la Fuerza Pública y, en especial, del Esmad.

Obviamente que no se trata de que el Gobierno acepte todos esos puntos desde el principio. De lo que se trata es de que abra la negociación sobre ellos con los interlocutores adecuados. Así, se levantaría el paro y se llevaría a cabo ese gran diálogo nacional que tanta falta le hace a este país desde cuando se realizaron las negociaciones de paz en épocas de Belisario Betancur. A partir de ahí, se desarrollaron múltiples diálogos con las guerrillas. Pero falta el gran diálogo nacional. Y esta sería la gran oportunidad de realizarlo en serio. ¡Piénselo, Presidente!

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Patricia Lara - Noviembre 17 de 2019

 

¿Y si cambiamos el chip de la coca?

De un estudio hecho por expertos de la Universidad de los Andes, Pedagógica, el Jardín Botánico de Bogotá y el Instituto Leibniz de Genética de Plantas e Investigación de Cultivos de Alemania, revelado por El Tiempo, se deduce que podríamos obtener un gran beneficio de los cultivos de coca, en vez de permitir que en nuestro territorio el narcotráfico siga acabando con tantas vidas, corrompiendo instituciones y haciéndonos gastar tantos recursos en erradicar la coca.

El estudio, titulado Erythroxylum en el foco: una revisión interdisciplinaria de un género pasado por alto, publicado en la revista Molecules, expone evidencias sobre los usos productivos y benéficos que ofrece la coca, y propone que la planta se aproveche, en la línea médica, para estimular el metabolismo de las grasas y generar mayor disponibilidad de energía en el organismo. Incluso dice que los extractos de coca podrían utilizarse para desarrollar sustancias que combatan la disfunción eréctil, estimulen el desempeño físico, alivien del mal de alturas, reduzcan el hambre y provoquen una sensación de bienestar. Por otra parte, el estudio resalta los componentes nutricionales de la coca, que tiene alto contenido de carbohidratos, proteína vegetal, fibra, vitaminas, caroteno, riboflavina, tiamina, calcio, fósforo y hierro.

Ante la pregunta obvia de si el consumo de esos productos medicinales derivados de la coca generarían adicción, los investigadores afirman que “la evidencia indica que no”, pues la hoja de coca no se puede comparar con la cocaína aislada en clorhidrato que se inhala o se fuma como crac, ni con los sulfatos de cocaína encontrados en el bazuco. Añaden que la cantidad de cocaína que entra en la sangre al consumir la coca natural es casi 50 veces más baja que la que ingresa cuando se inhalan los alcaloides aislados y alterados químicamente.

Es decir, que las que son dañinas son las sustancias químicas con las que se procesa la coca, las cuales en su mayoría vienen de los países desarrollados, y no la coca que producen nuestros campesinos.

Los autores del estudio proponen que se reoriente la producción de coca hacia su uso lícito, de manera que se creen oportunidades de desarrollo sostenible para las zonas rurales y “hasta se menoscabe la creciente demanda de cocaína y, de esta manera, empiece a reducir el narcotráfico desde la raíz”.

La propuesta de esos investigadores y las conclusiones de su estudio merecen la mayor atención de los ministros de Salud, Comercio y Medio Ambiente. Y sería trascendental que el presidente Iván Duque abriera su mente para darle al problema de la coca un tratamiento distinto del que quiere Trump. ¿Qué tal que la planta maldita, en vez de ser la raíz de la mayoría de nuestros males, se convirtiera en una fuente de ingreso fundamental para los cultivadores y para el país?

Sin embargo, para explorar ese inteligente camino, se necesitaría que el Presidente cambiara de chip.

Nota: hay muchos motivos para marchar el 21. Porque van 247 líderes sociales y 90 excombatientes asesinados en este gobierno; porque el Gobierno no oye a las comunidades en riesgo que le imploran que cumpla el Acuerdo de Paz; porque el Presidente ni siquiera se ha disculpado ni les ha dado sus condolencias a las madres de los ocho niños muertos en el bombardeo; porque la paz está en peligro; por esos motivos, más los otros que ustedes tengan, salgamos a marchar el 21 en paz.

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Patricia Lara - Noviembre 3 de 2019

Un nuevo país urbano

Los resultados de estas elecciones son alentadores: muestran un nuevo país urbano, conformado por ciudadanos que ya no les creen a los partidos tradicionales; que no están dispuestos a patrocinar con su voto prácticas corruptas; que buscan nuevos liderazgos; que ya no le comen cuento ni a la extrema derecha de Álvaro Uribe ni a la extrema izquierda de Gustavo Petro; que están hartos de la polarización; que prefieren el Partido Verde; que eligieron en las principales ciudades a alcaldes comprometidos con el Acuerdo de Paz; que no desean que sigamos hundidos en la guerra; en resumen, que sueñan con una Colombia nueva y con unas ciudades incluyentes, equitativas, prósperas, con espacios democráticos y tolerantes de las diferencias.

El triunfo de Claudia López, la primera alcaldesa de Bogotá, le abre la puerta a la toma del poder por parte de las mujeres y consolida una ciudad diversa, en la que se establecerán los presupuestos hechos con participación de la comunidad y se aplicarán las normas contenidas en esa consulta anticorrupción liderada por ella, que obtuvo más de 11 millones de votos y que, por unos pocos, se hundió.

Y la victoria del joven Daniel Quintero en la alcaldía de Medellín sí que es significativa: Daniel, contra todo pronóstico, aplastó en su propia casa a Alfredo Ramos, el candidato del Senador Álvaro Uribe, no obstante que no contaba ni con maquinaria, ni con dinero, ni con grupos poderosos que lo apoyaran, sino sólo con su brillantez, su imaginación, su personalidad cautivante y su habilidad para manejar la comunicación y las redes sociales. Sin lugar a dudas, Daniel hará un gobierno que beneficiará a los pobres pero, al mismo tiempo, que insertará a Medellín en la modernidad y en el avance tecnológico.

Tanto el de Claudia como el de Daniel, y también como el de Jorge Iván Ospina en Cali, serán gobiernos con una sensibilidad de centro izquierda los cuales, unidos a los de Cúcuta, Manizales, Villavicencio, Cartagena y otras ciudades que eligieron alcaldes en alianza con el Partido Verde, tendrán como una de sus prioridades el descenso de los niveles de pobreza.

Si el Presidente Duque se guiara por la lógica política, ese grupo de alcaldes tendría que convertirse en el 'jalonador' de un nuevo rumbo político nacional, a raíz del cual el Presidente decidiera por fin olvidarse de su minoritario y recalcitrante Centro Democrático y aliarse con las fuerzas mayoritarias del Congreso, las que conforman la bancada de la paz (Partidos Verde, Polo Democrático, Liberal, Cambio Radical, de la U, Farc y Movimiento Decentes) para sacar adelante sus proyectos y definir el rostro de una nueva Colombia, democrática e incluyente.

Ese país nuevo fue el que se expresó en las urnas. No escucharlo, u olvidarse de los resultados electorales y seguir adelante, como acaba de decirlo el Presidente Duque, sería un error garrafal. Otro más de los que acostumbra cometer. Otro más de los que llevaron a su partido al desastre electoral.

Notas: Le expreso mi solidaridad a Monseñor Darío Monsalve, arzobispo admirable, dedicado a la defensa de la paz, amenazado varias veces por sus prédicas valientes, quien ha sido víctima de fuertes ataques. ¡Lo respeto y lo admiro enormemente, apreciado Monseñor!

La muerte de Alfredo Molano es un golpe al corazón del periodismo, de su familia y de nosotros sus amigos. ¡Qué falta vas a hacernos, Alfredito! Paz en tu tumba.

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Patricia Lara - Octubre 20 de 2019

Tres libros, tres deudas

En mi receso leí tres libros publicados en agosto, que no quiero dejar de comentar:

El primero, ‘Decidí contarlo’, del exministro de Hacienda y Minas y Energía, mi gran amigo Guillermo Perry, a quien sorpresivamente se le detuvo el corazón un poco más de un mes después de publicado este libro de 530 páginas, que constituye una memoria muy interesante tanto de su vida como de los últimos 50 años de la historia económica y política del país, libro que parece escrito como si Perry hubiera tenido la premonición de que pronto su vida llegaría al final. Para quienes no sabemos economía, y también para los expertos, la lectura de ‘Decidí contarlo’, prologado por el exministro Alejandro Gaviria, es interesante porque, siguiendo un orden cronológico, y salpicando el relato técnico con múltiples anécdotas divertidas, Perry narra los secretos del manejo económico y político del país desde el gobierno de Carlos Lleras Restrepo, a fines de los años 60, hasta el gobierno de Iván Duque. Recomiendo que no dejen de leerlo.

El segundo, ‘Disparos a la Paz’, de los exministros del Interior de Juan Manuel Santos, Juan Fernando Cristo y Rodrigo Rivera, con prólogo del periodista Daniel Coronell, es un relato bien escrito que revela los aspectos desconocidos del proceso de paz, es decir, que no se refiere tanto al proceso de negociación con las Farc, como lo hacen los libros de Santos, de Humberto De La Calle y de María Ximena Duzán, sino que cuenta ese tránsito tortuoso que tuvieron los acuerdos de paz en el Congreso y retrata las zancadillas, o más bien los torpedos, que sectores irresponsables y oportunistas de la clase política le pusieron a los acuerdos. Si la paz fracasa, en gran medida esos políticos serán unos de los principales responsables del desastre. Leer ‘Disparos a la Paz’ no solo vale la pena sino que es casi un deber para quienes deseamos estar bien informados.

Y el tercero es ‘18 de agosto’, un libro extraordinario, escrito por la periodista Gloria Pachón de Galán, viuda del líder del Nuevo Liberalismo, Luis Carlos Galán, asesinado por el narcotraficante Pablo Escobar con la complicidad de políticos corruptos y de agentes de la seguridad del Estado. Pero el mérito de ‘18 de agosto’ (fecha del homicidio de Luis Carlos), no es sólo que cuente la vida de ese carismático dirigente de cuyo asesinato el país no se repone, sino que con un lenguaje ágil y ameno, y organizado bajo una estructura impecable, Gloria relata su vida, desde fines de los años 30, de la mano de su padre, el gran periodista Álvaro Pachón De La Torre y, así, retrata la historia del país.

Y luego, cuando muere su padre en un absurdo accidente automovilístico, y a ella y a Maruja, su hermana, siendo adolescentes, les toca empezar a trabajar, y Gloria consigue empleo en El Tiempo como periodista, cuenta su vida ligada a los personajes y a los acontecimientos de Colombia y del mundo de los que ella escribe y, de esa manera, sitúa al lector en la época y en los sucesos de los años cincuenta y sesenta. Y es entonces cuando Galán ingresa a trabajar en El Tiempo y Gloria muestra su vida de periodista ligada a la de él, de quien tiempo después se vuelve pareja, hasta convertirse en su mano derecha, en su consejera principal y en madre de sus hijos. ‘18 de agosto’ es, en resumen, un libro que uno no puede dejar de leer hasta tanto no lo termina. Sí, es una obra escrita a los 82 años por una gran periodista.

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Patricia Lara - Agosto 25 de 2019

Qué falta haces, Galán

Las imágenes y la oratoria poderosa de Luis Carlos Galán llenaban el recinto de Movistar Arena de Bogotá, la noche del pasado 21 de Agosto, cuando su familia y la fundación que lleva su nombre realizaron un impactante concierto para honrar la memoria de este líder formidable a quien hace 30 años asesinaron por intentar purificar las costumbres políticas en Colombia y combatir la contaminación del narcotráfico en la política.

Pero a medida que escuchaba su voz y veía las distintas fotografías suyas proyectadas en la gran pantalla, se despertaba en mi no sólo la rabia y la frustración que al país le produjo su muerte, sino la nostalgia por la ausencia del amigo, del compañero de trabajo, de ese Luis Carlos a quien conocí a fines de 1975, cuando renunció a la embajada en Italia para trabajar como codirector de la revista Nueva Frontera, dirigida por el expresidente Carlos Lleras Restrepo, de la cual yo era gerente y coordinadora de redacción. Entonces lo evoqué, tantas veces vestido de verde, en su oficina de la vieja casona de la Sociedad Económica de Amigos del País, comunicada con la mía, a la cual yo entraba y salía para consultarle cosas o preguntarle dónde estaba tal o cual papel... Entonces Luis Carlos, muerto de la risa, me señalaba los cerros de papeles que, como si fuera un juzgado, acumulaba en distintos sitios del piso de su oficina, y me decía: “en esa zona”. 

O lo vi escribiendo a mano con esa letra suya que siempre iba en ascenso. O lo recordé contándome las peripecias de sus giras por Santander, a donde viajaba en compañía de su primo Alfonso Valdivieso, en ese jeep que acabó por afectarle la columna vertebral. O lo evoqué en la campaña al Concejo de Bogotá en 1976, cuando él aún no había comenzado a hacer política y nos acompañaba a Luis Guillermo Sorzano (q.e.p.d) y a mí a echar discursos en los barrios. O repasé la foto que tengo en mi estudio en la que Luis Carlos está a mi lado en la inscripción de mi candidatura al concejo de la capital. O lo vi después, cuando él era el líder del Nuevo Liberalismo, pronunciando discursos formidables en Fusgasugá, en Bogotá o en Neiva, junto a Rodrigo Lara, ese otro gran amigo mío asesinado también. 

O lo recordé promoviendo el equipo de fútbol de la revista, del cual su hijo Juan Manuel y mi hijo Jorge eran las mascotas. O lo vi, radiante, acompañando en la clínica a Gloria, su esposa, quien acababa de tener a su hijo menor, Carlos Fernando. O lo recordé en los consejos de redacción que hacíamos en casa del doctor Lleras en los que él se empeñaba en modernizar la revista; en abandonar ese formato enorme que se inventó Lleras y en adoptar uno de revista normal; en los que Luis Carlos proponía temas interesantes y aportaba comentarios informados de política internacional; en los que convenció a Lleras de inaugurar una serie que se llamó Documentos Nueva Frontera en la cual se publicó, por ejemplo, la nueva Constitución Cubana y en los que le dijo que él quería escribir una columna que se llamara ‘Por una nueva manera de hacer política’, columna que escribió mientras trabajó en la revista y en la cual esbozó todas sus propuestas. 

En fin, los recuerdos se me agolparon durante ese espléndido concierto del martes y, en silencio, esa noche, le dije varias veces: ¿Por qué te dejaste matar, Galán? ¡Qué falta me haces, Luis Carlos!

                                                                            ***

Nota: Por vacaciones, esta columna reaparecerá el 20 de Octubre.

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Patricia Lara - Agosto 11 de 2019

¿Mejor la guerra?

Semana.com publicó un titular aterrador: “Duque descalifica el diálogo como salida al problema venezolano”. Más adelante agregaba que “en una entrevista radial replicada por la Presidencia, el Mandatario expresó su desacuerdo con la alternativa del diálogo entre los sectores de Guaidó y Maduro, promovida por el Gobierno de Noruega”.

“Yo veo ese camino (el del diálogo) no solamente inviable, sino creo que sería un pésimo precedente para la humanidad”, afirmó nuestro Presidente. Su argumento era que en las conversaciones de Barbados, auspiciadas por Noruega, país experto en mediación para la terminación de conflictos, el presidente Maduro, según Duque, había dicho: “a mí déjenme convocar a elecciones, pero yo sigo adentro; y adicionalmente me levantan todas las sanciones”.

Que alguien con un conocimiento mediano de negociación, haga esa afirmación, es inaudito, pues una negociación tiene como objetivo, precisamente, que cedan las partes hasta llegar a un acuerdo, sin que importe lo que se pida al comienzo.

Pero mucho más inaudito es que un Presidente, especialmente si es el de un país vecino de otro que está sumergido en un complicado conflicto del cual puede desembocar una confrontación armada que afecte gravemente a las dos naciones, descalifique el diálogo como solución de la crisis: el camino de confrontación abierta, y aún más, el de ser líder de la confrontación, escogido por Duque para lidiar con Maduro, es el más peligroso para Colombia porque no sólo vuelve inmanejable el problema migratorio y la muy difícil situación de la frontera, sino que propicia el que Venezuela se convierta abiertamente en la retaguardia del ELN y de las disidencias.

Obviamente que el mejor escenario para nuestro país es el de que salga Maduro del poder y en Venezuela se celebren unas elecciones limpias y se consolide una democracia incuestionable. Pero las embestidas que han liderado Estados Unidos y Colombia para sacar a Maduro como sea, no han dado resultados. 

No es sino recordar los fallidos intentos por hacer ingresar a Venezuela los camiones con ayuda humanitaria, por dividir al Ejército de ese país, por provocar un golpe de Estado o por generar una insurrección… Todo ha fallado… Y lo más probable es que el bloqueo económico que acaban de decretar los Estados Unidos contra Venezuela, en vez de tumbar a Maduro, lo consolide aun más en el poder, como ocurrió en Cuba con Fidel Castro, quien supo manejar la situación con enorme inteligencia, de modo que logró, a partir del bloqueo, aumentar el apoyo a su gobierno.

En cambio al diálogo propiciado por Noruega no se le ha dado toda la oportunidad: avanzaba aunque lentamente, Colombia se oponía, pero sectores importantes del Gobierno de Estados Unidos lo veían con buenos ojos. 

No obstante ahora, con la decisión gringa de bloquear a Venezuela, Maduro canceló la asistencia de sus delegados a la cita que tenían esta semana. Pero Venezuela dejó las puertas abiertas para continuar la negociación, ya que afirmó que se “dispone a revisar los mecanismos de ese proceso a fin de que su continuación sea realmente efectiva y armónica con los intereses de nuestro pueblo”. 
Y Noruega, por su parte, dijo que estaba en contacto con las partes para acordar nuevas reuniones.

El camino del diálogo mediado por Noruega es el único que aún no ha fracasado, que es sensato y que podría salvar a Colombia y a Venezuela de quedar inmersas en una guerra absurda.

Recapacitemos…

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Patricia Lara - Julio 28 de 2019

El maltrato a los niños siembra violencia

Ahora que acabamos de realizar esa multitudinaria marcha en muchos lugares del país y del mundo para gritar ‘NO MÁS’ asesinatos de líderes sociales, y ‘NO MÁS’ muertes de exguerrilleros que se acogieron a la paz, vale la pena analizar los resultados del estudio de violencia contra los niños, que acaba de dar a conocer el Ministerio de Salud, porque justamente una de las causas profundas de que los seres humanos se vuelvan violentos es haber padecido violencia en la infancia. Así me lo explicaron detalladamente en 1995 los doctores Otto y Paulina Kemberg, psicoanalistas, expertos mundiales en las llamadas personalidades fronterizas, justamente las que tienen muchas de esas personas que se vuelven violentas. A ellos tuve el privilegio de entrevistarlos para la revista Cambio16 Colombia. Entonces afirmaron que el principal generador de violencia es haber padecido en la infancia violencia física, luego psicológica y después sexual.

Y según esta encuesta realizada por el Ministerio de Salud a fines del 2018, a 5218 personas entre 13 y 24 años, el 41,4% de los colombianos menores de 18 años (40,8% de mujeres y 42,1 % de hombres), han padecido algún tipo de violencia física, psicológica o sexual.

La violencia física en la infancia, que es la que más desencadena comportamientos violentos en la edad adulta, ha sido padecida por el 26,5% de las mujeres y por el 37,5% de los hombres.

La violencia psicológica en la niñez, ejercida por padres, cuidadores o parientes adultos, la han soportado el 21,2% de las mujeres y el 9,5% de los hombres.

Y la violencia sexual la han sufrido el 15,3% de las mujeres y el 7,8% de los hombres. Hay que resaltar que el primer incidente de violencia sexual en menores de 18 años ocurre principalmente en la casa (71,6 %).
Todo lo anterior nos lleva a la conclusión de que si de verdad (genuinamente como tanto repite el presidente Duque), se quiere erradicar la violencia de este país, el gobierno tiene que empezar por crear una masiva escuela de padres y de madres; por desarrollar una gigantesca campaña entre ellos y entre los cuidadores de menores para que no les peguen a los niños; para que entiendan que la letra con sangre no entra; para que no los maltraten psicológicamente; para que no los abandonen ni los amenacen con abandonarlos o dejarlos de querer si no se comportan de tal manera; para que no los agredan sexualmente; en una palabra, para que los respeten, los quieran y los rodeen de afecto.

Y para lograr ese propósito, el gobierno tendría que ponerle atención a la grave situación de salud mental de los colombianos y considerarla una prioridad, porque mientras las mamás y los papás estén invadidos de sentimientos de rabia y de rencor contra sus propios padres, madres o agresores, o contra ellos mismos, es muy probable que vuelquen esa agresividad contra sus hijos y que perpetúen, así, la cadena de violencia.

Pero no, los gobiernos, -todos- no parecen entender ese punto; consideran el tema de infancia como un asunto menor; lo adscriben casi siempre al despacho de las Primeras Damas; gastan el presupuesto en cosas no tan prioritarias y, así, seguimos incrementando los ciclos de violencia.

Los presidentes -todos- tendrían que entender que para lograr llevar la violencia casi a cero en los próximos 15 años, tendrían que desinvertir en armas y en represión, e invertir mucho más en educación.
Mientras eso no se haga, estaremos perdidos.

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Patricia Lara - Julio 14 de 2019

Necesitamos un líder, Presidente

"Nos podemos unir todos en que reciba su merecido por burlarse de la Justicia”, decía un titular de la Revista Semana a propósito de una frase pronunciada por el presidente Duque sobre el fugitivo ‘Santrich’.

Entonces pensé: es verdad, como dice el Presidente, que la orden de capturar a Santrich, tomada por la Corte Suprema, la esperábamos todos porque nos indigna que él se haya burlado de la Justicia.

¿Pero tiene sentido que el Presidente, quien es el principal líder de Colombia, un país profundamente dividido, herido por la guerra y necesitado de tener un sueño que convoque a toda la ciudadanía, haga un llamado para que lo que nos una sea el propósito de castigar a un delincuente?

Es obvio que castigar a los delincuentes es obligación del gobierno. Sin embargo, ¿no se le ocurren metas más grandes que de verdad puedan unir a los colombianos en torno a un propósito común?

Por ejemplo, Duque podría fijar como meta que seamos cada día más educados; que cuidemos el medio ambiente; que construyamos valores que desarrollen la solidaridad, la conciencia de lo público y el respeto por los derechos de los demás…

Y si esos propósitos no le llaman la atención, podría decir que nos convoca para que seamos más conscientes al hacer nuestro trabajo de modo que aumentemos la productividad y el país crezca más.

O puede plantear que nos hace un llamado para que nos unamos en torno a lograr que los niños crezcan sin maltrato y que las mujeres seamos respetadas.

En fin, hay muchas ideas positivas que el Presidente puede abanderar para unir al país.

Sin embargo, hay un propósito urgente y, por ahora, mucho más importante que todos: el de inculcarnos el respeto y el aprecio por los líderes sociales; el de mostrarnos la labor positiva que desarrollan estas personas a quienes están matando sin que el Estado parezca hacer nada eficaz para evitarlo; el de pedirnos que nos unamos para que cada colombiano se convierta en defensor y guardián del líder social que tenga más cerca.

No obstante, para que el Presidente pueda inculcar el respeto y el aprecio por los líderes sociales, tiene que comenzar por sentirlo él. Uno no oye al Presidente censurar sistemáticamente el asesinato de líderes sociales. Uno no siente que su protección sea una de sus prioridades.

Sin embargo, para ser justos, hay que decir que esta semana la vicepresidenta, Martha Lucía Ramírez, se reunió con algunas líderes con el fin de escucharlas y desarrollar medidas de protección colectiva. Y eso es lo que justamente hace rato están pidiendo los líderes sociales. Pero esa fue una labor de la Vicepresidenta, en el marco de sus políticas de género. Sin embargo, Duque, ¿qué manifestaciones ha hecho?

El Presidente tiene que replantearse su forma de liderar al país. Sus mensajes no pueden estar llenos de contenidos negativos. Colombia está urgida de tener un líder que sea capaz de sacar a la luz los valores positivos de su gente y de convocarla en torno al propósito fundamental de construir entre todos un mejor país.

Nota: Como se lo prometí, me disculpo ante un padre de un hijo autista que se molestó porque afirmé en mi columna pasada que “se necesita que el presidente Duque salga de su autismo...". Dice él que utilizar ese calificativo “dificulta el camino de inclusión que buscamos darle a las personas con autismo y, en general, con cualquier tipo de discapacidad”. No fue mi intención herirlo, apreciado lector. Lo siento.

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Patricia Lara - Junio 30 de 2019

Gobierno autista

El jueves entraron las siguientes informaciones al chat del grupo Defendamos la Paz, en el que participan desde parlamentarios de Cambio Radical, los partidos de la U, Liberal, Verde, Polo Democrático, Farc, y los movimientos En Marcha, Colombia Humana, Decentes, hasta líderes sociales, víctimas, artistas, intelectuales, empresarios, columnistas, exministros, etc.:

1. Las autoridades en Tuluá reportaron el asesinato del líder social José Arled Muñoz Giraldo, quien era desplazado del municipio de Belén de Umbría (Risaralda). Giraldo llegó en el 2012 a Tuluá luego de haber sido víctima de un atentado por parte de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). El dirigente era, además, parte de la Mesa Municipal de Víctimas y desde allí defendía los derechos de las personas en situación de discapacidad producto del conflicto armado. Sin embargo, a raíz de su trabajo social, empezó a reportar diferentes amenazas.

2. En zona rural de Montelíbano, Córdoba, fue hallado con señales de tortura y las manos atadas a la espalda, el cadáver del campesino Manuel Gregorio González Segura, beneficiario del Pnis, quien había desaparecido desde el pasado miércoles. La Asociación de Campesinos del Sur de Córdoba, de la que González era miembro, denunció que algunas de sus pertenencias fueron regresadas, al parecer, por un hombre que pertenecería al Clan del Golfo.

3. Amenazan de muerte a Yaneth Mosquera, líder social elegida como mujer Cafam en 2007. Lo hicieron a través de un panfleto firmado por las denominadas Águilas Negras, donde la declararon objetivo militar. Según el comunicado, los líderes de las comunidades negras estarían poniendo trabas al proceso de construcción de la doble calzada Popayán - Santander de Quilichao. “Es mejor que se vayan porque los vamos a acabar con hijos y todo”, dice el comunicado. “Les repetimos: la doble calzada va porque a nosotros nos pagan para sacarlos del camino, señora Yaneth Mosquera”.

Y así ocurre siempre. A ese chat nos llegan dos o tres reportes diarios de asesinatos y amenazas de líderes, como nos llegó ese comunicado macabro en el que se anunciaba que en Tierralta, Córdoba, iban a matar a la “mujer del chatarrero”. Y a María del Pilar Hurtado la mataron días después, ante la mirada aterrada de su niño que daba alaridos de dolor.
Y ahora esperamos que ¡el Estado haya tomado medidas para que no maten a Yaneth Mosquera!

Pero es que el Estado parece impotente ante lo que ocurre. O, más bien, parece completamente ausente de la situación. Por ejemplo, El Espectador del viernes publicó un informe en el que queda claro que las distintas instancias del gobierno, en lugar de actuar ante las alertas tempranas que emite la Defensoría del Pueblo, más bien se dedican a controvertirlas. Y mientras discuten o se hacen los ciegos, matan a los líderes.

De hecho, según la Defensoría, el 80% de los homicidios se han presentado en municipios advertidos en alertas tempranas. Y los asesinatos se han producido sólo en 99 municipios.

O sea que si el gobierno, con el presidente Duque a la cabeza, le pone toda la atención a las alertas tempranas y manda al Estado, con todo su poder y, lo que es más importante, con toda su voluntad política, a hacer presencia en esos pocos municipios, las muertes se reducirían en un 80%. Pero, para eso, se necesita que el presidente Duque salga de su autismo, actúe con energía, y gobierne para todo el país; no sólo para los que lo aplauden de su partido.

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Patricia Lara - Junio 16 de 2019

 

Las explosivas verdades de Sergio Jaramillo

Uno de los más duros negociadores con las Farc, Sergio Jaramillo, concedió dos entrevistas explosivas: una, en perfecto inglés británico, a la cadena CNN, en la que sostuvo que, no obstante que la parte del acuerdo que tiene que ver con la transformación de las Farc de guerrilla armada a partido político, ha sido un éxito, el gobierno de Duque está haciendo muy poco para cumplir los puntos diseñados para garantizar la no repetición de la violencia, como es el caso de la reforma rural integral y de los compromisos de repartir 3 millones de hectáreas y de formalizar otros 7 millones, tema crucial del Acuerdo de Paz dado que, en Colombia, el 55% de la tierra carece de títulos. Y otra, concedida a Blu Radio, en la que puso el dedo en la llaga del caso ‘Santrich’. Y aun cuando sobre el tema no reveló nada nuevo, al decirlo alguien de su conocimiento y ponderación, sus afirmaciones se convirtieron en dinamita. Veamos:

Jaramillo afirmó que todo lo que giraba en torno al caso ‘Santrich’ “huele mal” y que en declaraciones a Blu Radio y a RCN el exfiscal general, Néstor Humberto Martínez, reconoció que “la Fiscalía no participó en la principal operación donde recogieron la evidencia”, lo cual “es completamente ilegal en Colombia”. Jaramillo se preguntó entonces por qué se hizo esa operación, por qué “los americanos no la realizaron con los grupos que la DEA tiene para eso en Colombia en cooperación con el CTI de la Fiscalía General y con la Policía Judicial; insistió en que el exfiscal Martínez dijo que la de ‘Santrich’ había sido una operación de entrampamiento, y manifestó: “supongamos que ‘Santrich’ es culpable y que todo lo que está diciendo la DEA es cierto; pero ¿quién fue el que decidió que había que realizar una operación de entrampamiento contra Santrich? Porque uno hace una operación de entrampamiento contra una organización de crimen impenetrable, cuando quiere derrumbarla y no consigue la evidencia para hacerlo. Pero ‘Santrich’ no había estado en el tema de la droga, jugó un papel muy menor en el conflicto y subió su perfil por el papel muy importante que jugó en la negociación”.

Y Jaramillo comentó: “si uno sabía cómo funcionaban las Farc, era obvio que el efecto que iba a tener esa operación iba a ser devastador sobre la estabilidad del proceso porque la gente de las Farc, que a diferencia de ‘Santrich’, sí estaba en la guerra y sí estaba metida en los asuntos de la coca, iba a pensar; ‘oiga, si a Santrich le metieron semejante operación, entonces imagínense a nosotros’. Y claro, vino el pánico, y media docena de comandantes de primer nivel salieron corriendo a la clandestinidad porque pensaron que también les iban a echar mano. Entonces uno se pregunta: ¿Quién tomó esa decisión francamente hostil contra el proceso de paz? Yo creo que hay muchas preguntas que aun se deben aclarar, más allá de la misma responsabilidad de Santrich”, afirmó Jaramillo y, por ese motivo, se manifestó complacido de que la Corte Suprema de Justicia se hubiera encargado del proceso y dijo que “la única solución” era “dejar que las instituciones funcionen. Y hasta ahora han venido funcionando”, concluyó.

Entonces, luego de leer atentamente las declaraciones del más duro de los negociadores con las Farc, ¿quiénes creen ustedes que quisieron tirarse el proceso de paz? ¿La DEA? ¿El exfiscal Martínez? ¿Quién? Que lo diga la Corte Suprema...


#AdiosALaGuerra
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Patricia Lara - Junio 2 de 2019

 

Camino del acuerdo

Tras la tempestad comienza la calma. Pero lo más triste es que la tempestad hubiera podido evitarse, y el presidente Duque hubiera podido ahorrarse el garrotazo que sufrió en el Congreso y en la Corte Constitucional, a raíz de su empeño en sacar adelante el embeleco uribista de objetar la Ley Estatutaria de la Justicia Especial para la Paz (JEP). Pero, como actuaron impulsados por la mala fe, la solución no llegó y, en lugar de venir la calma, la tempestad estalló.

Me explico: el argumento principal de Duque para sustentar sus objeciones a la JEP fue el de que, si la ley quedaba como estaba, se les abriría la puerta de la garantía de no extradición a terceros que acudieran a la JEP con la disculpa de brindar verdad pero que, en realidad, fueran narcotraficantes. Ese argumento lo apoyaban el exfiscal general Néstor Humberto Martínez, la Embajada Norteamericana y el senador Uribe.

Entonces, en medio del álgido debate que sobre las objeciones de la ley hubo en el Senado, al senador liberal Luis Fernando Velasco inspirado en una idea del columnista Héctor Riveros, se le ocurrió proponer, como fórmula de arreglo para calmar el temor a que se afectara la extradición, esgrimido por los uribistas, el exfiscal y el embajador gringo, que se aprobara una ley aclaratoria que dijera algo tan sencillo como esto: “Interprétese (…) que la expresión “otras personas” contenida en el artículo 153” de la ley estatutaria de la JEP “se refiere a personas naturales sometidas a la Jurisdicción Especial de Paz, es decir, terceros, particulares o agentes del Estado, y miembros de la Fuerza Pública por conductas cometidas con anterioridad al 1 de diciembre de 2016, por causa, con ocasión o en relación directa o indirecta con el conflicto armado. Dicha garantía de no extradición se concede a quienes estén ofreciendo verdad plena en el componente de justicia del Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y no Repetición y solo en tanto resulte necesario para garantizar el derecho de las víctimas y de la sociedad de la verdad”.

Pues bien, con esa propuesta, en ese momento, estuvieron de acuerdo casi todos: los partidos Liberal, Cambio Radical, de la U, Verde, Polo Democrático, Decentes, Colombia Humana, Farc, algunos conservadores y, según mis buenas fuentes, el exfiscal Martínez, el Embajador de EE.UU., e incluso, el presidente Duque. Pero Uribe y su Centro Democrático, a pesar de que para sus adentros aprobaban la propuesta, se opusieron porque, para ellos, el cuento del peligro en que se ponía la extradición era una disculpa ya que, lo que de verdad querían y lo que quieren, es tirarse la JEP.

Sin embargo, como no pudieron hacerlo, porque los senadores de Cambio Radical y del partido de la U con los que Uribe creía contar no votaron a favor de las objeciones, y como no funcionaron las presiones que ejercieron sobre los magistrados de la Corte Constitucional para que avalaran la posición del Presidente, ahora sí parece que se abre la posibildiad de que se apruebe esa ley interpretativa que dejaría contentos a todos menos a uno: Uribe, a quien me cuentan que Duque espera sacarle el sí.

Pero si Uribe insiste en el no, lo cual sería absurdo porque estaría perjudicando la extradición, ¿Duque no podría liberarse de su ‘presidente eterno’ y ordenarle a su partido apoyar la ley? ¡Así se produciría el milagro del gran acuerdo! Aún cuando, como el uribismo es minoría, tampoco se necesitarían sus votos para aprobar la ley…

@patricialarasa 

Patricia Lara - Mayo 19 de 2019

“Ese día nos mataron a todos”

Porque hay que pararlo como sea, me uno a la campaña #UnLíderEnMiLugar, iniciada por el periodista Daniel Samper Ospina, que busca mostrarle al país el rostro de esos líderes sociales a quienes están matando y que no son, como muchos creen, indios y negros estúpidos y ‘castrochavistas’, sino dirigentes comunitarios brillantes y cultos que luchan para impedir que las bandas armadas y las economías ilegales acaben con sus territorios.

Para mí es un honor cederle mi espacio hoy a Karolina Guerrero Obregón, abogada de la Universidad Santiago de Cali, especialista en Derecho Penal, candidata a Magíster en Derechos Humanos de la Universidad Javeriana, líder social, como dice ella, “por coherencia y por convicción”.
 

Karolina Guerrero, lideresa social.

Foto: Cortesía para El País

“El 11 de octubre de 2011 marcó mi vida y me cuestionó sobre el ser y el quehacer de un líder social: apenas terminaba la Universidad y debía acompañar una movilización. Por cosas del destino, de Dios, quizás, no llegué al lugar… 
A las 12:30 las noticias informaban el infortunio del día: el cuerpo de mi amigo Jan Farid había volado en pedazos por la Calle 5: me rompí; sentí el temor que nunca había sentido. Ese día el terrorismo logró lo que quería: atemorizarnos. Ese día nos mataron a todos. Pero eso ayudó a reafirmarnos en los que éramos, en lo que somos, en lo que queremos seguir siendo: Defensores de Derechos Humanos”.

“Hace 15 años decidí dedicar mi vida al activismo étnico y social. Las emociones han sido constantes: momentos de felicidad, dolor, lágrimas, desazón, ganas de renunciar…”. “Pero la necesidad de forjar un mejor país hace que nos reconstruyamos y nos volvamos más fuertes. A partir de aquel suceso, y con un hijo de un año, decidí dedicarme al trabajo comunitario, bajarle al activismo político directo y concentrarme en asesorar jurídicamente a las víctimas, como parte del proceso de defender y garantizar derechos. Es así como vivo en Bogotá para asesorar a la Asociación Nacional de Afrocolombianos Desplazados”.

“En medio de ese afán por estar en el territorio, y después de trabajar por el Norte del Cauca con la Asociación de Consejos Comunitarios, volví a la tierra que me vio crecer y que me hizo sentir esa necesidad de luchar por lo que consideramos justo. De Buenaventura me había ido en 1999, cuando el paramilitarismo empezaba a tomarse la ciudad y las historias urbanas asustaban a las familias con hijos. Soy la menor de tres hermanos, y ya escuchábamos rumores de cómo los paras echaban ácido en el abdomen de las niñas que usaban blusas cortas, o de cómo arrancaban las orejas a los jóvenes que usaban aretes”.

“Nos fuimos. Pero siempre permanecimos conectados con el territorio, a través de nuestras prácticas diarias, de las fiestas patronales, de las navidades. Pese a todas las advertencias de familiares y amigos, volví. El riesgo de vivir en un lugar donde coexisten tantas violaciones a derechos humanos, es que regresas al ojo del huracán. Porque nacimos para esto, para acompañar, para servir, para defender. Es por ello que nos indigna que nos ofrezcan guerra antes que soluciones que ayuden a salir de la crisis humanitaria, sanitaria y social por la que atraviesa Buenaventura, como pretendió en algún momento el hoy Senador Álvaro Uribe, al invitarnos a votar contra la Paz: el increparlo, nos costó nuestra paz personal”.

“Hoy somos Paro Cívico. Y, curiosamente, reclamamos lo mismo que me hizo despertar las ganas de luchar: que tengamos unas condiciones de vida digna...”.

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Patricia Lara - Mayo 5 de 2019

Cuando el jefe de la minoría sabía de dignidad

Eran otros tiempos…

Corría 1973. Entonces el expresidente Carlos Lleras Restrepo era el jefe único del Partido Liberal y Alfonso López Michelsen, el hijo pródigo, había lanzado su precandidatura.

López, un enemigo del Frente Nacional, había fundado el Movimiento Revolucionario Liberal (MRL) y había sido derrotado en 1962 por el abuelo de la senadora Paloma Valencia, el conservador Guillermo León Valencia, quien era el candidato del Frente Nacional, dado que la alternación en el poder de los antiguos partidos en guerra era el principal compromiso de ese pacto de paz que acabó con esa violencia y que firmaron Alberto Lleras, en representación del Partido Liberal, y en la del Conservador Laureano Gómez, un ultra godo expresidente, parecido en sus posiciones y en su virulencia al Álvaro Uribe Vélez de hoy.

La rebeldía de López causó una crisis dentro del Partido, que se solucionó cuando el liberal de izquierda, Carlos Lleras, ganó la presidencia como candidato del Frente Nacional y López, que encontró coincidencias ideológicas con él, disolvió el MRL y, en 1967, ingresó al gobierno como gobernador del Cesar y luego fue su canciller hasta el final.

Sin embargo, en 1973, Lleras y López se encontraron en orillas distintas pues el expresidente también aspiraba a la precandidatura liberal.
La otra fuerza del partido la lideraba el entonces embajador en Londres, Julio César Turbay, a quien le encantaba hacer política a punta de mermelada. Lleras se oponía a esa práctica y emprendió una cruzada para acabar con el clientelismo y depurar el liberalismo.

El 30 de junio de 1973 se reunió la Convención Nacional. El ambiente era tenso: sobre el tapete estaban las dos candidaturas. Turbay le jugaba a la que le ofreciera más. En el orden del día sólo figuraban temas administrativos.

En el receso, Lleras invitó a sus amigos íntimos a almorzar en el Club de Abogados. Recuerdo que cuando estábamos a manteles, si mi memoria no falla, el exministro Augusto Espinosa llegó con el cuento de que Turbay, por teléfono desde Londres, proponía un pacto del estilo de intercambiar el apoyo a la candidatura de Lleras por la garantía de que el nuevo gobierno, a punta de mermelada, lo impulsara como candidato para las elecciones de 1978.

Lleras guardó silencio. Al terminar el postre, cerca de las cuatro de la tarde, él, vertical, valiente, insobornable, se levantó y dijo: “¡Las ideas no se negocian. Somos minoría y vamos a actuar como minoría!”.
Nadie entendió qué quería decir. Entonces, solo, ese líder formidable, se acercó a una mesa aledaña y, en silencio, durante más de una hora, hizo innumerables carambolas de billar.

Hacia las seis de la tarde se reanudó la Convención. Lleras pidió la palabra e hizo una propuesta suicida, que nadie imaginó: solicitó que se definiera esa misma noche, y mediante votación nominal, quién sería el candidato único del Partido Liberal. Sus amigos nos miramos aterrados. Yo me puse a llorar.

La derrota se produjo. Lleras salvó al país de que, al ir el liberalismo dividido, ganara la Presidencia el hijo de Laureano, Álvaro Gómez, el rival conservador.

Entonces salió del recinto con la frente en alto y la dignidad intacta.
¡Qué buena lección para estos tiempos de indignidad en que, valiéndose de argucias indefendibles, el partido de gobierno y su jefe, el expresidente Uribe, a base de triquiñuelas, pretenden desconocer las mayorías para hacer trizas la paz!

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Patricia Lara - Abril 28 de 2019

Atentado contra la lógica

Sin que pretenda desconocer un fallo de la justicia, creo que se le fueron las luces al Consejo de Estado al quitarle la curul a la Representante a la Cámara Ángela María Robledo, quien llegó a esa posición no porque hubiera aspirado a ella, sino porque, en su condición de fórmula vicepresidencial del segundo candidato en votos, tiene ese derecho en virtud de las garantías que se otorgan en el estatuto de la oposición. 

El Consejo de Estado consideró que la Representante, quien pertenecía al Partido Verde, incurrió en doble militancia, pues el artículo 107 de la Constitución señala que quien sea miembro de una corporación pública debe renunciar a su curul 12 meses antes del primer día de las inscripciones si desea aspirar, por un partido distinto, a la siguiente elección. ¡Pero Ángela María no quería aspirar al Congreso, y no aspiró!


Y ese no es el único absurdo: ¿cómo va a aducirse doble militancia en este caso si Colombia Humana, movimiento por el que ella fue candidata, no existe como partido? ¿O es que le van a conceder la personería jurídica?

Y otro absurdo: ¿por qué no utilizó el Consejo de Estado el mismo rasero usado en este caso cuando falló la demanda por doble militancia contra la vicepresidenta, Martha Lucía Ramírez?

Y el principal de los absurdos: ¿cómo puede el Consejo de Estado quitarle a Ángela María su curul y, de un tajo, arrebatarles a los ocho millones de colombianos que votaron por ella para la vicepresidencia el derecho que tienen a contar con su vocería en la Cámara de Representantes? Ocurre que como para esa curul no hay reemplazo posible, en este caso, a quienes se les arrebató el derecho fue a esos ocho millones de colombianos que votaron por ella, no a Ángela María Robledo como persona. 

Algún recurso tiene que existir para que se corrija semejante disparate que atenta contra toda la lógica. Ojalá, en este caso, pueda acudirse a una tutela y un juez sensato nos restablezca el derecho a contar con su vocería.

Mientras tanto, sólo queda agradecerle a Ángela María su trabajo inteligente y constante en defensa de la paz y de los valores democráticos. Nunca le escuchamos una expresión desobligante ni una actitud salida de tono. Siempre se comportó como una tejedora de consensos. Y eso es lo que este país tan dividido necesita.

Estoy segura de que, en cualquier lugar que ella se encuentre, seguirá defendiendo esos principios y esos valores.

¡Y eso es muy importante en este momento! Porque como dice Humberto De la Calle en su libro ‘Revelaciones al final de una guerra’, parece como si en el plebiscito del 2 de octubre se hubieran perdido varios plebiscitos, entre ellos el de “la visión abierta y liberal de la sociedad colombiana”.

Y esa visión abierta y liberal de la sociedad, a la que ya nos habíamos acostumbrado, no nos la vamos a dejar arrebatar. Angela María, y muchos más, ¡seguiremos luchando para defenderla!

* * *
Muy poco contundentes han sido las reacciones del Ministro de Defensa y de los altos mandos por la muerte de un excombatiente de las Farc a manos del Ejército en Campo Alegre, Norte de Santander. Los testimonios de la población son muy claros: no sólo lo asesinaron sino que quisieron ocultar su cadáver. Pero los pobladores lo impidieron. ¡Máxima diligencia y celeridad deben mostrar el gobierno y demás autoridades en el esclarecimiento y en la sanción de este caso, que bien parece un nuevo crimen de Estado!

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Patricia Lara - Abril 7 de 2019

Acuerdo tardío

Después de 26 días de bloqueo de la carretera Panamericana por la minga indígena, por fin se llegó a un acuerdo provisional que contempla la inversión de 800.000 millones en territorios indígenas por parte del gobierno, y el desbloqueo de la vía por 36 horas mientras el presidente Iván Duque va a dialogar con los dirigentes de la minga.

Sin embargo esa solución tomó demasiado tiempo.

Por una parte, Duque se dejó sorprender por una situación que desde hace tiempo se gestaba, y no hizo nada para evitarla. Es decir, no hizo lo que en un velado jalón de orejas por Twitter dijo el senador Uribe que había hecho él: “Nunca permití bloqueos, llegábamos antes”.

Por otra, se metió en la sin salida del punto de honor y se empeñó en que él no dialogaría con los indígenas mientras no lo levantaran. Pero si en medio del bloqueo tenía a sus ministros, es decir, al gobierno, dialogando con ellos, ¿qué trabajo le costaba, por ejemplo, inventarse un taller Construyendo País con la minga, como se lo sugirió el defensor del Pueblo Carlos Alfonso Negret?

Pues no, el Presidente se empeñó en su punto, dejó crecer la protesta, y no evitó -al desactivarla a tiempo- los muertos, los heridos, la carestía, el malestar y las pérdidas millonarias que a los empresarios les dejó el bloqueo de la vía. Es que Duque, definitivamente, no ha aprendido a manejar esas situaciones: no es sino recordar cómo dejó crecer la protesta estudiantil, toreó a los estudiantes al reunirse sólo con los rectores y acabó cediendo y negociando con los estudiantes directamente. ¿Cuántos problemas se hubiera evitado si lo hubiera hecho desde el principio?

Y con el Eln pasó lo mismo. En columna publicada aquí el 2 de diciembre, titulada ¿Duque quiere guerra?, yo respondía: “Así parece, a juzgar por el punto muerto en que el gobierno tiene la negociación con el Eln, la cual, como Duque la ha planteado, no avanza y en cambio sí puede conducir a que ese grupo se canse de insistir en que por favor alguien vaya a La Habana a conversar con ellos; concluya que con Duque no hay caso; y opte por volver a la guerra”. Un poco más de un mes después, ocurrió el horrendo atentado a la Escuela de Policía General Santander en Bogotá. 


¿Cuántos muertos y cuánto dolor no se hubieran evitado si el Presidente no se hubiera enredado en los puntos de honor en que se entrampó con el Eln, siendo que ellos hubieran podido tratarse en la mesa de negociación?

Y volviendo a la minga, ¿qué trabajo le hubiera costado a Duque ir al principio a hablar con los indígenas como lo hicieron sus antecesores Juan Manuel Santos y Álvaro Uribe? Así lo demuestran las fotografías del maestro Jesús Abad Coronado, publicadas en Semana. Santos, incluso, les pidió perdón a los indígenas por la estigmatización en su contra y por los muertos que les causó el conflicto. Y lo mismo debería hacer Duque pues los siguen estigmatizando y siguen siendo víctimas de la violencia, sin que el gobierno haga nada efectivo para evitarlo.

Los indígenas tienen razón en muchos de sus planteamientos. Gran parte de la tierra que les han dado es inproductiva. (Recomiendo la columna del experto Alejandro Reyes Posada: https://www.elespectador.com/opinion/la-solucion-constitucional-de-la-minga-indigena-columna-848732). El problema indígena tiene solución. Pero, para encontrarla, primero hay que respetar a los indígenas, mirarlos a los ojos... Y eso le corresponde hacerlo al Presidente de todos los colombianos.

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Nota: Por motivo vacaciones, esta columna reaparecerá el próximo 5 de mayo.

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Patricia Lara - Marzo 24 de 2019

¿Quién lo entiende?

¡Qué difícil es entender al presidente Duque!

¡Es incomprensible que haya embarcado al país en esta incertidumbre institucional y en estas eternas discusiones jurídicas sin sentido sobre sus objeciones a seis artículos de la ley estatutaria de la Justicia Especial para la Paz (JEP)!

¡Su actuación se hace más incomprensible si se tiene en cuenta que, después de meses de desgaste, de polarización y de pérdida de tiempo, la realidad lo devolverá al mismo punto de partida, porque la Corte Constitucional se reafirmará en su posición y la ley estatutaria quedará intacta!

¡Y su acción se torna todavía más difícil de comprender porque fue efectuada después de que muchos columnistas y dirigentes políticos le advertimos los efectos negativos que tendría!

Entre ellos, los siguientes:

1. Que Duque perdería gobernabilidad pues se realizarían múltiples protestas contra el gobierno y la mayoría de los partidos se alinearían contra él. Ya lo anterior ha ocurrido: ha habido nutridas manifestaciones de protesta, y los partidos de la U y el Liberal anunciaron que, al igual que los de oposición, hundirán las objeciones.

2. Que se echaría encima la comunidad internacional y generaría malestar en la Corte Penal Internacional y en las Naciones Unidas. Ya el canciller Carlos Holmes Trujillo, así quiera disimularlo, regresó con el rabo entre las piernas de su visita a la Corte Penal y de su reunión con el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, quien destacó la importancia de la JEP y reiteró “las preocupaciones expresadas anteriormente por la ONU con respecto a la incertidumbre en torno a la adopción de la ley estatutaria”.

3. Que provocaría un choque de trenes y generaría malestar en la Corte Constitucional. Ya ha habido varias manifestaciones de juristas que así lo indican y, no obstante que la Corte fue prudente al inhibirse de contestar la consulta que le hizo el Presidente de la Cámara sobre si era pertinente que el Congreso estudiara las objeciones, ya dejó claro que sería ella la que tendría la última palabra.

4. Que incomodaría a centenas de militares que se han sometido a la JEP y que se sienten cómodos de estar siendo juzgados por esa instancia.

5. Que provocaría desconfianza e inseguridad jurídica en los desmovilizados muchos de los cuales, ante el miedo y la incertidumbre, y decepcionados con los incumplimientos del gobierno en lo que se refiere a los proyectos productivos, podrían sumarse a los desertores o incorporarse a las Bacrim. Sobre ese punto no hay datos todavía. Pero lo que sí se sabe es que la violencia va en aumento: han crecido los homicidios y las amenazas, y se han multiplicado de manera escandalosa las masacres.

Y no es difícil imaginar la razón: no es sólo porque el Estado no ha hecho la presencia debida en los territorios y porque las bandas armadas se disputan las rutas del narcotráfico, sino porque el Presidente y su gobierno, con su nuevo lenguaje y con sus actuaciones, han desestimulado el cumplimiento de los acuerdos de paz o, lo que es lo mismo, han estimulado la activación de la guerra.

¡Que todos esos efectos de la decisión de Duque de objetar la ley estatutaria de la JEP no los hubiera previsto, sería incomprensible!
Pero más incomprensible sería que el Presidente los hubiera previsto y, sin embargo, la hubiera objetado a sabiendas de que así estimularía el resurgimiento de la guerra!

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Patricia Lara - Marzo 10 de 2019

Por favor, no nos envenenen

La fumigación con glifosato es “éticamente indefendible”, afirmó ante la Corte Constitucional el exministro de Salud Alejandro Gaviria, conocedor del tema no sólo porque siendo ministro lo estudió a fondo, sino porque su condición de paciente recuperado de un linfoma non Hodgkin, uno de cuyos causantes es el glifosato, lo llevó a investigarlo en profundidad.

“Si la salud es un derecho fundamental, el Estado no puede actuar en su contra”, dijo Gaviria. “Eso significa que no solo se debe tener en cuenta la certeza del daño, sino la potencialidad del daño”.

Es que si hay evidencias que muestran que el glifosato puede ocasionar cáncer, que tiene una alta probabilidad de aumentar la mortalidad infantil, que ocasiona problemas dermatológicos y respiratorios y que puede interferir en el desarrollo embrionario, ¿cómo puede el Estado pasar por encima de la salud de sus pobladores y, por darle gusto a Trump, envenenarlos masivamente a base de forzarlos a respirar glifosato y a convivir con ese veneno que, en el caso de la fumigación de la coca, se usa en unas concentraciones altísimas?

Además al fumigar la coca con glifosato el Estado no sólo estaría envenenando a los campesinos, sino que estaría agravando el problema social y de orden público porque los cultivadores no sólo se sentirían agredidos sino que, para sobrevivir, sembrarían coca en otro lugar o, lo que es peor, empezarían a trabajar para bandas armadas como las Autodefensas Gaitanistas o Los Caparrapos, que están al servicio de los carteles mexicanos, siembran el terror en varias regiones, les garantizan a quienes ingresan a ellas un pago de un millón de pesos mensuales y reclutan niños menores de once años, como sucede en el Bajo Cauca.

Genera angustia que el presidente Duque y su gobierno no se den cuenta, como lo estableció el informe de Naciones Unidas sobre el monitoreo y la verificación del programa de erradicación voluntaria de cultivos de coca, que la solución de llevar a los campesinos a las buenas a cambiar la coca por otros cultivos y facilitarles opciones distintas para que sobrevivan, es la única que a la larga es eficaz en la lucha contra la proliferación de cultivos ilícitos: según el informe de la ONU, mientras que la resiembra de cultivos ilegales es del 35 % cuando se realiza la erradicación forzada, ella desciende al 0,6 % cuando la gente erradica los cultivos de manera voluntaria.

El gobierno tiene que entender que si quiere obtener resultados a mediano y largo plazo, a las patadas las cosas no le van a funcionar. (¡A no ser que lo que el Presidente quiera sea envenenar con glifosato vastos territorios del país para mostrarle a Trump que las cifras de hectáreas cultivadas con coca bajaron, sin que le importe que después, cuando él se esté yendo de la Presidencia, la coca se multiplique!).

Como tantas veces se ha dicho, la lucha contra el narcotráfico es desgastante e ineficaz. Razón tiene el expresidente Santos al afirmar, como lo hizo en la Corte Constitucional, que “el objetivo de la lucha mundial contra las drogas debe ser el de quitarles las rentas ilícitas a los ilegales”. Y, para lograrlo, debe haber “una adecuada regulación de una oferta y un consumo debidamente autorizado, legalizado, como ya se hace en varios países. Lo ideal, dijo, “es alcanzar un consenso al respecto en la comunidad internacional, pero falta mucho para que se dé”.

Sin embargo, mientras ello ocurre, ¡la solución del gobierno no puede ser envenenarnos!

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Patricia Lara - Febrero 10 de 2019

El delito de cantar

Poca trascendencia se le ha dado a algo muy grave: la prohibición del ingreso al país del cantante venezolano Omar Enrique, ‘El príncipe del merengue’, uno de los artistas invitados al Carnaval de Barranquilla.

¿Y qué impide que ese famoso merenguero, quien se ha presentado varias veces en La Arenosa, cumpla su compromiso de abrir el Carnaval el 2 de marzo, día de la Batalla de Flores? Pues que el gobierno de Iván Duque, representado en este caso por Christian Krüger Sarmiento, director de Migración Colombia, lo incluyó en la lista de los 200 venezolanos considerados personas non gratas por su cercanía con el régimen de Maduro y, por ello, le prohibió ingresar al país.

¿Y cuál es el ‘delito’ del que el gobierno Duque acusa al autor de ‘Déjame acompañarte’ y otros éxitos musicales? Que amenizó actos en favor de Chávez y de Maduro y puso a bailar al Presidente venezolano y a su mujer.

¿Y eso qué significa? Algo que, si no fuera tan grave para los principios democráticos, más bien haría reír. Que todo parece indicar que para este gobierno puede ser delito cantar.

De todo lo anterior se desprende algo realmente preocupante: que el gobierno Duque considera lícito atropellar la cultura por razones políticas; que para este régimen se está convirtiendo en delito tener una opinión distinta; y que Duque le está dando a su administración un tinte cada vez más parecido al de la dictadura que quiere destruir.

Las dictaduras se caracterizan por creer que ellas son las dueñas de la verdad y que todo el que piense distinto merece la cárcel o el destierro. Por esa razón, y porque al parecer vamos caminando a marchas forzadas hacia un régimen de recorte de las libertades, es que el director de Migración Colombia, Christian Krüger Sarmiento, se cree con derecho a declarar que “no vamos a permitir que personas que le han hecho tanto daño a nuestros hermanos venezolanos se paseen por nuestro país sin importarles las consecuencias de sus actos”.

Vamos como el cangrejo en términos del respeto a las libertades de pensamiento y opinión: ya el director de Rtvc quiso ‘matar’ un programa de televisión porque su realizador se manifestó contra la ley de las Tics; ya la Presidenta del Centro Democrático calumnió por Twitter a la periodista Vicky Dávila; ya han comenzado a aparecer las amenazas contra los periodistas que señalan la corrupción o que piensan de manera distinta a como el régimen cree que se debe pensar; ya el gobierno se cree con derecho de imponer algo que nunca se había visto en este país: las listas de excluidos por razones ideológicas.

Al paso que vamos, en Colombia no podrán presentarse Silvio Rodríguez, ni Pablo Milanés, ni Chico Buarque; ni Roger Waters, fundador de Pink Floyd; ni a Barranquilla podrá ir a ver fútbol Armando Maradona. Y si el poeta Pablo Neruda viviera, tampoco podría ingresar al país.

¿A ese infierno de represión y de privación de los valores culturales nos quiere llevar usted, presidente Duque? ¿Qué pasaría, por ejemplo, si Silvestre Dangond, ese cantante que le encanta y con el que tanto se abrazó en su campaña, volviera a lucir la camiseta con el letrero de ‘chavista y silvestrista’? ¿Lo desterraría?

Todo eso es ridículo. Y muy peligroso. Es que en la lista pusieron incluso a Ronald Ramírez, presidente de Monómeros. Y lo deportaron desde Barranquilla. ¿Qué garantías van a creer que tienen en Colombia otros directivos de empresas extranjeras?

Ese no es el camino, presidente Duque.

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Patricia Lara - Enero 27 de 2019

En la mitad de la guerra fría

Que Colombia pudiera llegar a quedar en la mitad de un conflicto mundial, que parecía bastante improbable, era algo que no cabía en la cabeza de nadie.

Pues no, señores, resulta que ahora, dada la crisis generada por el desastroso gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela, la cual nos ha impactado directamente con la llegada de cerca de dos millones de inmigrantes venezolanos que huyen del hambre en su país, y dada la actitud protagónica del gobierno del presidente Duque, que se ha vuelto el alfil de Trump en la región, en este momento estamos ad portas de que nos estalle un conflicto de escala mundial a dos centímetros de nuestra frontera.

Dado el manejo imprudente que a mi juicio le ha dado este gobierno a la crisis de Venezuela, la situación para nosotros, como país fronterizo y carne de cañón, no puede ser más peligrosa: por una parte, estamos de mandaderos de Trump, quien no descarta la opción militar en Venezuela; por otra, hemos toreado al máximo, al loco e impulsivo Maduro; por otra más, el plan para tumbar a Maduro no está siendo tan fácil de ejecutar como los gobiernos de Estados Unidos y Colombia creían, porque los militares venezolanos le manifestaron su apoyo a Maduro, en la OEA faltaron dos votos para que obtuvieran la mayoría que le permitiera al organismo reconocer como primer mandatario al Presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, quien se autoproclamó Presidente interino de Venezuela y, como si lo anterior fuera poco, las otras dos grandes potencias, China y Rusia, no reconocieron a Guaidó y apoyaron a Maduro. 

Es más, Rusia, que hace poco parqueó por unos días dos poderosos aviones de combate en Venezuela, señaló que esta maniobra es una “violación al derecho internacional” y una “usurpación del poder” por parte de la oposición.

Al cerrar esta columna, ya se acercaban a veinte los muertos en las protestas callejeras del vecino país; Maduro había roto relaciones con Estados Unidos, había exigido que sus funcionarios abandonaran el país y el plazo para que salieran estaba a punto de cumplirse; por orden de Trump, la mayoría iba a irse de inmediato de Venezuela, pero iban a quedar cerca de treinta; y en una reunión del Consejo de Seguridad de la ONU, convocada por Estados Unidos, iba a tratarse la crisis de Venezuela, no obstante que Rusia se oponía a que allí se estudiara el tema.

Hoy se ven cuatro posibles desenlaces de la crisis: que un sector de los militares, lo suficientemente poderoso, decida darle un golpe a Maduro, lo cual no parece probable por ahora; que se dé una negociación política entre la oposición y el sector menos recalcitrante del chavismo, quizás con la mediación de México y con el auspicio de la Unión Europea, y que convoquen a elecciones y le encuentren una salida a Maduro y a los militares, que es la opción más sensata y deseable; que Maduro se atornille en el poder con el apoyo, por razones geopolíticas, de Rusia y de China; o que estalle una guerra civil.

Desgraciadamente, las dos últimas opciones parecen las más probables. Y, en ambas, los más perjudicados, después de los venezolanos, seríamos nosotros: porque con la animadversión de Maduro, y con el Eln, lanzado a una guerra máxima para pelear con Duque y ayudarle a su amigo de Venezuela, la situación para los habitantes de nuestra frontera, y para los colombianos en general, se tornaría casi invivible.

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Patricia Lara - Diciembre 30 de 2018

¡No se la pierdan!

Todos tendríamos que ver la película Roma del director mexicano Alfonso Cuarón, estrenada hace poco, no sólo por ser una obra maestra del cine y por ser considerada la mejor película del año por la mayoría de los críticos, sino porque constituye un alarido contra ese machismo arrollador y estúpido que padecemos, de una u otra forma la mayoría de las mujeres, sin distingos de clases, en todas las sociedades patriarcales como las de México y Colombia donde se reportan anualmente más de cien mil casos graves de violencia contra las mujeres y las niñas, pero donde debido al pánico que nos da denunciar a los agresores (generalmente nuestras parejas), se calcula que las mujeres violadas o atacadas violentamente asciendan a trescientos mil. ¡Y ni qué hablar de las maltratadas psicológicamente!

No obstante que los comentarios hechos sobre Roma tanto por Cuarón, director, guionista y productor de la película, como por los múltiples críticos que han hablado sobre ella, han destacado que la cinta es un retrato realista y descarnado de las diferencias de clases y de las jerarquías de castas en la sociedad mexicana de los años 70, a mi juicio lo que Roma logra es que el espectador aborrezca ese machismo que tanto daño hace y tanta violencia desencadena en nuestras países.

La obra, autobiográfica, cuenta la historia de Cleo, quien trabaja como empleada de una familia de clase media alta que vive en la Colonia Roma de ciudad de México, la misma donde creció Cuarón, y quien día a día padece la evidente discriminación de la que es víctima por parte de los dueños de casa pero la cual, al estar disfrazada de cariño, se le vuelve casi imperceptible. 

Sin embargo, en realidad la película refleja la vida de Liboria Rodrígez, Libo, la empleada doméstica indígena que crio al director desde que tenía nueve meses de vida y quien, según dice él, es uno de los seres que más ha amado en su vida. 

Para escribirla, Cuarón entrevistó minuciosamente a Libo y recorrió con ella los lugares de su infancia. Pero la película retrata, además, a la madre de Cuarón, abandonada afectiva y económicamente por su marido cuando sus cuatro hijos eran niños, por lo cual se vio abocada a trabajar en lo que pudo para criar a sus pequeños. Y a tiempo que Roma refleja el abandono sufrido por la madre, hace que nos conmovamos hasta las lágrimas por el padecido por Cleo, quien queda embarazada de un imbécil que desnudo, en una escena magistral, ostenta su virilidad al desplegar durante segundos eternos sus habilidades en las artes marciales frente de la mirada atónita de Cleo, quien va a tener con él su primera relación y después será abandonada sin que inicialmente se dé cuenta de ello, cuando estando en el cine Cleo le cuenta que espera un hijo suyo.

La película tiene, además, como telón de fondo la violencia desatada por la masacre de Corpus Christi (ocurrida el 10 de junio de 1971) y el auge de grupos paramilitares mexicanos.

Es mucho lo que podría decirse de este largometraje de Cuarón quien en 2014 ganó el Oscar como mejor director. Y ya empezó a arrasar con los premios con Roma, su más reciente cinta, que obtuvo el León de Oro como mejor película del Festival de Venecia y está entre las favoritas de los Premios Oscar que se entregarán en el mes de febrero, donde competirá con nuestra obra maestra, la colombiana Pájaros de Verano.
Por eso, no se la pierdan…

                                                                                        ***

¡Feliz año, queridos lectores! Volveremos a encontrarnos el 30 de enero.

Patricia Lara - Diciembre 16 de 2018

Caminando sobre la muerte

Es algo simple: de lejos parece una construcción a medio hacer, vacía, sin paredes, con un techo sin adornos, soportado por vigas negras que descansan sobre baldosas de un negro opaco, sin brillo, martilladas... Sin embargo, al entrar por un corredor que a la derecha tiene una gran pared de vidrio tras la cual se asoman las ruinas de una casa antigua, y al llegar después a esa estructura vacía para caminar sobre ella, se me erizó la piel.

- ¿Qué pasó?-, me pregunté.

Fui a la calle e ingresé de nuevo, pero por una puerta distinta. Desemboqué en el mismo sitio: la piel se me erizó con más intensidad ahora, y permaneció así mientras estuve en el lugar. Y en este instante, cuando escribo esta columna, vuelve a erizárseme de la cabeza a los pies: es que estoy reviviendo esa sensación desconocida que tuve al sentir que caminaba sobre las armas entregadas por las Farc, convertidas hoy en ese piso fundido y martillado por mujeres que fueron violadas por paramilitares, militares y guerrilleros.

Es que pisé esos fierros malignos transformados en una obra de arte que demuestra que, a diferencia de lo que dicen los autistas, aquí sí hubo conflicto, y contrario a lo que creen los escépticos, aquí sí terminó esa guerra, aun cuando queden otras las cuales, si el gobierno de Duque tuviera un mínimo de inteligencia, de humanidad y de conocimiento de lo que han sido estos 73 años de guerra padecidos por los colombianos, que concluyeron en el 2016 con la firma de los acuerdos de La Habana, y optara por regar con agua, y no con gasolina las brasas que aún permanecen encendidas, las guerras que todavía tenemos terminarían para siempre. 

Sí, es que caminé sobre esos fusiles entregados por las Farc y comprobé que en verdad se desarmaron, y ahora podremos pisar cuando queramos esos vehículos de muerte, porque se transformaron en esta obra fantástica, concebida por la gran escultora bogotana Doris Salcedo, quien ha dedicado su vida, como deberíamos hacerlo todos, a escuchar a las víctimas y a entenderlas.

Construir esta obra compuesta por 1300 placas metálicas que cubren 800 metros cuadrados, con la fundición de las 37 toneladas de armas que entregaron las Farc, le produjo a ella “una gran felicidad”, como se le dijo al periodista Armando Neira, “porque destruir armas significa salvar vidas. Pero esa primera alegría se ensombrecía en la medida en que veía que las Farc cumplieron entregando sus armas, pero nosotros no les hemos cumplido con lo acordado”.

Y cuenta el periodista Nelson Fredy Padilla que, para Doris Salcedo, presenciar durante tres horas la fundición de esas armas, fue “un acto que dignifica, un momento en el que, sin asesinar a nadie, sin disparar una sola bala (…) se destruyeron nueve mil armas de fuego”.

“Nosotros pudimos, a través del diálogo, desarmar a 12.500 guerrilleros y milicianos”, dijo Salcedo. “Fue mucho más eficaz acabar el conflicto por medio del diálogo que (…) de la guerra (…). Fue un momento en el que sentí que el horror en este país es posible porque a nadie le importa la historia de las víctimas”.

Esta obra llamada ‘Fragmentos’, localizada cerca de la Casa de Nariño (Carrera 7 # 6B- 30), quiere dar tantas versiones de nuestra historia como personas la visiten, a ver si de pronto “todas las versiones convergen y logramos un espacio de convivencia pacífica”, para acabar, por fin, con todas nuestras malditas guerras…

¡Feliz Navidad, queridos lectores!

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Patricia Lara - Diciembre 02 de 2018

¿Duque quiere guerra?

Así parece, a juzgar por el punto muerto en que el gobierno tiene la negociación con el ELN, la cual, como Duque la ha planteado, no avanza y en cambio sí puede conducir a que ese grupo se canse de insistir en que por favor alguien vaya a La Habana a conversar con ellos; concluya que con Duque no hay caso; y opte por volver a la guerra. Y eso sería nefasto porque, por las características del ELN, las Fuerzas Armadas, -me lo han dicho dos Generales-, no están en condiciones de combatir a ese grupo con la misma eficacia con que combatieron a las Farc. Para lograrlo, tendrían que realizar un trabajo de inteligencia que les tomaría años. Y, mientras tanto, el país se incendiaría…

Veamos los hechos: esta semana, Duque se negó a recibir a la Comisión de Paz del Senado que en carta firmada por senadores de Cambio Radical, el Partido Liberal, el Verde, el Polo, Decentes y las Farc -con la ausencia del Centro Democrático-, le pidió una audiencia “para expresarle los elementos con los que” creen que pueden “ayudar a reactivar el proceso de diálogo” con el ELN.

El Presidente no oyó a los senadores con el argumento de que “no hay ninguna otra respuesta distinta de carácter institucional para aproximar a ese grupo armado. No podemos aceptar la violencia como un mecanismo de presión o un mecanismo de llegar a ningún tipo de encuentro con el Estado”. Pero aclaró que “el Ejecutivo mantiene la voluntad política de seguir el camino dialogado para acabar el conflicto”. Sin embargo, implícitamente lo que Duque le pide al ELN es que, sin dialogar, acabe el conflicto.

La respuesta presidencial es grosera, contradictoria y torpe. Es grosera, porque la Comisión de Paz del Senado se limitó a solicitarle una cita y no la recibió. Es contradictoria porque mientras con hechos, como ese de no aceptar dialogar con los senadores, Duque demuestra que no le interesa conversar para llegar la paz, con palabras dice lo contrario. Y es torpe porque Colombia se convertiría en un infierno ingobernable si el ELN pone a todos sus frentes a operar y arranca a volar oleoductos, a hacer atentados, a colocar bombas y a secuestrar a lo loco, contando, además, con la retaguardia de Venezuela, país gobernado por el imprevisible Maduro, a quien nuestro Presidente no se cansa de torear.

Entonces, como están las cosas, el gobierno dice que no dialoga con el ELN hasta que no devuelva a los secuestrados y cese la violencia. Y el ELN, -que ya ha devuelto a diez o más desde cuando se posesionó Duque-, pide que el gobierno dialogue para acordar todos los puntos. Es más, solicita que Gabino, su jefe máximo, sea parte de la mesa de diálogo. Y Duque, en lugar de aceptar esa propuesta tan positiva para la posibilidad de llegar a la paz, no sólo insiste en su no, sino que exige que Cuba cumpla la circular roja de la Interpol, expedida por solicitud de la Fiscalía, y entregue a Gabino, quien fue a Cuba a recibir tratamiento médico por petición del gobierno de Santos.

Y a todas estas, ¿existe una lista de secuestrados del ELN que el gobierno haya elaborado? Y si existe, ¿no sería sensato que el Comisionado viajara a La Habana para ponerse de acuerdo con el ELN en los nombres de secuestrados cuya liberación se pide? ¿Qué tal que algunos estén muertos? ¿Y no convendría retomar logros como el del acuerdo sobre desminado que se consiguió hace unos meses entre el ELN y el gobierno?
¿O es que lo que Duque quiere es la guerra?

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Patricia Lara - Noviembre 18 de 2018

Duque en la olla

No debe sorprender que, al cumplir sus primeros cien días de gobierno, la imagen del presidente Iván Duque se haya desplomado del 54 al 27 por ciento, y que el porcentaje de colombianos que consideran que las cosas van por mal camino haya ascendido de 59 a 74 por ciento, según la última encuesta de Invamer Gallup realizada para la Revista Semana, Blu Radio y Noticias Caracol.

Pero ¿cómo no va a ser así, si por más fuerza que hacemos los colombianos para que a nuestro Presidente le vaya bien, no vemos que ejerza liderazgo alguno y, en concreto, no sabemos cómo quiere manejar el país ni a dónde desea dirigirlo? 

¿Cómo no va a ser así si durante la campaña electoral se había comprometido a no subir impuestos y lo primero que se le ocurrió proponer fue clavar con un IVA impagable los productos de la canasta familiar que consumen los más pobres? 

¿Cómo no va a ser así si dijo que iba a combatir la corrupción y su gobierno se ha hecho el bobo con los proyectos anticorrupción surgidos de los once millones de votos que obtuvo esa consulta? 

¿Cómo no va a ser así si los estudiantes colman las calles de las distintas ciudades pidiendo que les den el presupuesto necesario para que los techos de sus aulas no se les caigan encima y le solicitan al Presidente que los reciba y este no lo hace –tal vez por falta de tiempo- pero sí recibe al famoso Maluma que canta canciones con letras tan idiotas como esa de que “si con otro pasas el rato, vamos a ser felices los 4 y agrandamos el cuarto”? 

¿Cómo no va a ser así si están aumentando los homicidios? ¿Cómo no va a ser así si es la hora en que los colombianos no sabemos cómo es el país con el que su Presidente sueña? 

¿Cómo no va a ser así si dice que quiere impulsar su economía naranja para fomentar las empresas culturales y con su Ley de Financiamiento va a acabar con los incentivos de la ley del cine que ha hecho que el cine colombiano dé un salto adelante? 

¿Cómo no va a ser así si sólo vemos a su “presidente eterno” dirigiendo un partido, el del presidente Duque, que contradice la mayoría de las cosas que el gobierno propone?

¿Cómo no va a ser así si el Congreso no marcha? ¿Cómo no va a ser así si, en resumen, no vemos un norte?

Y, lo que es más grave, es que a los cien días de gobierno, los presidentes están en plena luna de miel con la opinión: Uribe, en noviembre de 2002, tenía una aprobación del 74 por ciento y, luego, logró la hazaña de mantenerse por los 80.

Santos, en noviembre del 2010, había alcanzado el 73 por ciento y, en noviembre del 2014, a los cien días de su segundo mandato, cuando ya llevaba a cuestas gran parte del costo político del proceso de paz, su favorabilidad estaba en el 59. 

Por eso, que a los cien días de gobierno, Duque esté apenas un poco por encima del nivel más bajo de Santos, debe hacerlo reflexionar: hoy, cuando aún está a tiempo, al Presidente le queda una salida: tomar las riendas del país, bajar a Uribe de su pedestal, ponerlo en su puesto, hacerle sentir que el que manda es él, liderar el Congreso, y acordar con cada uno de sus ministros el rumbo de su sector y, luego, señalarles, en conjunto, el rumbo de Colombia. Es que eso, aún, parece como si el Presidente no lo hubiera hecho…

                                                                                              *** 

Y a todas estas, el Fiscal General ¿cuándo piensa irse? ¿Acaso cree que el país le reconoce hoy la autoridad moral para ejercer con dignidad su cargo?

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Patricia Lara - Noviembre 4 de 2018

La Corte Penal al acecho

Esta semana ocurrió un hecho político sin precedentes: se produjo un acuerdo entre dos archienemigos: Álvaro Uribe y Gustavo Petro. Lo suscribieron también miembros del Partido Verde, el liberal Luis Fernando Velasco, el senador de Cambio Radical Rodrigo Lara y otros.

Se trataba de hacerle una modificación a la JEP que ‘beneficiara’ a los militares: en el texto concertado Uribe aceptaba que no se conformara una sala aparte para juzgar a los militares, como pretendía antes, a cambio de que Petro accediera a que se nombraran 14 magistrados nuevos, especializados en temas militares, que estudiaran los casos de los oficiales sometidos a la JEP, y que se estableciera que “para los procesos ante la sección de no reconocimiento la sola confesión de quienes se sometan o puedan ser llamados a comparecer ante la JEP, no podrá ser prueba suficiente” en su contra. Y en todo ello cedió Petro porque Uribe comprometió su palabra, públicamente, a que no le hará más modificaciones a la JEP aun cuando, como zorro político que es, dijo que seguirá criticándola.

Sin embargo ese pacto, que parecía tan bueno, tuvo una falla gigantesca: que no obstante que se trataba de una modificación al Acuerdo de La Habana, no fue concertado con las Farc, el otro signatario del pacto. Y sin ellas no podía aprobarse porque más o menos equivalía a casarse sin pedirle el consentimiento al consorte.


Ya las Farc dijeron que, si pasa la reforma, le solicitarán a la Corte Penal Internacional que intervenga. Además es muy probable que si el Congreso lo aprueba, y no lo hunde la Corte Constitucional, lo cual también es probable, acabe perjudicando enormemente a los militares, pues lo más seguro es que, si ello ocurre, intervenga la CPI que tiene en la mira a los uniformados acusados de cometer más de tres mil asesinatos en casos de falsos positivos.

Así lo acaba de advertir el vicefiscal de la CPI, James Stewart, en su reciente visita a Colombia. Él fue muy enfático al afirmar que “la fiscal de la CPI, Fatou Bensouda, ve con preocupación unos aspectos de las reglas de procedimiento de la JEP que fueron aprobadas por el Congreso”.

Y también manifestó que “la creación de una sección y de un procedimiento separados para las Fuerzas Militares, que los separe del marco existente de la JEP, creará un mayor retraso en la realización de la justicia para casos que requieren atención urgente. Esto será visto de forma negativa por parte de la Fiscal de la CPI”.

De manera que la intervención de la CPI para garantizar que se haga justicia en los casos de los falsos positivos, es una amenaza real. Y si bien no se aceptó crear una sección independiente para los militares, el que se nombren magistrados para juzgarlos, que pudieran ser considerados por la CPI como proclives a absolverlos, también puede provocar esa intervención.

De modo que ojalá se hunda el texto concertado en los 7 debates que faltan.

Entre otras cosas, tampoco sería grave que ello ocurriera: es que la JEP les gusta a muchos: a los guerrilleros, a los paramilitares, a los militares (cada vez se acogen más Generales a ella) y a la CPI. A los únicos que nos les gusta es al Fiscal General al que la JEP le hace competencia, y a Uribe y Cía., quienes tal vez les temen a las confesiones que se hagan ante ella.

Así que como decía el vicefiscal Stewart, “permitan que los magistrados de la JEP hagan su trabajo. Y apóyenlos”.

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Patricia Lara - Octubre 21 de 2018

¡Hasta siempre, Roberto Burgos!

Cuando el martes a las 9:00 p.m. salí de cine y prendí mi celular, me encontré con uno de los mensajes más tristes que he recibido en el último tiempo: “Patricia, murió el compadre Roberto Burgos”, me decía en un WhatsApp, así, a secas, el periodista Oscar Alarcón.

Roberto había muerto de una sucesión de infartos impredecibles. Hacía poco más de un día había regresado de Cartagena, esa ciudad tan suya de la que nunca se desprendió, a la que tanto le escribió y a donde había ido a encerrarse unos días para adelantar un libro.

A Roberto el corazón le arrancó la vida justo en el momento en que estaba recibiendo los mayores reconocimientos literarios, pues hacía un par de meses había ganado el Premio Nacional de novela por su último libro ‘Ver lo que veo’, así como antes había obtenido el Premio de Narrativa José María Arguedas Casa de Las Américas y había quedado de finalista del Premio Rómulo Gallegos con su novela ‘La ceiba de la memoria’.

Es que Roberto Burgos era una hormiguita para el trabajo. Se ganaba el pan, bien como abogado o como director del programa de escritura creativa de la Universidad Central y, luego, entre 5:00 p.m. y 10:00 p.m., se encerraba con su literatura y creaba los textos más elaborados, más delicadamente escritos. Por esa disciplina suya y esa pasión por el oficio, produjo una obra extensa: en 1980 publicó su primer libro de cuentos, ‘Lo amador’; en 1984 sacó su primera novela, ‘El patio de los vientos perdidos’, quizás la obra suya que más me gusta; en 1987 apareció su libro de cuentos ‘De gozos y desvelos’; en 1992, su novela ‘El vuelo de la paloma’; en 1995, su otra novela ‘Pavana del ángel’; en 1998, su recopilación de cuentos ‘Quiero es cantar’; en el 2007, su novela monumental ‘La ceiba de la memoria’; en el 2009 los cuentos ‘Una siempre es la misma’; en el 2010, la novela ‘Ese silencio’; en el 2013, su último libro de cuentos, ‘El secreto de Alicia’; en el 2015 su novela ‘El médico del emperador y su hermano’; y en el 2017 su último libro, ‘Ver lo que veo’.

Pero Roberto, además de buen escritor, era ante todo un buen ser humano y un gran amigo. Lo había conocido hace casi 40 años, por la época en que publicó ‘Lo Amador’, porque era tal vez el amigo más cercano de Eligio García Márquez, mi compadre. Entonces nos volvimos compadres por analogía. Y ese compadrazgo se tornó mucho más intenso a raíz de esos meses tan largos y tan tristes que compartimos al acompañar a Eligio en el calvario de su agonía y al sufrir juntos, por igual, el vacío de su ausencia prematura.

Roberto Burgos era un ser dulce, discreto, solidario, generoso. “Comadre”, me había escrito en el último correo que me envió el 24 de agosto, al día siguiente de la presentación de mi libro ‘Adiós a la guerra’. “¡Qué acto más conmovedor! de una verdad aplastante y un poder de transmitir el dolor que parece ajeno y resulta también nuestro. Hacía falta un libro así. Hasta pronto”, me había dicho.

¡Qué iba a imaginarme yo que ese “hasta pronto” sería su último adiós! ¡Qué iba a pensar que esa parranda que con Óscar Alarcón habíamos planeado hacerte, querido Compadre, iba a quedar truncada por tu muerte! ¡Qué iba a creer que tan pronto ibas a irte tú también, Roberto Burgos Cantor!

Ahora, sólo me queda decirte ¡descansa en paz, Compadre!

Y a Dorita, a Alejandro y a Pablo, les digo: los acompaño en su dolor.

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Patricia Lara - Octubre 7 de 2018

Sólo se les ocurre reprimir

Para mostrarle a Trump que se hace algo contra el narcotráfico y, de paso, contentar a las mamás, lo que se le ocurre al Presidente es prohibir la dosis personal de droga y poner la solución del problema de la drogadicción en manos de la Policía, justo en momentos en que en cada vez más estados de los Estados Unidos se permite no sólo el consumo de la marihuana para uso medicinal, sino también para uso recreativo.

(¡Ya se le olvidó al presidente Duque que hace nueve años él publicaba columnas donde no sólo se mostraba a favor de que existiera la dosis personal, sino que se decía partidario de que esta fuera de aprovisionamiento, es decir, que les permitiera a los adictos disponer de matute por varios días!).

Además, a estas alturas, el Presidente no ha dicho mayor cosa o nada, tal vez, de cómo va a prevenir el consumo, de cómo va a educar a los padres para que críen hijos de forma tal que no resulten propensos a la adicción y, lo que es muy importante, de cómo va a eliminar la corrupción de la Policía. Porque si la Policía que va a requisarlo a usted o a sus hijos porque sí, para esculcarlos a ver si llevan droga, es tan corrupta como la mayoría de los policías de tránsito que lo paran uno para ponerle comparendos cuando lo que quieren de verdad es cobrar una coima, lo que va a suceder es que va a crearse un problema mayor, porque no se va a solucionar la drogadicción, y va a aumentar el descontento de la gente por la represión y por los abusos de la Policía corrupta. (Tengo que aclarar que mi experiencia con los policías de tránsito es que, cuando ya han sacado la libreta para ponerme el comparendo sin que yo no les haya ofrecido un peso, me preguntan a qué me dedico, y cuando les digo que soy periodista, me han dejado ir sin comparendo y sin coima. Pero sí han hecho lo posible para que yo se las ofreciera).

Y para sosegar al país que está aterrado con los casos de violaciones de menores, al Presidente lo que se le ocurre es decir que va a pasar una ley para castigar a los violadores con cadena perpetua. Pero, primera pregunta: ¿Sí van a lograr detenerlos? Si hoy, a la mayoría de los violadores de menores, a quienes se les castiga con pena de veinte años de cárcel, no los cogen, ¿qué garantiza que si les imponen cadena perpetua sí los van a capturar? Y si los capturaran, ¿en qué cárceles los guardarían de por vida si ya hasta la Fiscalía anunció que, en algunos lugares, le va a tocar suspender las capturas porque no hay dónde albergar a los detenidos? Y hasta ahora, no se sabe que en el presupuesto hayan incluido partidas demasiado elevadas para construir cárceles... Y la pregunta más importante: ¿Cómo se va a combatir el machismo y se va a educar a los niños y a los jóvenes para que no se conviertan en violadores de menores en el futuro? El Presidente no ha dicho palabra al respecto.

De manera que políticas de prevención y de educación, no aparecen en ningún caso. ¡Sólo se les ocurre reprimir!

¡Qué pesar! Yo ya me había acostumbrado a vivir en un país donde se habían conquistado ciertas libertades… Pero ese país, de un momento a otro, me lo cambiaron…

                                                                            ***

Felicitaciones, Diego Martínez Lloreda por el merecido reconocimiento que, como editor acaban de otorgarle en el marco del Premio Gabo. El editor es el maestro, el nervio y el alma del periódico. ¡Enhorabuena!

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Patricia Lara - Septiembre 23 de 2018

¡Invasión a Venezuela, NO!

Últimamente ha habido señales preocupantes sobre la posibilidad de que se de una invasión militar a Venezuela, con la complicidad de Colombia.

La voz de alarma la dio el diario La Opinión de Cúcuta, el más tradicional y respetado de la región, en un editorial publicado el 17 de septiembre, en el cual protesta por el mutismo que el canciller de Colombia, Carlos Holmes Trujillo, y el inverosímil embajador en la OEA, Alejandro Ordóñez, guardaron durante una rueda de prensa conjunta con Luis Almagro, secretario general de esa organización, por sus declaraciones en el sentido de que, en Venezuela, ninguna opción, ni siquiera la militar, podía descartarse. El editorial protestó además, con toda razón, porque al día siguiente, en el llamado Grupo de Lima, creado para buscar una solución para la crisis de Venezuela, Colombia, junto con Canadá y Guyana, no apoyó la declaración que hicieron los otros once países del Grupo rechazando la afirmación de Almagro.

Y si bien luego Almagro manifestó que había sido malinterpretado y el canciller Trujillo dijo algo así como que Colombia estaba de acuerdo con el sentido de la declaración del grupo, pero no con todos sus términos, la duda quedó en el ambiente.

Para rematar, un día después, nuestro nuevo embajador en Washington, Francisco Santos, también salió a decir que, en Venezuela, “todas las opciones deben ser consideradas”. Esa frase, por supuesto, dio pie para que algunos medios titularan que Pacho Santos avalaba una intervención militar en Venezuela. Entonces el presidente Iván Duque le salió al paso con una declaración desteñida en el sentido de que buscaría “los canales diplomáticos y multilaterales” para lograr que Venezuela “recupere su libertad”, pero que “esto no es con espíritu belicista”.

¡Y pare de contar! No hubo una declaración contundente del estilo de que Colombia jamás apoyará una intervención militar en Venezuela. No.

Y como si algo faltara, el alcalde de Chicago, Rahm Emanuel, exasesor del presidente Obama, dijo que Trump estaría considerando invadir en octubre a Venezuela, para dar un golpe de opinión a su favor y cambiar el rumbo en su contra, que parece van a tener las elecciones de noviembre.

Por supuesto, esas declaraciones y las posiciones poco contundentes de Colombia han generado pánico en la frontera. Por eso, La Opinión de Cúcuta se pregunta: “Cuando suene el primer tiro de una invasión de E.U, ¿a dónde correrán en estampida los venezolanos? A Cúcuta, no nos podemos equivocar. Y, si como puede pasar, Venezuela tiene capacidad de respuesta, ¿a dónde disparará, si no a la frontera, es decir, a Cúcuta y sus carreteras, para obstaculizar que desde acá llegue apoyo a la invasión?”. Y agrega: “Si no hemos podido solucionar el problema de los 30 mil inmigrantes diarios que cruzan la línea en busca de su supervivencia(…) ¿cómo haremos para recibir a decenas de miles que quieran escapar al tiempo de la guerra?”.

Y eso que falta considerar el hecho de que, ante una invasión, el ELN correría a defender a Venezuela y, para neutralizar a Colombia, desplegaría sus acciones terroristas por todo el país.

Una invasión a Venezuela, un país sumido en el caos y en el hambre, no solo no sería una solución sino que constituiría un error enorme: miren lo que les ha pasado a los gringos en Libia, Siria, Afganistán e Iraq. Y Colombia, y sus zonas de frontera, serían las primeras damnificadas.

¡Usted no puede patrocinar semejante despropósito, ni hacerse el bobo ante él, presidente Duque!

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Patricia Lara - Septiembre 9 de 2018

La política es dinámica

Definitivamente “la política es dinámica”, como acostumbra decirse. El hecho de que el expresidente César Gaviria, quien por todas las cadenas de Tv y las emisoras de radio vociferó hace unos años ¡“Uribe mentiroso, Uribe mentiroso!”, hubiera apoyado después a Iván Duque, entonces candidato presidencial del senador Álvaro Uribe, y más tarde hubiera aparecido muy sonriente en una fotografía junto a Uribe y al expresidente Andrés Pastrana diciendo que se aliaban para apoyar al gobierno, y que ahora salga con que su partido el Liberal se declara independiente porque no fue llamado por el gobierno a conformar una coalición, es un exabrupto pero también es algo normal en esa política nuestra donde los principios y los ideales brillan por su ausencia.

Y también es sorprendente, pero es lo normal, que el Partido de la U que fue el principal aliado del gobierno de Juan Manuel Santos, su fundador, ahora se haya declarado por mayoría partido de gobierno, no obstante la dura puja interna que se dio durante la toma de esa decisión a la cual se opusieron 16 parlamentarios, lo cual hace pensar que es posible que la U se escinda: ya su presidente, el exministro de Agricultura y del Interior del gobierno de Santos Aurelio Iragorri, dijo que esa determinación lo obliga a repensar su permanencia en el partido.

En cambio sorprende positivamente la decisión de Cambio Radical de declararse, sin titubeos, independiente del gobierno. Su fundador y jefe, el excandidato Germán Vargas Lleras, ha resucitado de las cenizas de su derrota electoral y ha recobrado el liderazgo político hasta el punto de que se le ha adelantado al gobierno en la presentación de proyectos clave, como son los de la reforma tributaria y el de la reforma a la Justicia.

Así las cosas, el presidente Duque ha logrado en principio una precaria mayoría en el Senado, donde hay 54 senadores del gobierno contra 30 independientes y 22 de la oposición. Y en la Cámara, donde el Partido Liberal obtuvo una posición muy importante, el gobierno no alcanzó a obtener la mayoría.

Dadas la fractura de la U, la escasa mayoría gubernamental en el Senado y su minoría en la Cámara, el panorama de la gobernabilidad no pinta nada claro para Duque quien insiste de manera encomiable en no untarles a los parlamentarios su anhelada mermelada. ¡Vamos a ver cuánto tiempo le duran sus buenos propósitos!

Sin embargo, a pesar de la confusión ese panorama permite que surjan alianzas interesantes en torno a proyectos cruciales pendientes, como son los que faltan por impulsarse y aprobarse del acuerdo de paz, especialmente el relacionado con la reforma rural integral. Así que si la oposición tuviera la suficiente habilidad política podría propiciar una alianza puntual con el Partido Liberal, Cambio Radical y el sector del Partido del U que está descontento con que se hayan declarado partido de gobierno, y armar un bloque de centro que pueda sacar adelante los proyectos principales y que, si tuviera la suficiente madurez, podría dominar el Congreso y ponerle el tatequieto al uribismo recalcitrante de Paloma Valencia, María Fernanda Cabal y compañía.

Tal vez eso sea pensar con el deseo… Pero con suficientes inteligencia y pragmatismo, puede ser posible...

De manera que no tienen por qué temerles a las alianzas los senadores Petro, Robledo y Mockus. Por el bien de la paz perfectamente podrían sumarse a eso de que la política es dinámica.

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Patricia Lara - Agosto 26 de 2018

La mejor película

Pájaros de Verano, la cinta dirigida por Cristina Gallego y Ciro Guerra, que se estrenó en Colombia el 2 de Agosto y muestra la historia de una familia indígena que, en la Guajira de los años setenta, se vio inmersa en ese espiral trágico de ambición y de locura que trajo la bonanza marimbera es, sin lugar a dudas, una obra de arte.

Narrada principalmente en lenguaje wayú y actuada fundamentalmente por nativos, la película muestra ese entorno de magia, de supersticiones y de sueños; ese mundo donde el matriarcado reina pero el machismo es ley; esa historia del auge de la marihuana que, en la Guajira, como en todas partes, fue provocado e impulsado por el ansia de consumo de los gringos. (Eso es exactamente lo mismo que ha ocurrido con la coca; pero ese es otro cuento).

Esta historia, real, que narran Cristina Gallego y Ciro Guerra, comienza cuando Rahpayet Abuchaibe se enamora de Zaida, un miembro de una familia wayú, de apellido Pushaina, cuya madre, Úrsula, que no gusta de su posible yerno, le exige una enorme dote en chivos y collares para concederle la mano de su hija. Raphayet no tiene cómo obtener el dinero para hacerse a la dote. Y se marcha decepcionado…

Entonces aparecen los gringos: en una especie de cantina situada en medio del desierto guajiro, él escucha que unos estadounidenses pertenecientes a los Cuerpos de Paz, (un invento del Presidente Kennedy dizque para luchar contra el comunismo en América Latina), le preguntan con insistencia al cantinero si puede conseguirles marihuana… Empujado por el amor, Raphayet se levanta, les dice que él les suministra la hierba, y se va en busca de un jefe de otro clan wayú que siembra café y lo convence de que cambie el café por marimba, pues son mucho mayores las ganancias que puede obtener con ella.

Los gringos reciben felices la marihuana. Se la fuman. Se divierten con ella. Los americanos se involucran en el negocio: son ellos los que reciben los costales repletos de hierba que cargan en avionetas parqueadas en el desierto guajiro. El negocio crece. Comienza a llover dinero y, con él, surgen las exageraciones, las sandeces, la vulgaridad, el despilfarro y la corrupción que trae la plata fácil.

Luego se desborda la ambición. E invade el mundo guajiro y los valores wayú: los desfigura, los contamina... Y con la ambición, por supuesto, llega la violencia… Y comienzan los ajustes de cuentas, las muertes y las masacres…

Y, así, Cristina Gallego y Ciro Guerra, en medio de paisajes preciosos y de detalles fílmicos sorprendentes, como ese que capta varias veces la imagen de una especie de grillo enorme de colores, dibujan magistralmente la Guajira y su cultura, y retratan esa tragedia nuestra del maldito narcotráfico; tragedia inducida por el país del Norte; tragedia que nos arrebató a líderes tan importantes y tan difícilmente reemplazables como Luis Carlos Galán y Rodrigo Lara en la política, y Guillermo Cano en el periodismo; tragedia que muta, que crece, que no se acaba hasta tanto la coca la produzcan ellos, como producen ya la marihuana…

* * *

Y hoy, los invito a votar a favor de la consulta anti-corrupción, como lo han pedido nuestros principales dirigentes, ¡empezando por el Presidente Duque!

Hay que votar 7 veces sí, porque debemos arraigar la cultura anti-corrupción; crear la conciencia de que a los corruptos tenemos que descalificarlos; y demostrarles a los colombianos que la corrupción no crea estatus como sucede a veces, no se acepta, sino que la sociedad la rechaza.


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Patricia Lara - Julio 15 de 2018

Esa no puede ser la Ministra

El presidente electo, Iván Duque, había anunciado los nombramientos de los ministros de Hacienda, Alberto Carrasquilla, y de Agricultura, Andrés Valencia Pinzón. Del primero dijo que “fue un exitoso ministro en años anteriores; gerente técnico del Banco de la República; conoce a profundidad los temas monetarios y fiscales, y la estructura presupuestal del Estado”. Y del segundo manifestó que “cuenta con amplio conocimiento técnico y gerencial, y se ha desempeñado como presidente de Fenavi, gerente comercial de la Federación de Cafeteros, gerente del ICA y negociador ante la OMC”. Ambas hojas de vida los acreditan para ejercer esos cargos.

Hasta ahí, todo muy bien. Pero, el viernes, Duque confirmó un nombramiento que me había negado a creer hasta último momento, y que atribuía a especulaciones de los medios. Me refiero al de la exsenadora Nancy Patricia Gutiérrez como ministra del Interior. Al anunciarlo, afirmó: “Colombia tendrá por primera vez una ministra del Interior. (...) Hecha a pulso, ha sido presidente de la Cámara de Representantes”. Sin embargo omitió decir que ha estado presa por orden de la Corte Suprema y que fue acusada de tener vínculos con la parapolítica.

Nancy Patricia Gutiérrez, quien ha sido muy cercana al expresidente Álvaro Uribe, tuvo una fulgurante carrera política en la que pasó del Concejo de Agua de Dios (Cundinamarca) a la presidencia del Senado de la República, como lo dijo en alguna columna Daniel Coronel. Sin embargo, la Corte Suprema de Justicia, en junio de 2008, le abrió una investigación preliminar por parapolítica, después de que la excongresista condenada Rocío Arias, señalara sus presuntos nexos con el jefe paramilitar ‘El Pájaro’. Y la misma Corte Suprema le dictó medida de aseguramiento por tráfico de influencias al conseguir, aparentemente de forma ilegal, información del DAS acerca de un viaje realizado por la exsenadora Piedad Córdoba a México, que ella habría usado en un debate en el Congreso en el que pretendía demostrar la vinculación de la exsenadora con las Farc.

La medida de detención se basó en que, en marzo del 2008, el exdirector de inteligencia del DAS Fernando Tabares, declaró que la jefa de esa entidad María del Pilar Hurtado le dijo que “por órdenes de la Casa de Nariño se debía apoyar a la senadora Nancy Patricia Gutiérrez en un debate que esta tenía pensado hacerle a la senadora Piedad Córdoba en el Congreso”, y suministrarle toda la información que el DAS tuviera contra ella.

Y si bien en el primer caso la investigación contra Gutiérrez fue archivada en el 2014 y en el segundo la acusada fue absuelta en el 2012 por falta de suficientes pruebas, una persona que ha tenido esos señalamientos no puede ser Ministra del Interior en un país que apenas está saliendo de la guerra y en el que todas las semanas matan a líderes sociales y, en muchos casos, los sospechosos de cometer los crímenes son personas vinculadas con el paramilitarismo.

Tal vez Nancy Patricia, contra quien no tengo nada personal, pueda ser ministra de otra cosa. Pero no puede manejar la cartera que, justamente, tendrá que lidiar con los asesinatos de líderes sociales y con las garantías a la oposición… A no ser que el presidente Duque quiera comenzar su gobierno con el pie izquierdo y suministrarle a Gustavo Petro toda la artillería para hacerle imposible el ministerio a la exsenadora.

***

Nota: Por vacaciones, esta columna reaparecerá el 26 de Agosto.

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Patricia Lara - Julio 1 de 2018

Duque no es así, es peor

Mi amigo Mario Ochoa (qepd), solía exclamar, cuando venía al caso, “¡no, tú no eres así, tú eres peor!” Pues ese dicho sí que lo he recordado esta semana, cuando he visto al neo-uribismo en acción, empezando a ejecutar su torpe y peligroso plan de hacer trizas los acuerdos de paz, mientras que el presidente electo, Iván Duque, ha asumido una posición medio edulcorada, medio ausente.

Parecería como si la iniciativa fuera a estar en manos de la jauría uribista, encabezada ahora por la vocera de la misma en el Congreso, a quien le quedaría mejor llamarse no Paloma, sino Halcona Valencia, y quien se llevó los aplausos de su jefe, el senador-presidente Álvaro Uribe, que la felicitó al lograr que la ley reglamentaria de la JEP se aprobara con modificaciones sustanciales en dos artículos: uno, que establece un plazo de 18 meses para que se tramite una reforma constitucional que cree una sala especial, con magistrados distintos, que juzgue a los militares si así lo desean. Y otra, que establece, en los casos de solicitudes de extradición de excombatientes de las Farc, que la JEP no puede practicar ninguna prueba, sino que debe limitarse a verificar si los delitos imputados fueron cometidos antes o después de la firma de los acuerdos de paz.

Los expertos han dicho que ambos artículos son inconstitucionales, y que caerán cuando lleguen a manos de la Corte Constitucional.

Pero más allá de eso, a lo que apuntan es a desbaratar la esencia de los acuerdos, los cuales establecían que habría una sola justicia transicional, la JEP, que juzgaría a los tres actores del conflicto: guerrilleros, militares y terceros involucrados. Pero, de inmediato, comenzaron las presiones del Fiscal y de Cambio Radical, que defendían los intereses de algunos empresarios, para sacar a los terceros. Luego, la Corte Constitucional estableció que los terceros no estaban obligados a presentarse ante la JEP, y que sólo lo harían si así lo deseaban. Y ahora, enfilan baterías contra la justicia para militares, muchos de los cuales están felices con la JEP. Y con la reforma de este artículo se intenta establecer algo que, ante un observador desprevenido, puede parecer un exabrupto: un sala especial, con jueces especiales, o digamos, amigos, que juzgue, o absuelva a los militares. Y eso, a la que menos le conviene, es a la institución militar porque permitiría, probablemente, que la Corte Penal Internacional, a la que los falsos positivos le preocupan inmensamente, considere que, en esos casos, no se está haciendo justicia como corresponde, y decida intervenir.

Y el artículo que pretende impedir que la JEP practique pruebas para determinar la fecha en que se cometió el supuesto delito del solicitado en extradición, es un absurdo por cuanto, para determinar ese punto, los magistrados deben definir, por ejemplo, si el acusado estaba en la ciudad donde se le imputa el delito en esa fecha o no, etc. De lo contrario, esos jueces serían apenas firmones de lo que dijeran los gringos, que son los que más solicitudes de extradiciones mandan. Es decir que, en el fondo, con esa reforma, se deja en manos de Trump y su combo la posibilidad de que se lleven extraditados a los jefes de las Farc que les dé la gana y a que, así, dinamiten los acuerdos.

Y, a propósito de Trump, ¡qué pesar da ver a Duque tan henchido de orgullo porque Trump y sus amigos lo volteen a mirar!

Sí, definitivamente, como diría mi amigo Mario, ¡Duque no es así, Duque es peor!

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Patricia Lara - Junio 17  de 2018

¡A votar ya!

Esta noche sabremos si Colombia escogió la extrema derecha estancada en el discurso de venganza y de odio que el senador Álvaro Uribe, por su resentimiento contra el presidente Santos, se ha empeñado en eternizar en este país herido de violencia, o si prefirió escuchar al profesor Antanas Mockus, un maestro en sembrar valores positivos, quien hace unos días trinó: “La oportunidad de cambio está ahí completica y este domingo 17 de junio hay que tomarla”.

Mientras sabemos los resultados de estas elecciones históricas, que van a definir si después de concluido un conflicto interno de más de 50 años, este país se va hacia la derecha o hacia la izquierda, lo único que podemos hacer es salir a votar masivamente, de manera que hoy el voto de opinión opaque al de las maquinarias, al de los chanchulleros, al de los políticos corruptos de todos los partidos quienes, por primera vez, se pusieron de un mismo lado y se fueron en masa a rodear al candidato de Uribe para ganar méritos y a hacer fila con el fin de obtener jugosos contratos, sin que por ello muestren el menor reato de conciencia. Hoy, sólo por hoy, el fútbol tiene que ponerse en segundo lugar, verse en diferido, u organizar el tiempo para que entre partido y partido se pueda votar. Después, si no votamos, y no nos gusta el resultado, no nos quejemos.

Y es que hoy se enfrentan dos opciones muy distintas: la de Iván Duque, el candidato de Uribe, quien ha hecho planteamientos que ponen en grave riesgo la paz naciente, y la de Gustavo Petro, el candidato de izquierda, que defiende los acuerdos de paz, busca una sociedad más igualitaria y el fortalecimiento de la clase media y despierta temor en los grandes empresarios que apoyan a Duque. A Petro, en cambio, lo apoyan muchos intelectuales y artistas, los sindicatos, las antiguas fórmulas vicepresidenciales de los candidatos Humberto Dde la Calle y Sergio Fajardo, Clara y Claudia López, el gran profesor Antanas Mockus, y la mayoría de los jóvenes, lo mismo que gran parte del Partido Verde y del Polo y, me atrevería a decir, la mayoría de quienes votamos en la primera vuelta por De la Calle o por Fajardo.

Sin embargo hoy, a pesar de la intensa campaña, cuando llegó la hora de la decisión final, nos quedaron faltando elementos de juicio, pues después de la segunda vuelta, Iván Duque sacó disculpas para huirle al debate con Gustavo Petro. Alegó que para la primera vuelta hubo muchos debates. Y es verdad: y al ser entre cinco candidatos, la mayoría fueron largos y tediosos. Sin embargo otra cosa es el debate entre dos, cara a cara, con tiempo suficiente para responder y con menos posibilidades de escabullirse con evasivas.

No hay duda: faltó el gran debate entre los finalistas. Y ese no era un capricho de Petro. Era un mandato legal el cual, el Ministro del Interior le pidió al Consejo Nacional Electoral que garantizara. Pero dos consejeros uribistas y uno liberal, se atravesaron para que el debate no se realizara con un solo candidato, si el otro insistía en no ir, como pedía Petro.


Y a pesar de que con ese debate se hubiera garantizado más nuestro derecho a escoger en democracia, la huida de Duque me reafirmó en mi decisión: entonces, porque no le teme a la confrontación de sus ideas, como Duque; porque no se esconde tras evasivas; porque no es un hombre inseguro, débil y gobernado por el miedo, reafirmo mi posición, y hoy voto por Petro.

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Patricia Lara - Junio 03  de 2018

Mi voto por Petro

Ocurrió justo lo que queríamos evitar: ahora Colombia tendrá que elegir entre la derecha y la izquierda. Pero a ese punto llegamos debido a la ceguera de los líderes del centro y a su incapacidad para hacer alianzas y llegar a acuerdos entre ellos, lo que implicaba que depusieran sus egos ante los intereses supremos del país, como son la consolidación de la paz y el combate efectivo a la corrupción.

Así las cosas, el 17 de junio, elegiremos entre el exalcalde y exsenador Gustavo Petro, antiguo militante del M-19, quien gobernó Bogotá de manera tal que los ricos quedaron odiándolo y los pobres amándolo, e Iván Duque, el candidato que dijo Uribe, expresidente y jefe de la oposición conocido por su deseo insaciable de poder, su cercanía a paramilitares y, lo que es peor, sus enredos criminales (ver columnas de Cecilia Orozco Daniel Coronell aquí ). 

Ahora miremos quiénes rodean al uno y al otro: a Petro, hasta ahora, lo apoyan su fórmula vicepresidencial, Ángela María Robledo, una inteligente y equilibrada sicóloga y excongresista que pertenecía al Partido Verde; la exministra y exfórmula vicepresidencial de Humberto de La Calle, Clara López Obregón; el senador Antonio Navarro y la mayoría de dirigentes del Partido Verde; el senador Iván Cepeda y casi la totalidad del Polo Democrático, a excepción del senador Jorge Robledo, quien parece mucho más antisantista que antiuribista; científicos como Herman Moreno, el pupilo del neuro-científico Rodolfo Llinás; el pintor Carlos Jacanamijoy; la escritora Laura Restrepo; los actores Julio Cesar Luna y Laura García; quinientos intelectuales y artistas más; y, muy probablemente, la senadora y fórmula vicepresidencial de Sergio Fajardo, Claudia López.

Y a Iván Duque lo apoyan su formula vicepresidencial, la inteligente y muy conservadora exministra de Defensa de Uribe, Martha Lucía Ramírez; la caverna, representada por el exprocurador Alejandro Ordóñez; su jefe de debate, el exsenador Luis Alfredo Ramos, sobre cuya condena por colaboración con grupos paramilitares está a punto de pronunciarse la Corte Suprema de Justicia; los parlamentarios receptores de la mermelada y los involucrados en hechos de corrupción pertenecientes a Cambio Radical, a los partidos de la U, Conservador y Partido Liberal; los camaleónicos César Gaviria, expresidente, y Viviane Morales, exfiscal; toda la bancada uribista entre la cual se cuentan un antiguo guerrillero y una parlamentaria que mandó para el infierno al recién muerto García Márquez; y los expresidentes Andrés Pastrana y Álvaro Uribe, quienes no le perdonan a Santos que él sí pudo hacer la paz y ellos no.

Pero, además, Duque tiene propagandistas como Popeye, quien confesó que asesinó a cerca de trescientas personas con su propia mano. Y Petro tiene enemigos tenebrosos como las Águilas Negras, que ya repartieron panfletos amenazando de muerte a los petristas.

Analizados los candidatos y sus amigos, no me cabe duda: entre Iván Duque, el populista de derecha, que gobernará merodeado por paracos y empujado por el odio y el deseo de venganza de su jefe Uribe, y no tendrá restricciones porque su mayoría en el Congreso le permitirá acabar con las Cortes y hacer trizas la paz; y Gustavo Petro, el populista de izquierda, quien es muy conflictivo, pero gobernaría con un ejército distante y un Congreso en contra que le impediría adelantar iniciativas que nos llevaran a la extrema izquierda, voto por Gustavo Petro quien, además, estoy segura, consolidaría la paz.

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Patricia Lara - Mayo 20  de 2018

A votar  bien

Colombia no se había enfrentado a unas elecciones tan decisivas como las del domingo: en esta primera vuelta se definirá si el país queda entrampado en la sin salida de escoger entre una extrema derecha con influencia paramilitar, como la que representa el candidato Iván Duque, que si bien se muestra como un inocente y juicioso yuppi está manejado por el Senador Álvaro Uribe, quien en los últimos treinta o más años se ha rodeado de personas involucradas con el paramilitarismo y ha contado con adhesiones entusiastas de hampones tan peligrosos como Popeye; y entre una extrema izquierda dirigida por un líder como Gustavo Petro, tan formidable en el manejo que hace de la política, como improvisado en sus planteamientos económicos y complicado en sus comportamientos, dada su conflictiva personalidad. O si, por el contrario, Colombia les abre las puertas a otras opciones y elige en la primera vuelta a uno de los candidatos de centro izquierda como el profesor y matemático Sergio Fajardo o como el abogado y antiguo jefe del equipo negociador de paz del Gobierno, Humberto de La Calle, o a uno de centro derecha, como el exvicepresidente Germán Vargas Lleras.

Hasta ahora, las encuestas han mostrado a Duque en el primer lugar, a Petro en el segundo, a Fajardo en el tercero, a Vargas en el cuarto y a De La Calle en el quinto. Sin embargo, aún cuando las preferencias no han variado, últimamente Duque y Petro han descendido y Fajardo y Vargas han crecido. Si esa tendencia continúa, el domingo los colombianos podríamos quebrar los pronósticos y elegir a Fajardo y a Vargas, caso en el cual la final se jugaría entre un candidato de centro derecha ligado a la vieja clase política, y uno de centro izquierda representante de la desclientelización de la política, quien además priorizaría la educación, combatiría la corrupción y haría que Colombia diera un salto en su desarrollo político, social y económico.

O también podríamos elegir a Duque y a Fajardo, caso en el cual, seguro, en la segunda vuelta prevalecería el buen juicio, porque el pánico que muchos sentimos hacia un tercer gobierno –éste por interpuesta persona- de Álvaro Uribe, nos llevaría a elegir Presidente a Fajardo.


O también, en primera vuelta, podríamos escoger a Petro y a Fajardo e igualmente, en ese caso, al final, ganaría Fajardo, porque se volcarían en su favor todos los que le tienen pánico a un gobierno de Petro.

De modo que ahora, cuando aún nos quedan horas, antes de la primera vuelta, los invito a que terminemos de reflexionar y de recapacitar para no dejarnos empujar hacia los extremos. Eso, en un momento de tanta polarización como el que atravesamos, es lo que más le conviene al país.

Sería terrible que, cuando debemos hacer todos los esfuerzos para salvar esa milagrosa negociación de paz a la que se llegó después de 72 años de guerra, y para implementar los acuerdos, elijamos a un Presidente como Duque, que va a hacerlos trizas y a esparcir aún más ese odio afincado en los colombianos, el cual su jefe, Uribe, se ha encargado de regar como pólvora; o que elijamos a un Presidente como Petro, que si bien va a cumplir los acuerdos, pondría patas arriba la economía, generaría inestabilidad, ahondaría la lucha de clases y fomentaría el resentimiento de los pobres contra los ricos.

Colombia necesita navegar ahora por un mar en calma propicio para la consolidación de la paz y el nacimiento de la esperanza. Por eso, esta vez, queridos lectores, los invito a que votemos por Sergio Fajardo.

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Patricia Lara - Mayo 6  de 2018

Para ‘Jesús Santrich’, al borde de la muerte

 

‘Jesús’:

Hoy, cuando después de 27 días usted continúa su huelga de hambre sin que haya ingerido nada distinto de una mandarina, agua y las drogas que toma para la epilepsia; hoy, cuando ha rechazado que le pongan suero y ha escrito una carta en la que pide que si queda inconsciente no lo canalicen para hidratarlo y exonera al Estado de cualquier responsabilidad por su muerte; hoy, cuando el país mira con indiferencia asombrosa su determinación de llevar su decisión hasta sus últimas consecuencias, pues ya usted advirtió que no va a dejarse extraditar porque se morirá antes; hoy, cuando algunos colombianos, encabezados por el jefe del equipo negociador del Gobierno, Humberto de La Calle, han dado su voz de alarma sobre la inconveniencia de su extradición, y otros hemos escrito que, posiblemente, detrás de ella se esconde una injusta y peligrosa imposición de la DEA, le regalo de nuevo este poema de César Vallejo que hace unos años les di de Navidad tanto al Presidente y a los miembros del equipo negociador del gobierno, como a ‘Timochenko’ y a los integrantes del equipo negociador de las FARC. 

 

Recuerdo que a propósito de ese poema, usted me entregó, en el lobby del Hotel Palco de La Habana, ¡cinco o seis páginas de comentarios sobre el mismo!

Sin embargo, antes de transcribirlo y de dárselo otra vez, le pido que recapacite y no se muera. Y al Presidente le ruego que haga algo para evitar no sólo su muerte sino también la frustración y el miedo que ella generaría en los excombatientes y la tragedia de que muchos de ellos, a raíz de la inseguridad jurídica que les produciría, optarían quizás por volver a lo mismo. Entonces regresaría el crescendo de esta maldita guerra...

Por favor, ‘Santrich’, no se muera...


Considerando en frío, imparcialmente
César Vallejo


Considerando en frío, imparcialmente,
que el hombre es triste, tose y, sin embargo,
se complace en su pecho colorado;
que lo único que hace es componerse
de días;
que es lóbrego mamífero y se peina…

Considerando
que el hombre procede suavemente del trabajo
y repercute jefe, suena subordinado;
que el diagrama del tiempo
es constante diorama en sus medallas
y, a medio morir, sus ojos estudiaron,
desde lejanos tiempos,
su fórmula famélica de masa…

Comprendiendo sin esfuerzo
que el hombre se queda, a veces, pensando,
como queriendo llorar,
y, sujeto a tenderse como objeto,
se hace buen carpintero, suda, mata
y luego canta, almuerza, se abotona…

Considerando también
que el hombre es en verdad un animal
y, no obstante, al voltear, me da con su tristeza
en la cabeza…

Examinando, en fin,
sus encontradas piezas, su retrete,
su desesperación, al terminar su día atroz,
borrándolo…

Comprendiendo
que él sabe que le quiero,
que le odio con afecto y me es, en suma,
indiferente…

Considerando sus documentos generales
y mirando con lentes aquel certificado
que prueba que nació muy pequeñito…

le hago una seña,
viene,
y le doy un abrazo, emocionado.
¡Qué más da! Emocionado…Emocionado…

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Patricia Lara -Abril 22  de 2018

La paz agoniza

“En atención a la situación y mientras se tienen mayores claridades y certezas sobre lo que sigue, he tomado la decisión de instalarme temporalmente en el espacio territorial de Miravalle y desde aquí seguir cubriendo mis compromisos con la Comisión de Seguimiento, Impulso y Verificación a la Implementación del Acuerdo de Paz (CSIVI)”, dice Iván Márquez en la carta en la que le notifica a la Unidad Nacional de Protección que, por ahora, ha tomado la decisión de regresar a la selva, y le solicita que traslade su equipo de seguridad hasta ese Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación.

"Esta determinación”, agrega, “no implica desistimiento a las medidas de protección proporcionadas por ustedes, sino su adecuación a las nuevas circunstancias”. 

Y las nuevas circunstancias, para los buenos entendedores, no son otras que la posibilidad de que el proceso de paz acabe de volverse trizas, bien porque se muere Santrich en su huelga de hambre y, como reacción, se enardecen los desmovilizados y muchos se levantan de nuevo en armas; o porque le dictan orden de captura a Iván Márquez quien, ante su antigua tropa, apareció en las cámaras del noticiero CM& diciendo que Santrich le había advertido que después irían por él ya que con su captura lo que se buscaba era empezar a inhabilitar a los parlamentarios de las Farc y dejarlas sin representación en el Congreso; o bien porque el gobierno no desarrolla una acción muy rápida para poner a marchar ya los proyectos productivos y el 30 de Junio, cuando cese la ayuda estatal a los desmovilizados, estos aún no tengan trabajo ni camino en la vida; o bien porque se elija presidente a Iván Duque y, antes de que los haga poner presos, como ha dado a entender que lo hará, muchos de los excombatientes, con Iván Márquez a la cabeza, -quien dada la enfermedad de ‘Timochenko’, en la práctica, es el líder principal-, decidan internarse de nuevo en la selva…

¿Y después qué seguiría? La guerra… Otra vez… Pero esta sería mucho peor que la anterior, mucho más sangrienta y confusa, porque tenemos la desgracia de que a este país llegó hace un tiempo el tenebroso cartel mexicano de Sinaloa el cual, como lo hemos sentido, ya ha empezado a operar y a intensificar la violencia y la guerra del narcotráfico en los territorios donde abundan los cultivos ilícitos. Y si a esa guerra ciento por ciento delincuencial, se le agrega el componente político de una nueva guerrilla en acción, formada por los excombatientes de las FARC, quienes dirían, con razón, que les incumplieron los acuerdos y que, por eso, volvieron a la lucha, la situación se tornarían inmanejable para Santos, para Duque, para Vargas, para cualquiera, entre otras razones porque esa guerrilla contaría con cierta comprensión internacional, dado que la ONU y los países cercanos al proceso están muy preocupados por el incumplimiento de los acuerdos por parte del gobierno. No de otra manera se explica que en el último comunicado de los países garantes, se haya instado sólo al gobierno -y ya no a éste y a las FARC-, a que cumpla lo pactado.

Se requiere que el Presidente se crezca y le dé un viraje a la situación: que reemplace ya a Rafael Pardo por un gran empresario que ponga a marchar de inmediato los proyectos y garantice el empleo de los desmovilizados; que logre, como sea, que la Justicia Especial para la Paz evalúe las supuestas pruebas de la DEA contra Santrich; que acelere el proceso y que, si la JEP considera que las ‘pruebas’ no son contundentes, en su potestad, el Presidente decida no extraditarlo. 

Pero para tomar semejantes decisiones se requieren… cojones...

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Patricia Lara -Abril 8 de 2018

Un libro para leer ya

Ahora que se acercan las elecciones resulta interesante leer el libro Los pretendientes de la Casa de Nariño, escrito por María Fernanda González, doctora en ciencia política de la Universidad de la Sorbona y especialista en estudiar los pronunciamientos de los hombres públicos y descubrir, así, el fondo de su pensamiento.

Por eso, al leer este libro, al comparar las biografías y realizaciones de cada candidato y al descubrir cuáles son, en verdad, sus posiciones, el lector se encuentra con unas cuantas sorpresas y con otras verdades ya sabidas pero que, a través de la lectura de la obra, se reafirman: por ejemplo, es innegable que Iván Duque, a pesar de que no ha dicho explícitamente que va a hacer trizas los acuerdos de paz, va a volverlos añicos y sorprende que, a diferencia de su jefe, Álvaro Uribe, quien no hace más que advertir, a manera de estribillo, el peligro de la entrega del país a las FARC y al castrochavismo, el candidato de la extrema derecha se haya abstenido de hacerlo.

También sorprende en el análisis que Petro haya sido el candidato que más haya criticado el modelo venezolano, que nunca haya estado cerca del comunismo, que sus influencias se hayan remontado, más bien, a los pensadores europeos Michel Foucault, Alain Badiou y Toni Negri, y que porte un Escapulario alrededor del cuello. No sorprende, de otro lado, que tenga una gran voluntad de cambio porque para Petro, ser de izquierda, como lo es él, implica querer “transformar el mundo.” De ahí, quizás, su promesa de convocar a una Asamblea Constituyente una vez se posesione en la Presidencia.

Y a pesar de que Germán Vargas Lleras no atendió a la autora porque tenía una reunión con empresarios, ni envió las respuestas al cuestionario que ella le mandó, del análisis de su discurso sorprende que de sus textos estén ausentes los temas relativos a la reconciliación de un país que apenas está saliendo de la guerra. Pero no es una sorpresa que en él prevalezca la obsesión por dar viviendas gratis y bajar impuestos. A todas luces es evidente que Vargas Lleras es un político tradicional interesado, ante todo, en hacer cosas –carreteras, acueductos, casas, etc.- en un país donde poco se hace.

De Sergio Fajardo queda muy claro que cumpliría al pie de la letra los acuerdos de paz, que su obsesión es acabar con la corrupción, brindarles a todos las mismas posibilidades de una educación de alta calidad, invertir en el desarrollo de la ciencia, la tecnología, la cultura, en resumen, cambiar el chip de los colombianos, fortalecer los valores y construir un país distinto en el que se pasen las páginas del conflicto, de los guerrilleros, de los paramilitares y de los narcotraficantes y se salte a la Colombia del futuro.

Finalmente, el libro refleja la obsesión afortunada de Humberto De La Calle por cumplir los acuerdos de paz y, como el texto fue terminado antes de que Timochenko retirara su candidatura, aparece como candidato el ex comandante de las Farc, quien muestra un nuevo lenguaje en el que ya no habla de “comunismo, clase, burguesía, anticapitalismo, proletariado, socialismo o revolución” como lo hacía antes, pero aún sigue creyendo el cuento de que el país quiere a las Farc y de que los gobiernos de Chávez y Maduro en Venezuela han sido una maravilla.

Así, pues, Los pretendientes de la Casa de Nariño, es una obra que, si queremos votar de manera informada, justo ahora tendríamos que leer.

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Patricia Lara - Marzo 25 de 2018

¡Despierten con las encuestas!

Las encuestas de esta semana, realizadas apenas pasaron las elecciones parlamentarias y las consultas interpartidistas en las que se escogieron a los candidatos de los extremos, Iván Duque por el uribismo de derecha extrema, y Gustavo Petro, por la izquierda, muestran resultados similares y muy dicientes. Veamos:

La de Yanhas, revelada el martes, le da a Iván Duque 40 puntos, a Gustavo Petro 24, a Sergio Fajardo 9, a Germán Vargas 6, al voto en blanco 13, a Humberto de la Calle 2, a Vivian Morales 1 y a Piedad Córdoba 1. La de Invamer Gallup, conocida el jueves al medio día, le asigna a Duque 45,9, a Petro 26,7, a Fajardo 10,7, a Vargas 6,3, a De la Calle 5, a Vivian Morales 2,5 y a Piedad Córdoba 0,6. Y la del Centro Nacional de Consultoría, divulgada el jueves en la noche, revela que, hoy, Duque tendría 42 por ciento de los votos, Petro 26, Fajardo 13, Vargas 6, Vivian Morales 3, De la Calle 2, Piedad Córdoba 1 y que el voto en blanco sería el 8 por ciento.

En resumen, las tres encuestadoras coinciden en que los resultados de las elecciones parlamentarias y de las consultas interpartidistas dispararon a Duque y mejoraron a Petro, en detrimento de Vargas Lleras y de Humberto de la Calle, especialmente, pues Fajardo, más o menos, se mantiene en el nivel en que quedó una vez fue superado por Petro. Pero esos resultados también indican que, aparentemente, es mayor el miedo que la gente le tiene a Petro, a quien hábilmente el uribismo ha catalogado como la encarnación del castrochavismo, que a Duque, el muchacho designado por Uribe para oponerse a todo lo que huela a Santos y a su afortunado proceso de paz, encarnado por su negociador, De la Calle, y por Vargas Lleras quien, por más distancia que ha querido tomar del gobierno fue su Ministro del Interior, de Vivienda y su Vicepresidente. Y por otro lado, está Sergio Fajardo, quien si bien se ha mantenido distante de Santos y del proceso, ha reiterado lo único que puede ser sensato luego de que se logró el desarme de más de 7.000 guerrilleros de las Farc: que va a respetar al pie de la letra los acuerdos de paz, que no va a permitir que la paz se vuelva trizas, como ha dicho Duque que lo hará al comprometerse a modificar y/o desbaratar los acuerdos.

Sin embargo, los resultados de esas encuestas son la fotografía del estado de la opinión en el momento en que fueron hechas, un instante de euforia a favor de Duque, producido por los votos de Uribe y su Centro Democrático, que sumaron 2,5 millones, y por la resignación de los que no ven una opción fuerte de centro y centro-izquierda, distinta de Petro, que se oponga a Duque y que pueda consolidar la paz, hacer progresar el país, disminuir su pobreza, mejorar la educación de su gente y sanar sus heridas que se cuentan por millones, a base de promover la paz que falte por hacer y de incluir a la Colombia excluida, en vez de dejarla a un lado, no darle oportunidades y, así, empujarla hacia la delincuencia.

Pero si, como parece va a suceder, da frutos el acuerdo Fajardo-De la Calle (quienes quieran firmar la carta solicitándoselos por favor ingresen al link http://bit.ly/2u3K7AV), y surge una sola candidatura fuerte de centro, que con toda la publicidad y el entusiasmo relance la campaña y muestre posibilidades de triunfo, es probable que ese candidato de centro pase a la segunda vuelta. Y después puede ganar.

Así que, ¡adelante, Humberto y Sergio! ¡Únanse ya! El país confía en su inteligencia y generosidad… #ConFajardoyDelaCalle

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Patricia Lara -Marzo 18 de 2018

Al fin, avances con el ELN


Ante la avalancha de noticias políticas, y dado el hastío de la opinión con el tema, ha pasado inadvertida la reapertura en Quito de los diálogos entre el gobierno y el ELN.

Son tantos los desplantes que ha hecho el ELN y tantas las acciones terroristas que ha cometido, que la opinión poco le cree.

Y, en este momento de sol a las espaldas, al Presidente poco lo escucha el país. Sin embargo el que, contra viento y marea, haya tenido el valor de oír a los países facilitadores, a los intelectuales y a las organizaciones sociales que pidieron la reanudación de las conversaciones, y el que el gobierno haya aprovechado la tregua electoral del ELN para sentarse a negociar después de la sorpresiva reanudación de la guerra por parte de ese grupo, es positivo. Y lo es, principalmente, porque significa el ahorro de muertos, lo cual poco parece importarle a cerca de la mitad de este país anestesiada por la guerra.

Por supuesto, habrá quienes digan, como siempre, que no se puede negociar con terroristas ni decretar impunidades… Pero, señores, si piensan en el beneficio que ha traído el proceso de paz con las Farc, hoy convertidas en un partido que apenas sacó 50.000 votos; si recuerdan lo que era Colombia antes; si rememoran los ataques a poblaciones, a guarniciones militares, los secuestros, el miedo en que vivían las comunidades, los tristes entierros de soldados y policías muertos en combate… Si comparan las salas de urgencias del Hospital Militar, antes atestadas de soldados mutilados por la guerra, con las vacías de hoy, tienen que aceptar que la paz con las Farc ha sido buena. 

¿Que hubo problemas? ¡Claro! ¿Que pudo haber sido mejor? ¡Por supuesto! ¿Que hay disidencias? Eso estaba previsto. Pero el hecho es que ni la plata del narcotráfico compró las elecciones, ni el grueso de las Farc ha vuelto a la guerra. La inmensa mayoría está tratando de iniciar una nueva vida en paz, de construir una familia y de trabajar como pueda. Claro, todo hubiera sido más fácil si en este país de leguleyos no se le les hubiera puesto zancadilla a los acuerdos, y si su ejecución se hubiera acelerado. Pero la paz está ahí. Los brotes de violencia que se han producido, tienen que ver, sobre todo, con las disputas del control de los territorios de coca abandonados por las Farc. Y en esa disputa participan todos los que quieren lucrarse con ella: Bacrim, mafiosos, exFarc, ELN, etc. Pero ese es otro problema. Así que el que no quiere ver que la paz empezó a llegar, es porque es ciego.

Y en cuanto a la paz con ELN, sus beneficios pueden ser inmensos. ¿Recuerdan la calma que hubo durante los cuatro meses de cese al fuego? ¿Se acuerdan de la pesadilla que se vivió a partir de su ruptura, el 9 de enero? ¿Sienten la calma de hoy? Pues bien, todo ello puede durar para siempre, si esos diálogos llegan a buen término. (Ya se comprometieron, por ejemplo, a desminar un sector del Chocó). Sin embargo, para terminar de convencer a los reacios del ELN de que ponerle fin a la guerra es el camino, es fundamental que la sociedad se manifieste a favor de la negociación. El ELN insiste en que es la sociedad civil la que debe sentarse a la mesa de conversaciones. Pues bien, nosotros, sociedad civil, tenemos que gritarles a todos los vientos, que no queremos más guerra. A ver si el ELN nos escucha. A ver si, por fin y para siempre, acaba esta guerra.

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Patricia Lara - Febrero 25 de 2018

El centro en la olla

Preocupa el panorama que se perfila en las encuestas: si la última tendencia se consolida, los candidatos del centro izquierda (Humberto De La Calle y Sergio Fajardo) y del centro derecha (Germán Vargas Lleras), saldrían de la segunda vuelta y a ella llegarían sólo los de los extremos, Iván Duque, de la extrema derecha, y Gustavo Petro, de la izquierda pura y dura. Es decir, que la polarización, que tanto ha perjudicado al país, se agudizaría y duraría, por lo menos, cuatro años más. Y esa polarización tan agresiva, que ya está llevando a distanciamientos entre las familias, fácilmente puede encender de nuevo la chispa de la violencia.

Veamos la encuesta (Centro Nacional de Consultoría, CNC- CM&, revelada el jueves), y el por qué de mi preocupación:
Según ella, cuyo margen de error es del 3.5%, y fue hecha a nivel nacional, Petro puntea con 22%. Luego van Fajardo con 16% y, muy pegado, Duque con 15%. Siguen Vargas Lleras con 8%, Marta Lucía Ramírez con 6%, De La Calle con 5%; Vivian Morales, Juan Carlos Pinzón y Alejandro Ordóñez con 2%; Piedad Córdoba y Carlos Caicedo con 1% y (¡ojo, tantos que se asustaban con la paz!) ‘Timochenko’ con 0%. En cambio el voto en blanco es casi el ganador, con 20%.

De modo que se confirma lo reflejado en las encuestas de Invamer y del CNC de comienzos de febrero: que Petro tomó la delantera sobre Fajardo, quien va de segundo y fácilmente puede pasar al tercer lugar, apenas se elijan en las consultas del 11 de Marzo los candidatos únicos de los extremos. Entonces, a Petro se le sumarían los votos de Caicedo, y quedaría con 23%. Y a Duque los de Ramírez y Ordóñez, y empataría con Petro con 23%.

¿Y qué pasaría en segunda vuelta? Primero, que habría una guerra a muerte, que el país quedaría completamente dividido y que el odio se regaría -aún más- como pólvora. ¿Y quién ganaría? Si sólo votan los partidarios de los derrotados, seguro habría prácticamente un empate. Pero como hay 20% que ha dicho que votará en blanco, cualquier cosa puede pasar. Sin embargo creo que, por el miedo a que nos convirtamos en otra Venezuela, muchos acabarán votando por Duque.

Además, al comparar las cifras de esta encuesta con la de hace quince días, se ve que Petro dejó de aumentar –es más, bajó un punto-, tal vez porque su disparada se debió a que las bases del Polo y las de los Progresistas de los Verdes no apoyan a Fajardo sino a Petro, como debe ocurrir con las de Clara López, que prefieren a Petro y no a De La Calle. ¡Es que no es consecuente que los aspirantes al Congreso de la corriente de Clara hagan parte de la lista de los decentes patrocinada por Petro!¡Ni que el tranquilo Fajardo se alíe con el recalcitrante Jorge Robledo y con la alevosa Claudia López! ¡Eso no pega! ¡En cambio, cómo habría combinado de bien que De La Calle, gran candidato, liberal de izquierda y hacedor de la paz, y Fajardo, doctor en matemáticas y abanderado del salto adelante de la mano de la ciencia, la tecnología y la educación, estuvieran unidos!

Juntos, hubieran sido imbatibles… Separados van a perjudicar al país, porque los van a derrotar y, con ello, van a asegurar, probablemente, el triunfo de la derecha y la transformación en añicos del proceso de paz...
Aún hay tiempo de que recapaciten… Ojalá su amor por Colombia prevalezca sobre su ego…

                                                                                            ***

Motivo viaje, esta columna reaparecerá en cuatro semanas.

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Patricia Lara - Febrero 11 de 2018

ELN, escuche a los intelectuales

Dada mi naturaleza optimista, tengo la esperanza de que los dirigentes del ELN reflexionen ante el Llamado a la seriedad que les hace el agudo texto escrito por el columnista Antonio Caballero, y firmado por 45 intelectuales más, todos amigos de la paz, entre quienes figuran escritores como Juan Gabriel Vásquez, Héctor Abad, Piedad Bonnet, Juan Manuel Roca y Roberto Burgos, juristas como Rodrigo Uprimny, historiadores como Álvaro Tirado y Jorge Orlando Melo, académicos como Moisés Wasserman y Francisco Leal, directores de cine como Sergio Cabrera, cantautores como Andrea Echeverri y periodistas como María Jimena Duzán y Hernando Corral.

Todos ellos son voces de peso en el país, que si bien afirman que el ELN sólo en dos ocasiones rompió el cese al fuego bilateral que terminó el 9 de Enero, y “el gobierno, por su parte, fue impotente o indiferente ante el sistemático goteo de asesinatos de líderes sociales cometidos con impunidad en varias regiones del país (…), no hubo enfrentamientos directos entre el ELN y las Fuerzas Armadas. Y por eso”, agrega el comunicado, “ese medio país que lleva años pidiendo la paz, esperaba y reclamaba la prolongación del acuerdo.?Pero el Ejército de Liberación Nacional, sordo a ese clamor, inmerso en su ensimismada imagen de vanguardia iluminada que sólo se escucha a sí misma a la vez que pretende hablar en nombre de ‘la sociedad’, decidió reanudar sin tardanza sus acciones terroristas”.

“Pero”, añade el llamado de los intelectuales, “no es derramando petróleo en los ríos y matando policías, hombres tan de la entraña popular como sus asesinos, como se hace avanzar la revolución social que dice buscar el ELN. Así lo ha probado de sobra medio siglo de su guerra costosa y sin gloria, que por añadidura ha sido contraproducente. Cincuenta años de lucha armada”, anota la carta, “no han dejado más que un rastro de sangre y de lágrimas, de desplazamientos forzados en el campo y de destrucción ecológica en los ríos y en las selvas. Y de ello sólo ha salido fortalecida la reacción retrógrada, buena conocedora – ella sí – de sus propios intereses, en tanto que resultaban debilitadas las fuerzas de la izquierda democrática”.

“Los abajo firmantes”, concluye el llamado, “consideramos que es hora de parar semejante insensatez, tan asesina como suicida. Y le exigimos al ELN que, cuando se reanude la Mesa de Conversaciones de Quito suspendida por el gobierno en respuesta a los atentados guerrilleros, vuelva a ella con la seriedad que hasta ahora no ha mostrado: con la intención sincera de abandonar sus armas manifiestamente inútiles, que hoy se han convertido en un estorbo para la construcción pacífica de la deseada justicia social en Colombia”.

Señores del ELN, no sobra repetirles que ustedes, que se dicen voceros de la sociedad civil, tienen el deber de ser consecuentes y de escuchar a esa sociedad que les implora que hagan la paz; que no desperdicien a este presidente interesado en negociarla con ustedes; que se den cuenta que el país le ha cogido aversión a la violencia; que observen la airada reacción que contra las FARC se ha producido en varios sectores; que entiendan que por la vía pacífica es más probable que un día puedan alcanzar sus objetivos, mientras que por la vía armada sólo encontrarán dolor y muerte; y que comprendan que hay un crimen que la mitad de Colombia no les perdonaría: y es el de que por culpa del ELN, acabe confundiéndose y sepultándose la paz alcanzada con las FARC.

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Patricia Lara - Enero 28 de 2018

Documental imperdible

 

Nadie debería dejar de ver la cinta ‘Ciro y yo’, dirigida y realizada por Miguel Salazar.

Es un trabajo importante, impecable, que tiene un gran acervo documental y que muestra cómo la guerra atropellaba a los habitantes de las zonas de conflicto, sin que ellos pudieran hacer nada para escapar de ese azar macabro que los encadenaba al sufrimiento causado por los distintos actores de la guerra.

“A mí todos me han hecho daño. La guerrilla, los paramilitares, el Ejército”, dice a sus 66 años el protagonista, Ciro Galindo, un nativo de Coyaima, Tolima, desplazado varias veces por la guerrilla, por los paramilitares, por el Ejército, quien desde niño huyó con su mamá a los llanos orientales para escapar de la violencia entre liberales y conservadores, pero cuando tenía nueve años fue dejado en un orfanato del cual se escapó y empezó a deambular por el país hasta llegar al Guaviare, donde conoció a su esposa, Anita, una indígena que murió de depresión y con la que tuvo a sus tres hijos, John, Elkin y Esneider, el único sobreviviente.

Elkin, al que le decían Memín, fue reclutado por las Farc cuando tenía catorce años y, después, al cumplir 16, fue utilizado como informante por el Ejército. Luego, acabó haciendo parte de los paramilitares, quienes terminaron por asesinarlo a los 19 años.

Jhon se ahogó en Caño Cristales a los 14 años, en 1996, justo cuando le servía de guía al director de este documental, quien había viajado a La Macarena para hacer unas fotografías. Dicha tragedia lo unió de tal manera con Ciro, que Miguel Salazar terminó haciendo esta producción de casi dos horas de duración.

“Conozco a Ciro desde hace 22 años cuando su hijo murió frente a mis ojos y de alguna manera esa tragedia nos unió de por vida”, declaró Salazar, y agregó: “seguí en contacto con él intermitentemente durante estos 22 años y en el 2012 nos reencontramos a través de un amigo en común; fue en ese momento cuando nació la idea de hacer el documental”.

El documental, narrado y filmado por Miguel Salazar, grabado entre el 2013 y el 2016, no sólo muestra la tragedia que atropelló a Ciro y a su familia, de la cual sólo quedaron él y Esneider, sino también retrata los horrores que cometían las FARC y los paramilitares, así como las secuelas de dolor que arrastraba la reacción del ejército, y deja patente, como lo escribió Piedad Bonet, la desesperante “parsimonia del Estado, de su burocracia y su torpeza, que hacen que la víctima sea como un corcho a la deriva, a la espera ansiosa de lo prometido”, en este caso una casita diminuta que después de siete años de esperanzas fallidas, por fin, el gobierno le entregó a Ciro en Villavicencio.

Pero lo más importante del documental es que nos permite palpar, en carne y hueso, lo que han sido nuestros 70 años de violencia, y entender que la historia de Ciro no es más que el retrato de la vida de desplazamiento, duelos, atropellos, pobreza, olvido y dolor que han tenido que padecer, sin que tuvieran cómo escaparse de ella, los siete millones de víctimas de este maldito conflicto, el cual, después de ver el documental ‘Ciro y yo’, uno entiende menos cómo puede haber gente que se empeñe en continuarlo, o en aplazar que se le de jaque mate de una vez por todas, porque se detienen a medir los costos menores que trae parar la guerra, sin entender que el peor costo de todos es el de no detener la muerte.

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Patricia Lara - Enero 14 de 2018

ELN, ¡escuche a la sociedad civil!

El país ha sufrido una gran desilusión, -otra-, con el ELN: su ruptura atroz del cese al fuego tiene temblando a las poblaciones de Arauca, Chocó, Nariño, Casanare y Norte de Santander. Los líderes sociales y defensores de derechos humanos de esas zonas claman porque se reanuden las conversaciones de Quito y se pacte ya otro cese al fuego, como lo han hecho también los abanderados de la paz y miembros de la sociedad civil a la que tanto insiste el ELN que hay que oír. Los países garantes de los diálogos, Brasil, Chile, Cuba, Ecuador, Noruega y Venezuela, la Unión Europea, Francia, la ONU y hasta el jefe del partido de las Farc, el exguerrillero Rodrigo Londoño, ‘Timochenko’, han pedido lo mismo. El Arzobispo de Cali, las autoridades locales de las zonas donde hace presencia el ELN, los medios de comunicación, en fin, todos aquellos que defienden la paz, han implorado que no se rompa el proceso, que se suspendan las hostilidades y se pacte un nuevo cese.

Nadie entiende que la víspera de la fecha fijada para la reanudación de las conversaciones, cuando Gustavo Bell, el jefe negociador del Gobierno, habló en Quito con los negociadores del ELN, ‘Pablo Beltrán’, ‘Aureliano Carbonell’ y ‘Bernardo Téllez’, se hubiera hablado “en términos esperanzadores sobre la posibilidad de llegar a un acuerdo final antes del fin del mandato del presidente Santos”, como lo reveló Bell, y a la madrugada siguiente se hubiera reanudado la guerra y se hubieran suspendido las conversaciones.

Eso no se comprende si no se tiene en cuenta la dinámica interna del ELN: como bien lo explicó en la revista Semana, el experto en el ELN, Víctor Correa de Lugo, “parece que el resquebrajamiento del consenso interno en torno a la paz, más el afán de garantizar la unidad de la organización a cualquier precio, se impuso. El ELN sabe de los graves problemas de incumplimiento del gobierno en el caso de las Farc, pero no es eso lo que le amilana(...) Lo que les pesa como un ancla es la unidad interna que quieren salvar a toda costa y, como dice el refrán, los ejércitos avanzan al paso del más lento. El problema es que el más lento, en este caso las llamadas ‘barras bravas’ elenas y la minoría contraria a los diálogos, parece que están ganando el pulso”.

Y justamente esa es la tarea principal de ‘Gabino’, de ‘Pablo Beltrán’ y de los otros líderes del ala moderada: convencer a los más radicales de que Colombia se hastió de la guerra; de que si escogen el camino de la violencia se hundirán políticamente; y de que el Ejército, a base de golpearlos militarmente y de promover la desmovilización masiva de sus guerrilleros, acabará minando al ELN hasta un punto en que no le quedará más alternativa que rendirse.

Como dice Currea De Lugo, “el cese al fuego no es una concesión al gobierno, sino un clamor de la sociedad(...) Un ELN que hace varias décadas tuvo como consigna ‘el pueblo habla, el pueblo manda’, un ELN que pone como primer punto la participación de la sociedad, no puede hacer caso omiso a tanto mensaje”.

Y continúa: “El gobierno de Santos les cogió la caña y propuso alargar (el cese) y renegociarlo; ¿para qué entonces saltar a la guerra donde, como es sabido, los platos rotos los pagan las comunidades?”.

Esperemos que el ELN escuche el clamor de la sociedad civil, suspenda hostilidades, no siga sembrando el terror, y se dé cuenta de que, si no lo hace, si frustra y les hace pagar los platos rotos a las comunidades de sus zonas, serán ellas las que pronto se cansen y empuñen el fusil contra el ELN.

Quiera Dios que recapaciten…

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Patricia Lara - Enero 7 de 2018

Año nuevo crucial

Comenzó un año definitivo pues elegiremos Presidente y, al hacerlo, decidiremos si desbarataremos los acuerdos de paz y regresaremos por ese sendero conocido de confrontación y violencia, o si acabaremos de darle vuelta a la página de horror y caminaremos por una ruta desconocida y, por lo tanto, susceptible de generarnos temor, en la que convivamos con los que piensan distinto, nos reconciliemos, aclimatemos la paz, y nos lancemos a innovar y a construir el país del futuro.

Sin embargo, lo que es paradójico es que, no obstante que se trata de una definición trascendental, a cuatro meses vista no hay nada definido ni se sabe quiénes, finalmente, encarnarán las dos opciones.

Por ahora sólo está claro que los candidatos del uribismo y del Partido Conservador, Iván Duque y Martha Lucía Ramírez, y tal vez el retrógrado Alejandro Ordóñez, quienes no le ven obstáculos a que el Estado incumpla lo acordado con las guerrillas, decidirán mediante una consulta interpartidista, el 11 de marzo, cuál de ellos será el candidato de la extrema derecha. También se sabe que la izquierda escogerá ese mismo día, mediante el mismo sistema, al candidato de ese sector, que será o Gustavo Petro o Clara López o Carlos Caicedo. A este grupo es factible que se unan la Unión Patriótica y otros.

Pero, además, puede ser que ese sector y el Partido Liberal lleguen a un acuerdo para que todos participen en la consulta interpartidista y elijan un candidato de coalición que defienda los acuerdos paz. En cambio, Germán Vargas Lleras, de centro derecha, y Sergio Fajardo, de centro, escogieron quedarse por fuera de las consultas.

Entonces, hoy por hoy, como están las cosas y las encuestas, lo más probable es que a la primera vuelta se presenten Fajardo, De La Calle, Vargas, Petro y Duque, si no se consolida el acuerdo entre De La Calle y la izquierda; que a la segunda vuelta pasen Fajardo y Petro; y que el ganador sea Fajardo. Si el acuerdo se consolida, los candidatos de primera vuelta serían seguramente Petro, Fajardo, Vargas y Duque, y el resultado sería el mismo que el anterior.

Pero también pueden producirse decisiones audaces, como la de que quienes apoyan los acuerdos de paz hagan una coalición con base a principios. En ese caso, si Petro tuviera claridad política, haría un pacto con De La Calle para que éste fuera el candidato que defienda la paz, ya que Petro uniría a la derecha y al centro en su contra. Y Fajardo se quedaría al margen del acuerdo, pues él ha dicho que no hará alianzas con el corrupto Partido Liberal. Y Vargas, Uribe y Pastrana, por su lado, podrían unirse en torno del candidato que, de sus grupos, en ese momento, fuera el mayoritario en las encuestas, unión en favor de la cual están presionando algunos grupos económicos.

Si esas movidas se dan, a la primera vuelta se presentarían, probablemente, De La Calle, con el apoyo de la izquierda; el candidato de unión de la derecha y Fajardo. En ese caso, probablemente De La Calle y el candidato de la derecha pasarían a segunda vuelta, y sería difícil predecir el ganador.

Pero si Fajardo aceptara acordar con De La Calle como persona -no como representante del Partido Liberal-, que el que de los dos en abril lleve la delantera será apoyado por el otro, el triunfo de la propuesta de paz y el salto del país hacia delante estarían asegurados.

Es un buen tema para que lo mediten en este inicio de año, Sergio y Humberto.

¡Feliz 2018, queridos lectores!

Patricia Lara - Diciembre 17 de 2017

Desconfianza, el mal nacional

Normalmente la gente envía por Whatsapp toda clase de videos y textos pendejos, y hasta imágenes idiotas deseando feliz lunes, feliz viernes… Pero uno que otro amigo siempre manda algo interesante o divertido.
Fue así como el viernes vi un Whatsapp de Julio Mendoza y, a diferencia de lo que normalmente hago con otros -que los mando a la basura de inmediato-, lo abrí y me encontré con un interesante fragmento de una entrevista que Semana en Vivo le hizo a Julián De Zubiría Samper, director del instituto Alberto Merani y consultor de educación.

Dice en ella De Zubiría que según una encuesta que incluye a 70 países, Colombia es de las naciones donde menos se confía en el otro: por ejemplo, mientras los chinos dicen que, de las personas que conocen, confían en el 65%; y los finlandeses y los noruegos manifiestan que confían en el 70% o 75%, los colombianos afirman que confían tan sólo en el 5% de sus conocidos. De Zubiría liga ese dato con otro, por demás impresionante: que la mitad de las personas asesinadas en Colombia, conocen a sus asesinos, y que muchos de ellos son asesinados el día de la madre, que es el más violento del año, o cuando están tomando trago, o en medio de un partido de fútbol. Por lo anterior, el director del Instituto Merani concluye que la sociedad colombiana tiene un nivel enfermizo de intolerancia y padece una preocupante sed de venganza. Y relaciona esa desconfianza, esa intolerancia y esa sed de venganza, con el bajísimo nivel de la educación: De Zubiría sostiene que, en los últimos 20 años, ni la calidad, ni la inversión en educación, han aumentado un solo punto. Y agrega que según las pruebas Pisa, sólo el 1% de los jóvenes que llevan 10 años o más de estudio, son capaces de leer de manera crítica. Eso hace que el país no se mueva por ideas sino por emociones, y permite que los políticos manipulen a la gente metiéndole en la cabeza ideas tan absurdas como la de que estamos en peligro de que el castrochavismo llegue a Colombia.

El experto en el tema educativo concluye, entonces, que lo que está detrás de todos esos problemas, es la baja calidad de la educación, y agrega: “Mientras el país no se decida a invertir en educación y en ciencia, no tenemos futuro como sociedad, y no vamos a construir la paz, y no vamos a salir adelante. Los países que salen adelante son los que invierten en ciencia y en educación, como Finlandia, Noruega, los Tigres Asiáticos, o Chile… Ese es el gran tema de este país”.

Afortunadamente, el candidato presidencial más opcionado, según las encuestas, Sergio Fajardo, tiene claro el tema, y ha planteado que sus prioridades serán la educación y la ciencia, lo cual se traduce en una inversión mucho mayor en esos campos.

Sin embargo, no creo que nuestra desconfianza enfermiza se deba sólo a la baja calidad de la educación. Ella obedece más a que la mayoría de los colombianos no consideran que ellos mismos sean confiables. Y si así lo creen, proyectan su carencia en los demás. “El ladrón juzga por su condición”, dice un dicho sabio. De manera que la mejoría en la calidad de la educación, tendría que ir acompañada de un aumento astronómico de la inversión en salud mental, porque la guerra y la distorsión de valores que trae el narcotráfico, han malogrado el alma de demasiados compatriotas.

Si eso no se hace, tampoco saldremos adelante, ni construiremos la paz.

                                                                                 ***

¡Feliz Navidad, queridos lectores!

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Patricia Lara - Diciembre 03 de 2017

Un libro que hay que leer

Ahora, cuando las bancadas de Álvaro Uribe y Germán Vargas, unidas a los conservadores, desplegaron sus mayores esfuerzos por hacer trizas el acuerdo de paz, sí que vale la pena leer el libro del historiador Darío Villamizar ‘Las guerrillas en Colombia, una historia desde los orígenes hasta los confines’, con prólogo del prestigioso periodista norteamericano Jon Lee Anderson.

Se trata de una obra enciclopédica, rigurosa, con 828 páginas de las cuales 23 son de bibliografía, que da cuenta de nuestros 70 años de historia guerrillera con sus antecedentes desde la Guerra de Los Mil Días; su relación con el contexto mundial (la repercusión en ella de la Revolución Rusa, la Guerra Fría, la Revolución Cubana, los nacionalismos y las dictaduras latinoamericanas, los fenómenos de Perón en Argentina, de Arbenz en Guatemala, de Torrijos en Panamá…); sus raíces en la violencia entre liberales y conservadores y el asesinato del líder liberal Jorge Eliécer Gaitán, el 9 de Abril de 1.948; sus desarrollos y sus procesos de paz incompletos o, más bien, incumplidos por distintos gobiernos; sus mutaciones, como aquella mediante la cual la guerrilla liberal acabó nutriendo la guerrilla comunista y dio origen a las Farc; su historia de luchas, y de purgas, y de divisiones; los perfiles de sus líderes Manuel Marulanda, Camilo Torres, Fabio Vásquez, el Cura Pérez, Jaime Bateman, Carlos Pizarro, Gabino, tantos; los dirigentes asesinados por incumplimientos del Estado en los diferentes procesos -Guadalupe Salcedo, Carlos Pizarro, Jaime Pardo Leal, Bernardo Jaramillo, Carlos Toledo Plata, muchos acribillados de la Unión Patriótica-; los incontables indultos y amnistías y los agotadores diálogos y negociaciones, que comenzaron hace 32 años con el gobierno de Belisario Betancur y no han parado: los procesos con el M-19, EPL, el Movimiento Armado Quintín Lame, el PRT, la Corriente de Renovación Socialista, los Comandos Ernesto Rojas, las Milicias Populares, el Frente Francisco Garnica, los Comandos Armados, los distintos intentos de negociación con el ELN de todos los gobiernos de los últimos 25 años, y los varios y largos procesos con las Farc, desde 1982 hasta hoy, cuando se produjo el último, ¡por fin, exitoso! 

Claro, exitoso porque se logró un acuerdo con la guerrilla más antigua y arraigada de América Latina, pero que puede volverse un fracaso si el Estado, como es frecuente, no acaba de cumplir sus compromisos, si la clase política sigue poniéndole palos en la rueda a la paz, y si la guerrillerada, frustrada y asustada, se desbanda en un sálvese quien pueda a rebuscarse la vida quién sabe cómo, en lugar de embarcarse en los proyectos productivos que tanto le prometió el Estado.

Para escribir este libro, Darío Villamizar realizó cerca de 30 entrevistas, revisó archivos, centros de documentación, documentos contenidos en las páginas web y en los archivos de los movimientos armados y viajó a Washington para consultar el Archivo Nacional de Seguridad.
¡Es una obra monumental!

En este fin de año, cuando habrá tiempo para leer y reflexionar, se la recomiendo no sólo a los estudiosos del tema sino a todos los que quieren tirarse la paz: han sido tan sangrientos y agotadores estos 70 años de guerras y de negociaciones que la historia no les perdonaría, señores, que ahora que la paz se firmó fracase porque por sus intereses politiqueros ustedes se empeñaron en tumbar los acuerdos.


Ese sería un crimen que ni la historia ni los niños de la Colombia del futuro, les perdonarían...

@patricialarasa 

Patricia Lara - Noviembre 19 de 2017

Conejo a las Farc

Después de que las Farc cumplieron su palabra, se desmovilizaron y entregaron sus armas para constituirse en partido y hacer política en la legalidad, la Corte Constitucional y el Senado aprobaron la Justicia Especial para la Paz con unas modificaciones que cambian sustancialmente ese acuerdo de La Habana que el gobierno y las Farc demoraron cuatro años en cocinar: en una solución muy colombiana, prendiéndole una vela a Dios y otra al diablo, la Corte avaló que los jefes de las Farc sean elegidos de inmediato al Congreso, pero estableció que la JEP sea un tribunal de justicia especial que sólo opere para las Farc.


Eso significa que esos civiles que andan como Pedro por su casa (en su mayoría empresarios, ganaderos y narcotraficantes) en ciertas regiones del país donde es vox populi que ellos patrocinaron y financiaron a los paramilitares y los instigaron a que mataran a cualquiera que les pareciera colaborador de la guerrilla o tuviera pinta de indigente, ya no tendrán obligación de presentarse ante la JEP, sino que podrán hacerlo voluntariamente o no hacerlo y seguirán tan campantes por ahí, porque la ineficiente y corrupta justicia ordinaria, si ya no los pescó, tampoco lo hará en el futuro.

Ese tema es un punto de honor para las Farc porque para ellas es fundamental que quede claro algo que gran parte del país no ha querido aceptar, y es que las Farc no fueron las únicas malas del paseo sino que, además, hubo un montón de paramilitares, apoyados por civiles y militares, que aplicaron un remedio mucho peor que la enfermedad y que, para dizque luchar contra la guerrilla, cometieron miles de asesinatos selectivos y centenas de masacres de campesinos inocentes en las que practicaron las peores atrocidades -mutilaciones, violaciones y hasta desmembramientos con motosierras-.


Y el Senado, por su parte, aprobó la JEP pero inventó inhabilidades que afectan a casi la mitad de los magistrados elegidos, y que se refieren a que no podrán posesionarse en la JEP quienes en los últimos cinco años hayan sido defensores de derechos humanos o hayan representado a personas involucradas en el conflicto armado. Es decir que, en la práctica, se cerró la posibilidad de que los juristas expertos en derechos humanos, que es el tema que fundamentalmente estará involucrado en la mayoría de los casos que juzgará la JEP, no pueden hacer parte de ese tribunal. Por fortuna, todo indica que esas inhabilidades son inconstitucionales, porque tienen que ver con el ejercicio lícito de la profesión de abogado, y la Corte Constitucional tendrá que pronunciarse sobre el tema. Y también se espera que en la plenaria de la Cámara se caiga esa inhabilidad.

En todo caso, el panorama no es alentador para el proceso de paz el cual, para salir adelante, requiere del compromiso del Estado en pleno. Y si a lo anterior se añade la matazón de líderes sociales y de ex combatientes de las Farc, sin que la Fiscalía ni la Justicia muestren resultados, y sin que los organismos de seguridad frenen los crímenes, la situación se torna alarmante. Así lo demuestran las cartas que el jefe de las Farc, Rodrigo Londoño, cuya lectura recomiendo, les envió al presidente Santos y al Secretario de la ONU.

¡Ojalá Dios ilumine a los poderes del país para que no se tiren esta última posibilidad de paz! ¡Ojalá los haga darse cuenta de que el camino de la guerra, adoptado en los últimos 70 años, ha sido demasiado cruel, costoso y torpe!

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Patricia Lara - Noviembre 5 de 2017

Asesinando la paz

Bajo el título de ‘Ausentismo asesino’, Matador dibuja una paloma tendida, llorosa, con un ramo de olivo en el pico, y dos piernas en huida: una que lleva el letrero de ‘Congreso’ y se asoma bajo el subtítulo de ‘morirá por nuestra ausencia,’ y otra que grita ‘vámonos’.

Nada ilustra mejor que esa caricatura lo que está sucediendo: no es otra cosa que el asesinato de la paz por parte de la clase política. 

No en vano la última encuesta de Gallup le asignó una pésima imagen: de acuerdo con el sondeo divulgado esta semana, la opinión desfavorable de los partidos llegó a 89%, el peor puntaje obtenido hasta ahora, y la del Congreso tocó los 82 puntos.

Y es que la situación es verdaderamente grave, sobre todo ahora cuando, sin haberse aprobado la Justicia especial para la Paz, JEP, las Farc anunciaron que ‘Timochenko’ será su candidato presidencial, e ‘Iván Márquez’ y ‘Santrich’ sus cabezas de Senado y Cámara. 

Es que si, porque se desbarató la coalición de gobierno, o por falta de liderazgo del mismo, o porque el gobierno se quedó sin mermelada para untarles a los congresistas, las plenarias acaban no aprobando la JEP, en el panorama sólo habría tres alternativas: o el Presidente decreta un estado de conmoción interior y, en virtud de ese estado de emergencia, expide la ley que reglamenta la JEP y acaba de dictar las demás leyes que hacen falta para cumplir los acuerdos de paz; o el Fiscal expide órdenes de captura contra ‘Timochenko’ y compañía; o no pasa nada, como suele suceder tantas veces en este país.

En el primer caso, querría decir que el gobierno primero le puso conejo al país, al seguir adelante con los acuerdos de paz, no obstante que no fueron aprobados en el plebiscito; y le puso conejo al Congreso, pues a pesar de que modificó los acuerdos incorporando la mayoría de las observaciones que les hicieron los promotores del NO, y los sometió al Congreso, de todas maneras los hizo regir en virtud del estado de emergencia, no obstante que no fueron aprobados por el Parlamento.

En el segundo caso, si los jefes de las Farc son capturados y llevados a prisión, se habría producido un engaño mayúsculo del Estado a las Farc, guerrilla que no fue vencida militarmente y se desmovilizó y entregó las armas con la condición de que se les concediera la posibilidad de actuar en política. 

Y en el tercer caso, si no se aprueba la JEP, y las demás leyes del acuerdo de paz pasan a consideración de la legislación ordinaria del año entrante, cuando los congresistas estarán en campaña para su reelección y les importará un pito lo que pase con el país, y estas no salen o se aprueban a retazos, reinará un caos jurídico, no se sabrá cómo actuar frente a unos delincuentes que no han sido juzgados ni amnistiados pero que ya son parlamentarios, se exacerbará la polarización porque los jefes de las Farc habrán ido a elecciones y asistido al Congreso sin haber sido juzgados por la JEP y, muy probablemente, dada la inseguridad personal y jurídica de los excombatientes, y el incumplimiento del acuerdo agrario, habrá desbandada de ellos quienes, asustados y frustrados, se fugarán para ganarse la vida por cualquier sistema, probablemente ilegal. Entonces la inseguridad del país crecerá exponencialmente. 

Ojalá los parlamentarios se percaten de la enorme responsabilidad que hoy tienen con Colombia y aprueben la JEP. El mal que le harían al país, si no lo hicieran, sería infinito.

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Patricia Lara - Octubre 08, 2017  

Fajardo en punta

Todo parece indicar que el matemático, exalcalde de Medellín y exgobernador de Antioquia, Sergio Fajardo, está empezando a protagonizar un fenómeno político similar al de Álvaro Uribe en el 2002: aun cuando todavía es prematuro para afirmarlo de manera contundente, parece como si de un momento a otro su candidatura hubiera despegado y se hubiera alejado del lote de presidenciables, para convertirse en el ganador en todos los escenarios.

Así lo indica la última encuesta de Invamer, la cual le da una favorabilidad de 21 puntos, con una ventaja de 8,5% sobre Germán Vargas Lleras, el segundo de la lista; 9,8 sobre Claudia López; 10,6 sobre Gustavo Petro; 12,2 sobre Juan Manuel Galán; 12,7 sobre Humberto De la Calle; 14,5 sobre Iván Duque, el primer uribista de la lista; 15,7 sobre Robledo; y 17,9 sobre Clara López, etc.

Y en los escenarios de segunda vuelta, Fajardo les gana a todos: a Vargas Lleras le lleva una ventaja de 14,9%; a Petro una de 30,8%; y a Iván Duque una más grande, de 39,2%. Y desde el punto de vista de la imagen negativa, es el candidato con menos imagen desfavorable, con un 16,4%, frente a Petro que tiene un rechazo de 41,1%, Vargas Lleras que tiene uno de 34%, e Iván Duque uno de 25,2%.

De modo que, si las cosas siguen como van, las alianzas para la campaña se facilitarán, porque los otros aspirantes con posiciones similares tendrán que deponer sus aspiraciones frente a la evidente ventaja de Fajardo: Claudia López y Jorge Robledo tendrían que imitar pronto a Antonio Navarro, su compañero de alianza, quien con generosidad y realismo político aceptó de inmediato el resultado de una encuesta de preferencia electoral entre él y Claudia López, y retiró su candidatura.

Y si la ventaja de Fajardo sigue consolidándose en las próximas encuestas, Clara López y el candidato ganador de la consulta del Partido Liberal, que sería Humberto De La Calle o Juan Fernando Cristo, quienes con insistencia se han mostrado partidarios de una gran alianza de los partidarios del proceso de paz, tendrían que buscar un acuerdo con Fajardo y apoyar su candidatura.

Así las cosas, a la primera vuelta Fajardo concurriría en representación de un importante bloque que agruparía a los seguidores de Claudia López, Robledo, Navarro, Humberto De la Calle, Juan Fernando Cristo, Clara López, y a otra gran cantidad de gente que se hartó de la corrupción, de la polarización, de la peleadera, que simpatiza con el centro y que quiere que el país chulee el proceso de paz y de un salto hacia adelante en educación y desarrollo.

Y se enfrentaría, por una parte, con Vargas Lleras, que si bien tiene ganada la buena fama de que es buen ejecutivo y hace las cosas, ha estado muy ligado a esa clase política corrupta que ahora está en la picota pública; y, por otro, competiría con el candidato de Uribe y con Petro, que representan la peleadera y la polarización.

En ese caso, repito, si las cosas siguen como van, la victoria de Fajardo estaría cantada.

¡Y ojalá fuera así! A ver si cambiamos de chip y caminamos para adelante porque a veces parece como si muchos se empeñaran en este país en esforzarse por caminar para atrás…

                                                                                                * * *

¡Felicitaciones al diario El País y a los autores del reportaje ‘El Mapa de la Muerte’: Hugo Mario Cárdenas, Ossiel Villada, Germán González, Ana María Saavedra y Lina Uribe! Con ese texto ganaron el Premio ‘Gabo’ de Periodismo, un galardón muy importante en el ámbito del periodismo iberoamericano. ¡Bravo, muchachos!

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Patricia Lara - Septiembre 24, 2017

La ley del garrote

La amenaza que lanzó Donald Trump contra Colombia fue desconsiderada, injusta y grosera para con el país que más ha sufrido por hacerle caso a los Estados Unidos en su lucha contra el narcotráfico. Y ha sido precisamente por esa lucha, que jamás se va ganar a no ser que los gringos dejen de consumir cocaína o que el mundo la legalice de manera controlada, que durante los últimos treinta y cinco años, Colombia no solamente ha gastado billones de dólares, sino que ha visto asesinar a sus más brillantes líderes políticos, a sus más valientes periodistas, a sus mejores jueces y policías; ha padecido la corrupción de sus instituciones y el mal que a la sociedad le ha hecho la posibilidad de acceso al dinero fácil; y ha soportado que los habitantes de las zonas cocaleras se envenenen con ese glifosato cancerígeno que tenían que aspirar porque así lo mandaba el Tío Sam, y que se suspendió gracias a una sentencia de la Corte Constitucional.

Y a esa amenaza grosera, contenida en un memorando dirigido por Trump a su Secretario de Estado, en el que sostiene que “Estados Unidos está considerando seriamente designar a Colombia como un país que ha incumplido de manera demostrable sus obligaciones bajo los compromisos internacionales antidrogas”, y en el que agrega que, “en última instancia, Colombia no está descertificada porque su Policía Nacional y sus Fuerzas Armadas son estrechos colaboradores de los Estados Unidos en el continente”, respondió con prudencia pero con claridad el vicepresidente, Óscar Naranjo, quien además ha sido uno de los generales que mayor confianza les ha generado a los Estados Unidos en la lucha contra el narcotráfico.

En una entrevista con Yamid Amat, Naranjo les dijo cuatro cosas:

1. Que el aumento de las hectáreas cultivadas con coca se ha debido a tres factores: por una parte, a que durante las negociaciones de paz, las Farc propagaron la idea de que el Estado ayudaría a la gente que tuviera cultivos, y eso incentivó la siembra; por otra, a la devaluación del peso frente al dólar, que mejoró el negocio casi en un 40 %; y, finalmente, a que el precio del oro en el 2012 era altísimo, y mucha de la economía ilegal migró hacia él, pero luego cayó y se volvió a los cultivos ilícitos.

2. Que en Colombia no hay gobiernos paralelos: uno de militares y de policías, y otro civil. Que aquí los militares y policías hacen lo que hacen porque el Presidente lo ordena. Y que si el Gobierno americano valora lo que hacen los militares y policías, tiene que valorar lo que hace su jefe, que es el Presidente.

3. Que Colombia reconoce el aumento de las áreas de cultivo y no quiere entrar en discusión con Estados Unidos, sino trabajar conjuntamente con ese país para enfrentar el problema.

4. Que Colombia se merece la oportunidad de probar que, sin conflicto armado en los territorios, la sustitución voluntaria de cultivos ilícitos, que es un programa muy reciente, funciona.

Y por supuesto que Colombia se merece esa oportunidad. Así se lo dijo a El Espectador, Naoko Ishii, presidente de Global Environment Facility, uno de los principales fondos para la protección ambiental. “Este nuevo enfoque es muy importante. Se trata de buscar una solución integral que le preste mayor atención a la calidad humana, al bienestar social y al desarrollo sostenible, especialmente para favorecer a aquellas comunidades afectadas por la guerra.

El componente de salud pública allí incluido es clave”, afirmó.
Pero como a Trump le preocupan tan poco esos temas, por más que sus funcionarios hayan dado mensajes contemporizadores durante el reciente viaje del Presidente Santos, ¡estamos fritos!

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Patricia Lara - Septiembre 10, 2017

El Papa no dejó dudas

No lo duden: el Papa Francisco vino a Colombia a pedirnos que nos perdonemos y nos reconciliemos (“todo esfuerzo de paz sin un compromiso sincero de reconciliación siempre será un fracaso”, dijo). Insistió en que huyamos “de toda tentación de venganza.”

El Papa quiere que construyamos “un país que sea patria y casa para todos los colombianos”, que no decaigamos “en el esfuerzo por construir la unidad de la Nación”, que entendamos que “la sociedad no se hace sólo con algunos de pura sangre, sino con todos” y que “Colombia necesita la participación de todos para abrirse al futuro de la esperanza.”

El Papa nos invita a que todos demos “el primer paso” para reconciliarnos, para aceptar “vernos y tratarnos como hermanos, nunca como enemigos,” para “crear puentes, para crear fraternidad”, para “salir al encuentro del otro”, para “extender la mano y darnos el signo de paz”.

El Papa les solicita a los jóvenes que nos contagien de su capacidad “de comprender que incluso detrás de un error (…) hay un sinfín de razones, de atenuantes”. Les pide que nos enseñen “a los grandes que la cultura del encuentro no es pensar, vivir, ni reaccionar todos del mismo modo(…), sino “saber que más allá de nuestras diferencias somos todos parte de algo grande que nos une y nos trasciende, somos parte de este maravilloso país”. Y les dice que nos enseñen a “perdonar a quienes nos han herido”; que nos ayuden “en este intento de dejar atrás lo que nos ofendió, de mirar adelante sin el lastre del odio”, de “sanar nuestro corazón”.

El Papa nos hace ver que “la inequidad es la raíz de los males sociales”; pero también cree que “en el último año se ha avanzado de modo particular” en la ruta “para poner fin a la violencia armada y encontrar caminos de reconciliación”. Sin embargo agrega que nos “hace falta llamarnos unos a otros, hacernos señas, (…) volver a considerarnos hermanos, compañeros de camino, socios de esta empresa común que es la patria”.

Y en el conmovedor encuentro con víctimas en Villavicencio nos dice que “sanemos aquel dolor y acojamos a todo ser humano que cometió delitos, los reconoce, se arrepiente y se compromete a reparar, contribuyendo a la construcción del orden nuevo donde brillen la justicia y la paz”(…).

Y a Colombia le dice: “abre tu corazón de pueblo de Dios y déjate reconciliar. No le temas a la verdad ni a la justicia”. Nos indica “no tener miedo a pedir y a ofrecer el perdón. No se resistan a la reconciliación(…) Es hora de sanar heridas, de tender puentes, de limar diferencias; es la hora para desactivar los odios y renunciar a las venganzas”. Pero nos advierte: “los ambientes de desazón e incredulidad enferman el alma”; y los “ambientes que no encuentran salida a los problemas y boicotean a los que lo intentan, dañan la esperanza que necesita toda comunidad para avanzar.”

Por último, el Papa nos hace darnos cuenta de que ha sido “mucho” el “tiempo pasado en el odio y la venganza”.

¡Más claro no se puede hablar! La visita del papa Francisco a Colombia cierra espacio a los que tienen como propósito volver añicos los Acuerdos de Paz, sembrar y esparcir el odio y robarnos la alegría y la esperanza, y se los abre a los que se empeñan en construir una Colombia donde quepamos todos.

Siempre nos quedarán resonando sus palabras: “Cuiden el trigo. No pierdan la paz por la cizaña”.

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Patricia Lara - Agosto 27, 2017

¿Micos en vez de magistrados?

Al ver que en lo que va corrido del año, más de cien funcionarios judiciales (60 de la Fiscalía y 34 de la rama judicial), han sido procesados por venderse para torcerles el curso a procesos a cambio de dinero o dádivas; que la corrupción ya alcanzó la institución de la tutela, pues el juez cuarto laboral de Cúcuta, Samuel Darío Rodríguez Duarte, fue encontrado culpable de fallar tutelas reconociendo beneficios a costa del presupuesto de Ecopetrol; que el exjefe de la Unidad Anticorrupción de la Fiscalía, Luis Gustavo Moreno Rivera, está preso y a punto de ser extraditado por corrupto; que también se están investigando decenas de casos menos visibles, como el de un exsecretario de juzgado de Bogotá que está detenido porque recibió 500 millones de pesos para dejar en libertad a hombres de ‘don Mario’; que dos funcionarios del CTI cobraban hasta dos millones de pesos por entregar información sobre procesos judiciales; que los escándalos han tocado a los tribunales de Villavicencio y Cundinamarca; que una funcionaria de la Fiscalía fue capturada cuando recibía 15 millones de pesos para no vincular a un concejal de Villeta, Cundinamarca, en un caso de ‘parapolítica’; que un juez de Montería fue señalado de dejar libres a hombres del Clan Úsuga; que ya la Fiscalía tiene documentados pagos de sobornos por cerca de 10.000 millones de pesos y que todavía faltan resultados de las investigaciones en no menos de 12 distritos judiciales; que todas esas son investigaciones preliminares; que estamos apenas ante la punta del iceberg y que esa avalancha de corrupción ya llegó hasta la propia Corte Suprema de Justicia, pues tres de sus antiguos presidentes están siendo investigados por vender su conciencia para manipular procesos y, así, beneficiar a connotados políticos –presidenciables, algunos de ellos- que les pagaron para evitar ser juzgados por sus delitos, me preguntaba: ¿qué diablos se puede hacer para enderezar la Justicia de este país? ¿Qué camino se puede coger cuando la sal se corrompe?

Entonces vino a mi memoria un artículo que hace un tiempo leí en The New York Times, escrito por Nicholas Kristof, y titulado 'Lo que los micos pueden enseñarnos sobre la justicia'. El autor se refería a un experimento en el que a unos micos les enseñaron a entregar piedritas a cambio de pedazos de cohombro. A los micos les gustaba ese trato. Pero como también les encantaban las uvas, un día les dieron a unos, en vez de cohombro, uvas a cambio de las piedritas, y a los otros continuaron entregándoles el mismo pepino.

Esa oferta fue considerada un insulto por todos los micos y muchos de ellos arrojaron enfurecidos los pedazos de cohombro. Kristof concluyó, entonces, que “a los micos les preocupa profundamente la justicia”, y que “les importa no solamente lo que ellos reciben, sino lo que reciben los otros”.

Entonces, al recordar esa historia, se me ocurrió pensar: ¿y si los jueces y magistrados fueran micos, cómo se comportarían? No lo sé… Pero, seguramente, actuarían con mayor sentido de la justicia que esos funcionarios judiciales corruptos que tanto daño le están haciendo al país.

Y ahora solamente esperamos, ¡que caiga el que tenga que caer! Y que el Fiscal Néstor Humberto Martínez cumpla la promesa sobre el tratamiento para esta situación qué “será doloroso, pero inaplazable”.
Esa es la única manera de limpiar la rama judicial… De lo contrario, no quedará más remedio que nombrar jueces a los micos.

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Patricia Lara - Agosto 13, 2017

Manifestación de candidatos

Ya salieron al ruedo prácticamente todos los candidatos: parecen incontables: ¡son 24!, si es que no se me escapa alguno o si no salta uno nuevo a la palestra. Existen 11 de derecha (Carlos Holmes Trujillo, Rafael Nieto, Iván Duque, María del Rosario Guerra, Paloma Valencia, Martha Lucía Ramírez, Alejandro Ordóñez, Juan Carlos Pinzón y, probablemente, Luis Alfredo Ramos, Oscar Iván Zuluaga y Fernando Londoño, si se les arreglan sus líos jurídicos); 1 de centro derecha (Germán Vargas Lleras); 5 de centro (Juan Manuel Galán, Viviane Morales, Juan Fernando Cristo, Luis Alejandro Velasco, Humberto De La Calle); 3 de centro izquierda (Sergio Fajardo, Claudia López, Antonio Navarro); y 4 de izquierda (Clara López, Jorge Robledo, Gustavo Petro y Piedad Córdoba).

Lo increíble es que todos creen que pueden ganar. Pero de la pelea solamente saldrán vivos dos que pasarán a segunda vuelta.

La pregunta es cómo van a doblegar sus egos para que las fuerzas afines se alíen en torno a uno solo. Por el lado de la derecha la cosa es bastante clara: el que diga Álvaro Uribe será el candidato del Centro Democrático y medirá fuerzas con los otros de la coalición del No para llegar con un solo nombre a la primera vuelta.

Pero en el sector del centro y de la izquierda el asunto es un galimatías: por el lado del Partido Liberal, se ha dicho que en septiembre habrá una convención en la que se definirá el mecanismo para escoger el candidato. Sin embargo Vivianne Morales y Juan Manuel Galán dicen que Cesar Gaviria, jefe del liberalismo, ya eligió a Humberto De la Calle. Así que puede ocurrir que en la convención liberal el gavirismo escoja a De la Calle, y Galán y Vivianne opten por lanzarse por firmas.

Y por el lado del centro izquierda, aun cuando existe un acuerdo entre Claudia López y Antonio Navarro para que una encuesta defina cuál de los dos es el candidato del Partido Verde, no está claro cómo van decidir, entre éste, Robledo y Fajardo, quién será el que representará a ese grupo: Fajardo quiere que se defina mediante una encuesta, y los demás desean que sea a través de una consulta popular. Sin embargo, así lleguen a un acuerdo, quedaría volando Clara, pues Robledo no acepta que ella haga parte de ese grupo, no obstante que Clara no le ve problema a pertenecer a él. Entonces puede ocurrir que Clara también se lance por firmas.

Y en el sector de la izquierda, habría dos ruedas sueltas: Petro y Piedad.


Si por un milagro la sensatez aterrizara en el centro y la izquierda, podrían realizar una consulta en las elecciones parlamentarias para elegir un candidato único de ese sector y, así, con un Fajardo o un De la Calle, ganar en primera vuelta.

Pero lo más probable es que continúe la feria de egos y, en la primera vuelta, siga la manifestación de candidatos reducida a 9: el de Uribe que, a mi juicio, será Iván Duque; Vargas Lleras, De la Calle, Vivianne, Galán, Fajardo -que creo acabará imponiéndose en ese grupo-, Clara, Petro y Piedad. Entonces puede pasar cualquier cosa: que ganen Duque y Vargas Lleras; o que pasen Vargas Lleras y Fajardo; o Vargas Lleras y Petro; o Duque y Fajardo.

O también puede ocurrir lo peor: que otra vez, por su disciplina, mando indiscutible y claridad política, arrase Uribe e imponga su candidato. Entonces surgiría otra pregunta: ¿de ser presidente, ese candidato aceptaría convertirse en el títere que quiere Uribe, o gobernaría a su modo y se le volvería otra vez su nuevo peor enemigo? Miremos lo que está pasando en Ecuador…

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Patricia Lara - Julio 30, 2017

Ad portas de la verdad

El inverosímil encuentro que, auspiciado por el padre Francisco de Roux y por el exministro conservador Álvaro Leyva, se dio entre los peores enemigos de ayer -los antiguos jefes paramilitares ‘Ernesto Baéz’, ‘Diego Vecino’ y el ‘Alemán’, y los dirigentes de las Farc ‘Iván Márquez’, ‘Pablo Catatumbo’ y ‘Jesús Santrich’-, demuestra no sólo que la paz sí es posible, sino que es más fácil que a ella lleguen primero los guerreros, los que produjeron y pusieron los muertos, que los sectores de la sociedad civil que les hicieron barra y que, en la sombra, les dieron apoyo moral, logístico y financiero.

En el encuentro, que duró más de tres horas en las que se sirvieron jugos, galletas y queso, se habló de la paz, de la reparación a las víctimas y de la necesidad de desvincular las armas de la política. Además, no sólo se rompió el hielo entre estos hombres que de manera salvaje se enfrentaron a muerte durante tantos años, sino que se celebró un compromiso entre ellos para revelar y esclarecer la verdad. Así lo dijo Álvaro Leyva: “Fue firme e ineludible el compromiso con la verdad de todos, tanto como componente fundamental de la reconciliación nacional, como elemento esencial de reparación a las víctimas”. Y agregó: “El día que este país conozca lo que sucedió en los últimos cincuenta o sesenta años, cambiará, será un país nuevo”.

Y en ese punto, indudablemente, Leyva tiene razón: cuando se sepa, como ocurrió durante la violencia entre liberales y conservadores, que los propios dirigentes de los partidos eran los que azuzaban la guerra, y se conozca que detrás de las Farc estaba el Partido Comunista, y que a los paramilitares los apoyaban tales y cuales Generales, estos y aquellos empresarios, y tales dirigentes políticos; cuando se sepa que la guerra, en mayor o menor medida, fue responsabilidad de casi todos, el país será otro, porque se habrá enfrentado a su propia verdad… Entonces tendrá que involucrarse en una petición colectiva de perdón y terminará esa nefasta división entre colombianos buenos y colombianos malos que tanto ha estimulado la violencia.

Llegar a ese punto le haría mucho bien al país. Y también se lo haría a esos líderes políticos y empresariales que se empeñan tercamente en hacer añicos los acuerdos de paz porque, como todo lo indica, se mueren de miedo de que rija la Justicia Especial para la Paz y de que en ella se ventilen los nombres de los autores materiales e intelectuales y de los cómplices del conflicto, llámense guerrilleros, militares, civiles, paramilitares o empresarios. Sí, ¡cómo les haría bien que se conocieran todos los secretos de esta guerra: porque la verdad libera y hace más liviano el camino de la vida!

Por ello hay que celebrar que esta reunión entre los antiguos enemigos a muerte haya sido la primera de varias que piensan celebrar en el futuro. Porque como escribió el Padre Francisco De Roux, así se conocerá, “no la restringida verdad jurídica que se limita a responder ante el juez si se es o no partícipe en un crimen puntual de guerra o de lesa humanidad, sino, mucho más allá, la verdad de organizaciones, personas, propósitos políticos y económicos, que propiciaron la inmensa tragedia. Pero no la verdad para acrecentar los odios y los señalamientos, sino la verdad para que nos miremos en el desnudo de nuestras responsabilidades, despojados de disculpas y abogados, y para que, conscientes de todo lo acontecido, podamos transformarnos juntos”.

Ojalá así sea…

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Patricia Lara - Julio 16, 2017

¡Adiós, mi amigo!

 

La última vez que nos emparrandamos estaba radiante: fue hace poco más de un año, cuando nos tomamos unos whiskeys y almorzamos delicioso en San Cristóbal, el paladar de La Habana vieja al que pocos días antes había ido a cenar el presidente Barack Obama.

Allá había invitado yo, a manera de despedida, a ese par de brillantes, viejos y divertidos amigos cubanos, ambos antiguos vicejefes del Departamento de América, con los que hablaba de política, conversaba de la vida y me reía de todo, desde el momento en que pisaba la isla hasta la víspera de mi partida: Norberto Hernández, embajador de Cuba en la Venezuela de Carlos Andrés Pérez y en Panamá del general Omar Torrijos, y Fernando Ravelo, embajador de la isla en Bogotá durante el gobierno de López y la mitad del de Turbay y embajador en Nicaragua. Al almuerzo nos acompañó otro gran amigo, Alberto Cabrera, jefe de prensa de la Embajada de Cuba en Colombia en tiempos de Ravelo.

Al salir, nos montamos en el Hyundai Accent 2009 que había arrendado. Acerqué a Norberto a su casa. Luego me dispuse a llevar a Ravelo. En el camino le entregué las inyecciones de complejo B para aliviar la polineuritis que él me había encargado, porque en La Habana no había, así como los óleos de colores que allá tampoco se conseguían y que le había regalado para que pintara esos cuadros de flores que le encantaba dibujar. Le prometí que próximamente le enviaría, con quien pudiera, el aceite de linaza que le facilitaba la mezcla de los óleos. (Se lo mandé con el senador Iván Cepeda, poco después).

Nos despedimos, me hizo alguna broma, sonó nuestra carcajada…

Cuando vi a Ravelo caminar lentamente hacia a su apartamentico localizado en el último piso de un vetusto edificio del barrio Vedado, al que subía con dificultad, pensé que esa sería la última vez que lo veía. Ravelo ya había sufrido dos infartos. No obstante, gozaba los minutos que le quedaban de vida y se la pasaba con Norberto jugando dominó, tomando cerveza, haciendo chistes, burlándose el uno del otro y rememorando sus hazañas secretas en la lucha revolucionaria de América Latina, en la que ambos habían participado.

Me entristecí...

Por el camino, Alberto me recomendó que no olvidara mandarle el aceite de linaza, pues la pintura no sólo le servía a Ravelo para entretenerse, sino que, si lograba vender uno que otro cuadro, recibía algunos pesos que le caían muy bien pues aumentaban su ridícula pensión del equivalente a trece dólares, que el gobierno cubano le pagaba luego de que, casi desde niño, se había vinculado al Movimiento 26 de Julio, había llegado a ser capitán del Ejército Rebelde y colaborador directo del ‘Che’ Guevara en la Asociación de Jóvenes Rebeldes y había trabajado sin descanso y en silencio en la defensa de Fidel y de su Revolución, tanto en Cuba como en América Latina.

Supe de Ravelo semanas más tarde, cuando al recibir el aceite de linaza me mandó agradecimientos y saludos con Alberto y Norberto: él no tenía internet en su casa. Pero no se quejaba de ello, como no se quejaba de nada.

Sólo volví a saber de él el pasado 12 de junio, días después de que cumplió sus 80 años, cuando Niobis, su joven compañera de la última época, me mandó a decir con Alberto que Ravelo había muerto.

Ravelo había dejado instrucciones de que no le hicieran homenajes ni lo enterraran con honores. Sin embargo, sus restos reposan hoy con los de los combatientes del Segundo Frente.

Es que Fernando Ravelo sí que merecía que le rindieran honores: son los que deberían rendírseles a esos pocos seres que, en el mundo, son capaces de vivir y de morir de acuerdo con sus convicciones, sin esperar nada a cambio.

¡Paz en tu tumba, Viejo Rave! Va mi abrazo estrecho para Norberto. Y mis condolencias para Niobis.

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Patricia Lara - Julio 2 de 2017

Amanecía como en otro país

El 28 de junio, al día siguiente de que se acabaran las Farc y sus miembros se despidieran de las armas que habían portado durante este conflicto que ya llevaba más de 53 años; y le dijeran adiós a la guerra, y manifestaran su voluntad de no volver a utilizarlas para hacer política ni para cometer fechorías; y, con nostalgia y miedo por su vida, se desprendieran para siempre de esas armas a las que sus dueños les tenían hasta nombres y a las que querían como a perros fieles que los acompañaron y protegieron en estas décadas de conflicto; ese día, cuando los colombianos acabábamos de ver cómo esas armas que tanto daño nos hicieron habían quedado guardadas en contenedores de Naciones Unidas que las portarían al exterior donde serán fundidas en tres monumentos, me desperté en Boston, donde me encontraba y, de inmediato, a la 7 a.m., hora de mayor sintonía y en la que se comentan las noticias más importantes de la víspera, recorrí por internet las principales cadenas colombianas de radio.

Me encontré con que, en una, un conocido comentarista político hablaba de la toxicidad de las bolsas plásticas; en otra, algo se preguntaba María Isabel sobre el exgobernador de la Guajira, después sobre el Director Anticorrupción de la Fiscalía y más tarde, sobre su parecer de que “cada vez que un guerrillero abre la boca daña todo”, etc. Finalmente, llena de asombro, sintonicé Caracol Radio y, por fin, escuché que Darío Arizmendi entrevistaba a Frank Pearl, último Comisionado de Paz de Uribe, primero de Santos, iniciador del Proceso de Paz con las Farc y miembro del equipo negociador del Gobierno, sobre el tema obvio: el de cómo comenzaron las negociaciones; las consultas que él hizo a propósito del tema con el senador Uribe; en fin, sobre los detalles desconocidos de ese acontecimiento, el final de la guerra con las Farc, que había culminado el día anterior, y que partió en dos la historia de Colombia.

Entonces pensé: si esto hubiera sido antes, si hubiera habido el más leve incidente en el Proceso, si cualquier jefe de las Farc hubiera dado alguna declaración salida de tono, si se hubiera aplazado alguna fecha del desarme o de la desmovilización, si hubiera habido un escollo en la negociación, si Uribe o cualquiera de su combo hubiera hecho alguna crítica, si la representante María Fernanda Cabal hubiera salido con alguno de sus habituales disparates, las emisoras no habrían parado de hablar. Pero como se trataba de una noticia buena, es más, de la mejor de todas, de la más importante en medio siglo, el tema no merecía atención, tal vez porque no generaba rating.

Pero díganme una cosa, ¿aparte de los deportes, del sexo y de la crónica roja, que dan rating seguro, qué genera la alta sintonía? ¿Serán acaso las noticias que están acordes con los valores de la audiencia? ¿Y quiénes, aparte de la familia y los maestros, forman esos valores? ¿No serán los medios, y entre ellos, en el caso de Colombia, la radio principalmente, y luego la Tv. con sus telenovelas deformadoras de valores y portadoras, en tantos casos, de la filosofía del traqueto, las que forman o deforman los valores?

¡Es que el hecho de que gran parte del país sienta la paz como una derrota, como afirmó la Revista Semana, hace pensar que algo anda muy mal en sus valores!

Y que ello cambie, depende, en gran medida, del buen juicio y de la responsabilidad con que actúen los mandamases de la radio y de la Tv.
Ellos, hoy, más que nunca, tienen una gran responsabilidad con Colombia...

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Patricia Lara - Mayo 7 de 2017

El referendo contra los niños

Si en Colombia cada vez más niños permanecen en los hogares de Bienestar Familiar hasta su mayoría de edad porque hay más criaturas a la espera de un hogar que personas dispuestas a adoptarlos; si las adopciones se han reducido a más de la mitad desde el 2.010; si se sabe que crecer en un orfanato tiene consecuencias imprevisibles, pues la falta de vínculos afectivos sólidos en los niños bien puede hacer que, de adultos, se conviertan en delincuentes o desadaptados, ¿tiene algún sentido aprobar un referendo que cuesta 280 mil millones de pesos que no hay, y que se propone prohibir que las parejas gay adopten niños y, de paso, que las mujeres y los hombres solteros, divorciados o viudos tampoco puedan hacerlo?

¿Si a ello se agrega que según la Encuesta Nacional de Demografía y Salud de Profamilia, el 51% de los hogares en Colombia está liderado por madres cabeza de familia, o por solteros, separados y viudos, ese referendo no se convierte en un verdadero disparate ya que, de hecho, estigmatizaría a más de la mitad de la población?

Dado que buena parte de las adopciones las hacen mujeres solas que no quieren casarse pero que no desean privarse del derecho a ser madres, ¿tiene algún sentido aumentar aún más el déficit de adopciones?

¿No es mucho mejor para un niño crecer de la mano de una mujer que lo cuida y lo ama como si fuera su propia madre y con la que crea un vínculo de amor muy sólido, que pasarse la vida en un orfanato a cargo de supervisores que cambian cada tanto?

¿Y mejor que tener como referente un orfanato donde nadie lo ha amado, no es para ese niño crecer junto a una pareja gay que lo quiera y lo proteja?

Todas estas son preguntas que, seguramente, el fanatismo religioso le impide hacerse a una persona tan inteligente como la senadora Vivian Morales a quien, de paso, antes de su retrógrado referendo, considerábamos liberal.

Pero no puede ser que este país, llevado por esa godarria con que lo han impregnado personas como el senador Álvaro Uribe y el exprocurador Alejandro Ordóñez, ahora se deje llenar de más prejuicios y convencer de la bondad de este referendo que va contra los niños, de la misma manera como muchos incautos se dejaron convencer de la mentira de que los acuerdos de paz consagraban la ideología de género.
No, ese referendo, de aprobarse, va aumentar el abandono de los niños abandonados.

Pero, además, va a hacer que Colombia retroceda años en el respeto a los derechos humanos. Como lo dijo José Miguel Vivanco, director de Human Rights Watch, “esa reforma constituiría un grave retroceso para los derechos de personas Lgbt en Colombia y supondría una discriminación arbitraria contra los solteros por su estado civil”. Y el ministro del Interior, Juan Fernando Cristo, consideró que el referendo es inconstitucional porque “no puede someterse al voto de la mayoría la decisión de restringir o limitar un elemento esencial de un derecho fundamental (…) de personas cuyas condiciones y situación se encuentran protegidas por la Constitución”. Y la Procuraduría, y la Defensoría del Pueblo, y el Ministerio de Hacienda, también se opusieron.

No obstante, apenas faltan dos debates en la Cámara, el referendo lo respaldan dos millones de firmas y la senadora Vivian Morales dice que lo apoya el 80% del país.

Pero ¿qué pasaría si en lugar de engañar a la gente se le preguntara si apoya que las mujeres puedan ser cabeza de familia?

Nota: Esta columna reaparecerá en un mes.

Patricia Lara - Abril 23 de 2017

¡Con la paz no se juega, Maduro!

Independientemente de los conflictos que haya entre Colombia y Venezuela, de la crisis que viva ese país, y de la posición que Colombia asuma ante ella, que el presidente Maduro haya amenazado con “sacar todos los secretos y todas las grabaciones” que tiene del Proceso de Paz es una deslealtad con los principios enarbolados por su jefe, Hugo Chávez, quien siempre fue partidario de que en Colombia el gobierno y la guerrilla alcanzaran una paz negociada. Además, es una deshonra de los compromisos adquiridos por Venezuela como país garante del proceso.

¿Qué tal que Cuba, o Noruega, o Chile salieran a decir lo mismo? ¿Quién podría así, confiar en las mediaciones internacionales en los conflictos?

La crisis de Venezuela es muy profunda: con una inflación de 750%; una contracción del PIB del 6%; una reducción de las importaciones del 85% en los últimos tres años por la poca disponibilidad de dólares del Estado y la baja en los ingresos petroleros; unos compromisos de deuda externa que nadie sabe cómo irá a pagar; un desabastecimiento de productos básicos del 60%; escasez grave de medicamentos; censura de prensa; protestas masivas y frecuentes; represión y un rechazo de la comunidad internacional a las prácticas autoritarias del gobierno, que llegó a su clímax con el intento de Maduro de cerrar el Parlamento dominado por la oposición, el presidente venezolano no puede echarle la culpa de sus males al vecino, ni distraer a la opinión de su país creando conflictos con nosotros. Él no debe seguir equivocándose: los venezolanos tienen muy poco que comer y por eso están desesperados.

Y, en Colombia, por su parte, si bien el Proceso de Paz va por buen camino, aún es frágil. Por eso es muy grave que Maduro también haya dicho que tiene información de inteligencia de que en el país se está preparando “una matanza” contra los jefes de las Farc. Si es cierto que tiene esa información, en lugar de crear pánico al dar esas declaraciones imprecisas, debe revelarles al gobierno de Colombia y a los jefes de las Farc todos los detalles, quiénes están preparando la supuesta ‘matanza’, dónde, cuándo, etc. Ya, después, el gobierno y los exguerrilleros decidirían qué hacer.

Así estaría actuando con lealtad hacia los principios. Todo lo demás, es traicionarlos.

Ahora, Santos tampoco tiene para qué buscarle cinco patas al gato. Como lo dijo recientemente el politólogo Fernando Cepeda, nuestro país podría jugar un papel crucial en la solución a la crisis de Venezuela, donde, según él, no se puede “construir una salida política que excluya totalmente a las fuerzas chavistas”. Y agrega que por esa razón, hay que buscar “cómo reconciliar esas dos corrientes políticas para que la sociedad venezolana encuentre un camino”. En ese campo, dice Cepeda, Colombia podría asumir el liderazgo y ayudar a que Venezuela encuentre una salida, así como ese país lideró el propósito de que Colombia consiguiera la paz. Pero también deja claro el politólogo que si bien puede haber tendencias dentro del chavismo que estén dispuestas a que se dé una renovación interna, no van a permitir que fracase el socialismo del siglo XXI.

De manera que si eso es así, ¿para qué torea Santos a Maduro diciéndole lo que más le duele: que el socialismo del siglo XXI fracasó? Eso es algo que todos lo sabemos pero no tiene ningún sentido que Santos se lo repita a grito herido a Maduro quien, mucho más que Uribe, puede hacerle daño al Proceso de Paz.

Patricia Lara - Abril 9 de 2017

Un libro que hay que leer

Con retardo acabo de leer Historia oficial del amor, un libro de Ricardo Silva publicado hace casi un año, un texto exquisito que cabalga sobre el periodismo, la historia y la ficción, un retrato del autor, de su familia, de su amor, de su ternura, y una radiografía de este país donde, a pesar de habernos generado tanta violencia y tanto miedo, en él, como un sino inevitable, seguimos viviendo.

“La historia de cualquier familia es precisamente ese pulso con Colombia”, dijo Ricardo alguna vez. Pero, en este caso, ese pulso se vuelve apasionante porque, por una parte, antepasados de Ricardo Silva vivieron episodios de violencia y estuvieron cerca de acontecimientos fundamentales de la vida nacional y, por otra, el autor narra de manera impecable, de atrás para adelante, con un ritmo que hace que este libro no pueda pararse de leer, esa historia ensangrentada de nuestra pobre y querida Colombia.

Con fecha del 1 de enero del 2015, Silva arranca su relato diciendo “voy a contar hacia atrás la historia de mi familia. Voy a narrar al revés su destino, su karma y su suerte (…) Voy a describir el crimen de 1976, el escándalo de 1969, el duelo de 1935, y todas las persecuciones que nos han hecho sentir condenados a Colombia, pero después de relatar la noche de 1989 en la que por poco nos salvamos de la muerte”. Y en el capítulo final, fechado el 25 de septiembre del mismo año, anota: “Todo lo que se lee aquí es verdad (…), pero es también ficción porque nadie lo creería de otro modo”.

¿Y es que quién puede creer que en esta tierra ocurrieron esos hechos que Silva nos hace volver a vivir, como la toma del Palacio de Justicia, el asesinato de ese gran jurista a quien ya casi no se recuerda, Enrique Low Murtra, los magnicidios de Galán y de Pizarro y la locura y el terror que generaba el narcotráfico?

Ricardo, a través de una narración familiar e íntima, nos recuerda la esperanza fallida que significó Mockus; las épocas de Uribe, de Pastrana, de Samper, de Gaviria, de Barco, de Belisario, de Turbay, de López, de Pastrana (Misael), de Lleras; la muerte de Camilo Torres, la izquierda, el Partido Liberal, el 19 de Abril, el Frente Nacional; los personajes de Laureano y Rojas Pinilla; la dictadura, la violencia, el asesinato de Gaitán; y los gobiernos de López Pumarejo y de Eduardo Santos, hasta llegar al año 32, cuando su abuela, Aurora Buj, se embarcó para Colombia desde Barcelona.

La forma como Silva entreteje los episodios fundamentales de la historia de su familia y de su vida, con los de la historia del país, es magistral. Y conseguir que a pesar del trágico acontecer de nuestra realidad, que aquí se narra en reverso, este libro sea a su vez una historia de amor, es un logro indudable.

“Hoy, en tiempos de tanta desconfianza e incertidumbre”, le dijo Silva hace un tiempo al periodista Carlos Restrepo, “será además un alivio leer la vida de un par de padres íntegros, ni más ni menos que un profesor de física que lee el tarot y una abogada decente -imagínese el logro- que no se deja corromper por nada”.

Y hoy, cuando comienza la Semana Santa y tendremos unos días de descanso, ¡qué grato y productivo sería invertirlos en la lectura de esta novela de Ricardo Silva! A ver si así, por fin, empezamos a apreciar la fortuna que significa para nosotros estar terminando nuestra era de violencia…

                                                                                          ***

Los habitantes de Mocoa requieren de nuestra solidaridad… ¡ahora! @TODOSCONMOCOA

Patricia Lara - Marzo 26 de 2017

Palabras inspiradoras

 

El padre Pacho De Roux, en su columna del jueves, hace un llamado a la unión “para proteger lo andado y salir definitivamente de la violencia política armada”.

Afirma: “Un sentimiento de desilusión y desconfianza crece en el país, ante la ineficiencia para proteger la vida de los líderes, la corrupción pública y privada, los dineros ilegales en las campañas, el aumento de la coca, los retardos en las veredas de concentración de las Farc, los vacíos de control en los espacios que estas dejan(…). Ante esto, la oposición política del Centro Democrático clama que todos los males empezaron con esta administración, sin querer ver que Colombia es una de las economías mejor libradas en la desaceleración del crecimiento en todo el continente; y sin mirar que desde hace décadas somos uno de los países más impunes del mundo, más corruptos, más violentos, más inequitativos, más injustos en la concentración de la tierra y primer productor de cocaína. Y que salir de este sótano del mundo, como lo ha encarado el difícil e inacabado proceso de paz, nos obliga a llevar a cabo profundas transformaciones”.

El padre Pacho insiste en que, “a pesar de todo, allí están los logros, que son del proceso o que le son concomitantes, que llaman a no perder la confianza a quienes se han movido y comprometido con el mismo y llaman a la oposición a no perder la responsabilidad por el bien común en la pasión de la campaña. Tal es el símbolo de la reconciliación en la guerrillera que carga su bebé protegida por un soldado, la tranquilidad que ha regresado a la mayoría de los campos, la nueva confianza en la Procuraduría y la Fiscalía. Y, sobre todo, la toma de conciencia de las exigencias de la paz que tienen que ir hasta lograr el acuerdo con el ELN y sustituir los campos de coca por alimentos, y terminar con las bandas criminales y sus socios”.

Finalmente, Pacho De Roux advierte “el peligro de que por miedo o impaciencia ante las fragilidades y contradicciones institucionales, o simplemente por razones políticas, terminemos desbaratando lo caminado hacia la paz y destruyendo lo que se ha avanzado con tanto esfuerzo”.

Y eso sería lo más grave, los más triste y lo más imperdonable que pudiera sucedernos: que por las mezquindades y ambiciones de poder de los dirigentes de un partido y otro; por la necesidad de elevar el rating de los noticieros de radio y televisión; por el prurito de destruir los logros; por el cómodo hábito de mirar la paja en el ojo ajeno en vez de ver la viga en el propio; y por nuestra falta de claridad política como ciudadanos, la paz fracase porque, ante la desilusión por el incumplimiento de los acuerdos y el riesgo de que los maten, muchos de los excombatientes que soñaron con ella, acaben amparándose en la ilegalidad y sumándose a una Bacrim u otra, o conformando sus propios grupos ilegales. Eso equivaldría a retroceder 64 o 70 años, y a volver a una violencia más difícil de superar que la atroz de fines de los años 40 y comienzos de los 50, porque sería una violencia de todos contra todos, de sálvese quien pueda, sin jefes con quienes negociar una nueva paz y sin móviles distintos a la desesperanza y la frustración.

De modo que si no atendemos llamados a la unión como los del padre De Roux; o a al perdón, como el hecho esta semana por el excandidato Antanas Mockus, nos arriesgaríamos a perder esta oportunidad irrepetible de superar la barbarie.

Patricia Lara - Marzo 12 de 2017

La Revolución con hierba

Una gran fotografía de la campesina Blanca Riveros, en su casa de Corinto, Cauca, podando una ramita de marihuana, mientras su niño mira un computador, ilustra la primera página de The New York Times del viernes y acompaña un artículo titulado, “Después de luchar años contra las drogas, Colombia se une al comercio de marihuana”.

La crónica cuenta que cuando se firmó la paz con las Farc, la campesina se preguntaba con angustia: “¿Y ahora cómo voy a mantener a mi familia?”. Sin embargo nunca imaginó que, muy pronto, iba a hacerlo cultivando marihuana con la aprobación del gobierno.

En efecto, la compañía canadiense PharmaCielo está trabajando en el desarrollo de la producción legal de hierba. Y, según el diario, el ministerio de Salud va a otorgarles licencias a otras empresas pequeñas para que hagan lo mismo.

The New York Times comenta que en México y Afganistán se sustituían siembras de amapola por cultivos de trigo, y de coca por café. Pero jamás se había visto que un gobierno reemplazara un cultivo ilícito, que había sido protegido por una organización criminal, como eran las Farc, por el mismo cultivo, pero producido legalmente y, además, vendido a empresas multinacionales.

“Aquí tenemos una oportunidad completamente nueva”, le declaró al diario newyorkino el ministro de Salud, Alejandro Gaviria, quien agregó que los intentos hechos en Colombia para sustituir cultivos ilícitos por otros tradicionales han fracasado, porque los campesinos han ganado menos dinero, el desarrollo rural ha retrocedido y algunos han vuelto a las siembras prohibidas. En cambio ahora, anota Gaviria, las drogas legales pueden convertirse en un instrumento económico importante en la Colombia del postconflicto.

The New York Times cita a funcionarios del gobierno colombiano que afirman: “En las últimas décadas, las guerrillas se dedicaron al narcotráfico y financiaron el conflicto mediante impuestos a la marihuana y a la cocaína. Ahora la lógica sería: ¿Qué tal si esas utilidades se pusieran en manos de los campesinos y del gobierno?”.

Dice el periódico que la empresa PharmaCielo, dirigida por antiguos funcionarios de Bayer y de Phillips Morris, está probando cepas nuevas decannabis, que son mucho más potentes que las que se cultivaban en épocas de las Farc. PharmaCielo ya firmó un acuerdo con una cooperativa de trabajadores en Corinto, para que le provean fuerza laboral. Y su gerente en Colombia, Federico Cock Correa, quien sembraba crisantemos y dice que su cultivo es similar al de la marihuana, promete pagarles a los productores bastante más dinero del que les daban durante la guerra.

Semejante revolución se está realizando en virtud de una ley expedida en el 2015, que permite en Colombia el cultivo de marihuana con fines medicinales, tanto para el mercado doméstico, como para el internacional.

Así que bienvenida la era de la industria farmacéutica de marihuana. Felicito al ministro Alejandro Gaviria por impulsarla. ¡A él cada vez lo admiro más por sus posiciones honestas y valientes!

Ahora les toca a los colombianos ponerse las pilas para que sean sus empresas, y no las extranjeras, las que desarrollen ese lucrativo negocio, que bien puede solucionarles la supervivencia a muchos campesinos de las zonas donde se libraba el conflicto.

Eso sí, duele demasiado pensar en lo idiota que fue la lucha contra la marihuana; en cómo corrompió nuestras instituciones; y en cuántos colombianos dejó inútilmente muertos.

(Ojalá en el caso de la coca aprendamos pronto esa lección).

Patricia Lara  - Febrero 12 de 2017

¿Y de autocrítica nada?

El escándalo generado por las denuncias de una presunta financiación de las campañas del candidato de Álvaro Uribe, Oscar Iván Zuluaga, y del presidente Juan Manuel Santos, por parte de la sobornadora brasileña Odebrecht, ha provocado la reacción contraria a la que ha debido suscitar, si la clase política de este país sintiera el más mínimo amor por esta patria.

Ha sido triste ver cómo los unos y los otros, uribistas y santistas, han salido a sacarse los trapos al sol, a decir que los malos no fueron ellos sino los otros, y a vociferar que las acusaciones se debieron a un montaje o a una exageración de sus oponentes, en lugar de reconocer que efectivamente hubo, por lo menos, un intento de la empresa brasileña por echarse al bolsillo a directivos de las dos campañas con miras a garantizar, por supuesto, que se le adjudicaran contratos de obras por decenas de miles de millones de pesos.

Esa competencia para lograr que la gente crea que el enemigo es el malo del paseo, no le sirve al país.

 

Lo que le serviría sería que, independientemente de si se comprueba el ingreso de dineros de Odebrecht a las campañanas presidenciales, tanto Uribe como Santos aceptaran que la corrupción ha desangrado los presupuestos nacionales, departamentales y municipales durante sus gobiernos. Y de ello son responsables uribistas y santistas, y la clase política en general, pues el andamiaje institucional diseñado por ellos ha estimulado la corrupción. Y es que en eso de la corrupción ocurre lo que en el embarazo: se está embarazada o no se está. No se puede estar un poquito embarazada, como tampoco se puede ser un poquito corrupto: se es honesto o deshonesto. No hay términos medios.

El tema es tan grave, que sería hora de que los máximos jefes políticos de Colombia fueran capaces de reunirse para diseñar un país cuyas normas redujeran al máximo la posibilidad de que hubiera corrupción. Pero, para ello, se requeriría que depusieran sus egos, sus mezquindades y sus intereses personales, lo cual es ingenuo creer que va a ocurrir.

Sin embargo, diseñar esa normatividad, sí es posible. Por ejemplo, el otro día escuché al senador Antonio Navarro hablar de lo positiva que fue la experiencia de instaurar el sistema de presupuestos participativos en su época como alcalde de Pasto y gobernador de Nariño. Explicaba él que la gente se reunía en cabildos abiertos con los funcionarios de los gobiernos locales, quienes le decían: “esta es la plata que hay para inversión; decidamos, entre todos, qué obras vamos a hacer con ella”. Así, las comunidades establecían sus prioridades y decían cómo querían que se asignaran los recursos. Y no sólo se volvían veedoras de la ejecución de las obras, sino que, en muchas oportunidades, cuando el dinero no alcanzaba para terminarlas, la misma comunidad se ofrecía para trabajar en ellas y contribuir con su propio dinero, para que esas obras que tanto necesitaban se convirtieran en realidad.

Con un sistema parecido, que involucre a la ciudadanía de manera efectiva en la ejecución y en el control de la inversión de los recursos del Estado, necesariamente la corrupción tendería a cero. Y el gasto en nómina de las contralorías disminuiría. Y los impuestos alcanzarían y a lo mejor podrían reducirse. Y si no, de todos modos los pagaríamos con agrado porque veríamos que en lugar de que se los robaran, se emplearían en hacer inversiones que a todos nos beneficiarían.

De modo que si quisieran, se podría, señores políticos...

Patricia Lara Enero 15 de 2017

Los retos de Naranjo

La escogencia del general Óscar Naranjo como Vicepresidente no es solo acertada porque es un hombre capaz que genera consenso político, sino indispensable en este momento, cuando debe implementarse el acuerdo de paz con las Farc y garantizarse que, gracias a la nueva presencia del Estado en las zonas ocupadas antes por ellas, no se instalen allí los elenos, los rastrojos de todas las especies y los paramilitares que, en muchos casos, ahora llaman Bacrim.

Germán Vargas Lleras, quien debe abandonar el cargo para no inhabilitarse como candidato presidencial, hizo un trabajo importante como motor de la infraestructura en este país donde es tan difícil que las cosas se hagan, y no desperdicia oportunidad para inaugurar cuanto pedacito de carretera está listo y casita gratis está terminada. ¡Que aspire a llevarse los aplausos es humano y legítimo! Y es evidente que él preferiría permanecer en el puesto hasta mayo, cuando se cumple el plazo final para retirarse, de manera que pueda inaugurar la mayor cantidad de obras posibles. Pero también es evidente que el presidente Santos quiere que se vaya pronto. Ojalá que cuando Vargas deje de impulsar la infraestructura, las obras de las carreteras no pierdan velocidad y se terminen.

 

Pero la verdad es que en este momento, más importante que apurarle con las carreteras es evitar que fracase la implementación del acuerdo de paz. Y al parecer, esa es la tarea que Santos quiere asignarle al general Naranjo.

 

“Si el Congreso lo elige”, dijo Santos (y seguro lo hará), “le voy a dar unas funciones específicas que tienen que ver con la implementación del acuerdo, la sustitución de cultivos ilícitos y la lucha contra las bandas criminales”.

 

Esa es una responsabilidad gigantesca para el general Naranjo quien, por más experiencia que tenga en el combate contra los delincuentes, asume sus nuevas funciones en un momento en que los asesinatos contra líderes sociales, especialmente en las zonas que antes dominaban las Farc, son pan de cada día y pueden hacer fracasar la paz. ¡Detener esos asesinatos selectivos es su tarea fundamental!

Su otro gran desafío es adelantar con éxito la sustitución de cultivos ilícitos, precisamente cuando se ha desbordado el crecimiento de los mismos, debido a que se han eliminado las fumigaciones con glifosato, tan perjudiciales para la salud. Combatir la siembra de coca de una manera racional y exitosa, es todo un reto.

Finalmente, acabar con las Bacrim es una labor que Naranjo puede realizar mejor que nadie. No es sino recordar sus éxitos en la lucha contra Pablo Escobar y los hermanos Rodríguez Orejuela.

Sin embargo, en sus tareas se encontrará con dos grandes obstáculos: el primero, hacer que los acuerdos pasen del papel a la realidad, en medio de este Estado que le pone trabas a todo. No es sino mirar lo que pasó con las zonas de concentración: no tenían ni servicios públicos. Tanto que las Farc se ofrecieron para construirlos. ¡Pero me imagino que algún burócrata debió decir que el Estado no puede contratar con delincuentes!

 

Y el segundo, y el más difícil inconveniente, será tropezarse con que muchos de los policías en quienes necesariamente tendrá que apoyarse para desarrollar su gestión, se han corrompido. Sé de varios asaltos a residencias en Bogotá donde han estado involucrados policías. Pero nadie mejor que el General para lidiar con esa sal que se corrompió.

De modo que ¡bienvenido, vicepresidente Óscar Naranjo!

Patricia Lara - Diciembre 18 de 2016

El Papa y sus milagros

“En la batalla democrática no puede haber odios... pero sí debe haber unas convicciones”, dijo el expresidente Uribe a la salida de la reunión que, gracias a los buenos oficios del procurador Fernando Carrillo, por iniciativa del Papa, sostuvo con el presidente Santos en presencia de Su Santidad.

Y también agregó: “Uno mira todo pensando en el futuro del país y, si vemos, sí se están desmovilizando 5.600 integrantes de las Farc”.

Y a pesar de que luego Uribe insistió en sus inamovibles, -que son los mismos que los de los Farc pero a la inversa-, (“que los delitos de lesa humanidad no vayan a tener una sanción adecuada” y “que la elegibilidad para los cabecillas se dé después de que hayan cumplido una pena”), el hecho de que el jefe de la oposición diga “que en la batalla democrática no puede haber odios,” y que reconozca como un hecho positivo que 5.600 guerrilleros de las Farc se estén desmovilizando, ya es una consecuencia muy positiva de la mediación papal.

Porque así los periodistas escépticos insistan en que la reunión no sirvió para nada y en que el Papa no tenía nada qué hacer como mediador de un conflicto entre dos políticos locales, si Su Santidad, con el peso inmenso que su palabra debe tener sobre la conciencia de estos dos católicos, logra que Uribe modifique ese lenguaje suyo que no ha hecho más que polarizar al país y regar como si fuera pólvora el odio en el corazón de los colombianos; y si consigue que Santos regrese a su mantra inicial de “no pelear con Uribe”, se respirará otro ambiente en el país y las discrepancias de los colombianos comenzarán a ventilarse sin que recurran al odio y a las descalificaciones personales, simplemente por el hecho de que imitarán la conducta de sus jefes.

Y ese ya sería un logro impresionante. Porque no se trata de que haya unanimismo. Se trata de que los desacuerdos se discutan con un lenguaje constructivo, que no incite a la violencia.

Ahora, a la salida de la cumbre papal, Uribe insistió en algo que es imposible, esto es, que el gobierno “afloje” su postura en el proceso de implementación, es decir, que modifique los acuerdos con las Farc. Y eso no puede ocurrir, porque equivaldría a que el gobierno incumpliera un compromiso celebrado con la contraparte, y ratificado por el Congreso.

De modo que, a estas alturas, como amante de esta Patria, que Uribe dice ser, lo que tendría que pensar es en cómo va a ayudar a que la desmovilización de esos 5.600 guerrilleros de las Farc nos traiga paz. Pero, ante todo, lo que debe es reflexionar sobre qué banderas políticas va a defender a partir de ahora, cuando ya no existirán las Farc.

***

¡Habemus Procurador!

¡Qué diferencia! Mientras el exprocurador Alejandro Ordóñez se convirtió en el portavoz del odio, de la polarización, de la desconfianza y de la descalificación de los esfuerzos para conseguir la paz, el nuevo procurador general, Fernando Carrillo, se empeña en fomentar el entendimiento entre los colombianos, en derrotar la polarización y en trabajar por la buena convivencia y, con sigilo, y sin shows mediáticos, logra lo que parecía imposible: que una vez acabada la guerra entre el gobierno y las Farc, el Papa se involucre en la tarea de conseguir que amaine la guerra entre Santos y Uribe para que así se aclimate definitivamente la paz entre los colombianos.

Y a todos ustedes, queridos lectores, les deseo una ¡Feliz Navidad!

Patricia Lara - Diciembre 4 de 2016

El postconejo

Refrendado el acuerdo de paz por el Congreso, nos corresponde pasar la página y hacer lo posible para que la paz funcione.

De nada vale discutir si el Congreso era o no la instancia apropiada para refrendarlo. Por supuesto que lo era. Pero como el Presidente se empeñó en que se refrendara mediante plebiscito e, incluso, se enfrentó por ello con las Farc que se oponían a que se utilizara ese mecanismo, fue víctima de su propio invento y, ahora, los partidarios del No dicen que les pusieron conejo, no obstante que el 64% de los colombianos no votó, que ganaron el plebiscito apenas por cincuenta mil votos, y que al nuevo acuerdo se le incorporaron casi todas las peticiones de los del No, salvo las que eran inamovibles para las Farc: que las penas no las pagaran en cárceles con barrotes y que pudieran ser elegibles al Congreso y demás cargos de elección popular, lo que constituye la última razón de ser de cualquier proceso de paz.

Pero hay un argumento fundamental para enterrar ya el cuento del conejo: si se considera que el Presidente es el máximo responsable del orden público en el país, y que su deber principal es mantener la paz en el territorio nacional, Santos no sólo tenía la posibilidad sino el deber de encontrar cuanto antes el mecanismo para que el acuerdo de paz se refrendara e implementara de inmediato: el cese al fuego estaba a punto de desbaratarse y ya, los enemigos agazapados de la paz, que siempre los ha habido y de los cuales tanto hablara el entrañable Otto Morales Benítez, envalentonados por la incertidumbre, habían empezado a matar aquí y allá, como queriendo repetir el genocidio contra la Unión Patriótica: cinco atentados en un fin de semana contra líderes sociales y defensores de derechos humanos, en los que dos resultaron muertos; más otros treinta asesinatos ocurridos después de que entrara en vigencia el cese al fuego bilateral y definitivo; más el incidente en el que fueron dados de baja dos guerrilleros de las Farc, son prueba de que la situación era alarmante y de que había que activar ya los mecanismos de verificación y las garantías de seguridad contempladas en el acuerdo.

Ahora, refrendado este y en vía de implementación, tendremos a las Farc desmovilizándose y, en cinco meses, estarán desarmadas totalmente y convertidas en partido político. Y, si todo sale bien, el país habrá empezado a aclimatar la paz y se estará acostumbrando a que esos tipos, que eran vistos como demonios, anden por ahí, opinando cosas con las que no está de acuerdo, pero sin que le hagan mal a nadie.

Claro que todo sería más fácil si eso no fuera a ocurrir cuando estuviera arrancando la campaña electoral y, básicamente, hubiera unos candidatos que prometan hacer cumplir a cabalidad los acuerdos de paz, y otros, de la oposición, que seguramente buscarán hacerlos ver como un fracaso. Por supuesto que todo sería más fácil si a los políticos les importara más el bien de esa Patria a la que tanto dicen servir y defender, que su propio éxito electoral unido a las prebendas que detentar el poder les significa.

 

Por eso, la gran parte de la tarea, ahora les corresponde a las Farc: si el próximo año ellas demuestran que sí tienen voluntad de paz, que cumplen al pie de la letra los acuerdos y que, por eso, el país vive mejor, los que insisten en el conejo habrán perdido audiencia.

Pero si ocurre lo contrario, sería elegido Presidente el candidato de la oposición… Y él desbarataría los acuerdos.


¡Quiera Dios que no!

Patricia Lara - Noviembre 20 de 2016

Lo que no se observó

Como sucede a menudo con los reportes de prensa, de los eventos se destaca lo más escandaloso y lo menos importante. Por ello, vale la pena mirar otras cosas que dijo el presidente Santos en el discurso que pronunció en Washington para agradecer el premio Liderazgo para las Américas, que le otorgó el Diálogo Interamericano, uno de los principales centros de pensamiento en esa ciudad.

-Cuando se perdió el plebiscito entré en shock, nunca creí que íbamos a perder,- dijo- Pero pensé: esto puede ser una bendición. El país está dividido en dos, y si el plebiscito se hubiera ganado por un pequeño margen, el país se habría incendiado- agregó.

Y situándose por encima de los resentimientos personales, afirmó que entonces había iniciado “un ejercicio para tener en cuenta cada una de las preocupaciones, de manera que se obtuviera un mejor acuerdo”. Y reveló que a las Farc se les había dicho que tenían que “entender que habían perdido”.

Insistió en que el nuevo era un acuerdo mejor, pues tenía un mayor apoyo, y que tratar de poner a un lado la polarización y comenzar ese diálogo, fue elegir el camino correcto porque, por ejemplo, la Iglesia, que antes se había mostrado imparcial, manifestó que lo apoyaba, como lo hicieron la mayoría de los evangélicos, y los militares y empresarios que estaban preocupados.

 

Y el Presidente dijo otras cosas:

 

“Estoy decidido a presentarle este acuerdo al Congreso y a implementarlo cuanto antes”.

 

“Es mucho más fácil hacer la guerra que la paz. Pero hacer la paz es lo correcto”.

 

“En lugar de seguir matándonos, dialoguemos”.

 

“Le entregaré a mi sucesor un país en paz”.

 

Santos improvisó en inglés. El selecto auditorio estaba encabezado, entre otros, por Michael Shifter, Presidente del Diálogo Interamericano; por el exdirector del BID, Enrique Iglesias; y por el expresidente mexicano, Ernesto Zedillo, quien calificó al nuevo premio Nobel de Paz como “uno de los líderes más importantes en la historia de América Latina,” y quien leyó una carta enviada por ‘Los Decanos’, (organización creada por Nelson Mandela), en la que le dicen que, “al perseverar en la consecución de un acuerdo de paz, se ha ganado un puesto en la historia”.

 

Al escuchar esas palabras tan elogiosas sobre el Presidente colombiano, y al ver a ese distinguido auditorio ovacionarlo de pie cuando terminó su discurso, me pregunté: ¿cómo es posible que alguien tan reconocido en el mundo por su empeño en conseguir la paz, un propósito al que nadie sensato puede oponerse ni inventarle obstáculos, tenga tan poco reconocimiento nacional?

Al primero que culpé fue al expresidente Uribe, por su empeño en desprestigiar a Santos y en atravesarse ante cualquier iniciativa suya. (Como decía el expresidente Carlos Lleras, “a ningún Presidente le gusta su antecesor ni su sucesor”). A la segunda que le atribuí su desprestigio fue a la moda de la gente de informarse por las redes sociales y de creer cualquier meme o mentira que les llegue a los teléfonos celulares. A los terceros que culpé fue a algunos periodistas de TV y radio que, confundidos, inconscientemente acabaron usando la campaña del plebiscito para esparcir e incrementar el odio y la insolidaridad. Y, por último, concluí que la culpa principal de su baja popularidad la tiene nuestra adicción a la violencia.

 

Está comprobado que la violencia crea adicción. Y cualquiera que se empeñe en librar al adicto de su vicio, como Santos ha hecho con Colombia, es malquerido.

Patricia Lara - Noviembre 6 de 2016

¿Desastre a la vista?

A dos días de estas cruciales elecciones de Estados Unidos, aún no se puede predecir quién gobernará la principal potencia del mundo: ¿será la demócrata Hillary Clinton, capaz pero cuestionada porque siendo Secretaria de Estado estableció un servidor de correo privado para tratar asuntos oficiales, y porque recibió donaciones de grandes corporaciones a la Fundación Clinton, que pudieron incidir en sus decisiones de gobierno?; ¿o será Donald Trump, un republicano multimillonario, fascista y desquiciado, que representaría un verdadero peligro para la humanidad si, como Presidente de Estados Unidos, llevara en su maletín, de una orgía a otra, las claves con las que solo él puede desatar, desde este lado del mundo, la guerra nuclear?

 

Muchos se preguntan cómo es posible que Trump, con lo bárbaro e ignorante que es, esté tan bien posicionado: por ejemplo, según un sondeo publicado el martes por ABC / The Washington Post, él tiene 46% y Hillary 45%. Y según una encuesta aparecida el viernes en The Boston Globe, realizada en el representativo estado de New Hampshire, si bien 51.8% de la gente piensa que lo más probable es que Clinton sea la próxima presidenta, y sólo 32.8% cree que Trump lo será, la mayoría, 42.2%, dice que votará por Trump, y 41.8% sostiene que lo hará por Hillary. Sin embargo, el promedio de referencia del sitio web Real Clear Politics, le da 45,3 % de intención de voto a Clinton y 43,1% a Trump, esto es, una ventaja de 2,2%, que estaría dentro del margen de error.

Muchos, como John Cassidy, reconocido periodista, se preguntan cómo es posible que Trump tenga tantos seguidores. En un reciente artículo del New Yorker titulado ‘Dos Américas: por qué Donald Trump tiene aún mucho apoyo’, Cassidy contaba que cuando su esposa supo el resultado del sondeo ABC-The Washington Post, le preguntó: “¿cómo puede Hillary Clinton estar perdiendo al enfrentarse a un megalómano inestable y acosador sexual que no paga impuestos?”

Entonces, para tranquilizarla, Cassidy le respondió que la ventaja de Trump sobre Hillary era sólo de un punto, y que ella aparecía ganando en los estados claves. Sin embargo, agrega Cassidy, la pregunta merece que se medite la respuesta.

Por eso, en diálogos que tuve en Boston y Nueva York, hice siempre la misma pregunta: ¿por qué cree que hay tantos que apoyan a Trump? “Porque es racista, y Estados Unidos es racista”, dijo una estudiante norteamericana. “Porque está en contra de los inmigrantes, y los norteamericanos creen que ellos les quitan los empleos, lo cual no es verdad, pues los gringos no hacen esa clase de trabajos”, afirmó una universitaria. “Porque es machista y acosa a las mujeres y eso les encanta en este país (de hecho, las encuestas dicen que si sólo votaran los hombres ganaría Trump)”, contestó otra estudiante. “Porque a muchos no les gustan las mujeres y por eso la gente no vota por Hillary”, respondió un taxista. “Porque dicen que Clinton es delincuente”, contestó otro. “Porque Trump es rico y el dinero es el principal valor de los norteamericanos,” dijo un periodista. “Porque no paga impuestos, y aquí admiran a quienes hacen esas cosas”, comentó un neurólogo. “Porque no pertenece a la clase política tradicional, y eso lo ven como su gran punto a favor.”

Salvo la última respuesta, todas las demás apuntan hacia que Trump personifica una escala de valores lamentable, que ojalá no se imponga. Por el bien de Estados Unidos pero, principalmente, por el bien de la humanidad.

Patricia Lara - Octubre 23 de 2016

Mirándonos desde lejos

Si estuviéramos a mediados del 2016 y usted fuera un europeo o un norteamericano que quisiera conocer América Latina y tuviera que elegir dónde gastar sus ahorros para pasar las vacaciones de fin de año con su familia, ¿qué destino hubiera elegido?

¿México con sus pirámides, y sus artesanías de colores, y sus mariachis, y sus museos maravillosos, pero con una violencia generada por el narcotráfico y la delincuencia común que se siente en las calles todos los días?

¿O Venezuela, con su gente alegre y cálida, y sus playas y mares preciosos, como esos de múltiples tonos de azul y verde que rodean el archipiélago de arena blanca de Los Roques, lleno de bandadas de pájaros inimaginables y atardeceres de ensueño, pero con un gobierno cada día más cuestionado y una inseguridad que hace que su vida peligre si anda con su celular por la calle?

No. Tal vez hubiera elegido Chile, un país estable y de paisajes preciosos. O quizás Argentina. Pero a usted le interesaba aprovechar su descanso visitando lugares de distintos climas, que no tuvieran playas frías como esas del sur del Pacífico.

Entonces lo más seguro es que hubiera escogido Colombia, un país que le ofrece todos los climas y paisajes, donde encuentra siempre desde nieves perpetuas y montañas en las que crece el café y la temperatura anda por los 22 grados, hasta playas de mares tibios y transparentes, y ciudades de gente acogedora como Cali y Barranquilla, de las cuales nunca quiere irse, y joyas como Cartagena, con su Corralito de Piedra rodeado de murallas y convertido en patrimonio de la humanidad.

Pero, seguramente, además habría escogido Colombia por ser un país que se había convertido en un ejemplo para la humanidad, pues después de 52 años de conflicto armado, el gobierno y la insurgencia habían llegado a un acuerdo de paz que sería refrendado por el pueblo. Por eso, sin dudarlo, se acercó a su agencia de turismo y compró su paquete turístico para pasar tres semanas en Colombia y terminar y comenzar año recorriendo este país de contrastes y de gastronomía deliciosa.

Pero resulta que el 3 de octubre se despertó con la noticia de que los colombianos habían rechazado los acuerdos y de que habían votado no a la paz, o por lo menos a esa que estaba a la vuelta de la esquina. Entonces se llevó las manos a la cabeza, habló con su mujer y sus hijos y decidió correr a su agencia de turismo a cancelar su plan y a pedir que se lo cambiaran por otro.

Pues bien, ese pensamiento pasó por mi cabeza el viernes, cuando leí en la prensa que el Presidente insistía en que va a sacar adelante la paz pero no se sabe cómo; que ningún columnista daba una luz sobre nuestros caminos; que las Farc les cerraban la puerta en las narices a los negociadores del uribismo y decían que sólo negociarían con el gobierno; que el Presidente afirmaba que hay puntos irreconciliables con el uribismo; y que nuestro futuro es de sombras nada más.

Entonces llamé a mi amigo Jean Claude Bessudo, Presidente de Aviatur, y le pregunté si había disminuido el turismo después del plebiscito.

-Ha habido cancelaciones de grupos que venían de España-, me dijo.

-¡Por supuesto!-, pensé.

¡Y preparémosnos! Porque si el panorama de la paz no se arregla, el turismo y la inversión extranjera se irán a pique. Entonces pasaremos otros cien años de soledad, porque nadie querrá acercarse a este país de locos…

Posdata de Bob Dylan: “¿Cuántas muertes harán falta para entender que ya han muerto demasiados”?

Algunas columnas de

El País

Patricia Lara  Octubre 9 de 2016

No equivocarse otra vez

¡Macondo en su máxima expresión!

Justo al día siguiente de que el gerente de la campaña del No revelara cómo habían basado su estrategia en tergiversar los acuerdos de paz, según los estratos a los que dirigían sus mensajes por redes sociales, para lograr que “la gente saliera a votar verraca,” el presidente Santos, enhorabuena, se ganó su merecido premio Nobel de Paz.

Y justo al día siguiente de que el senador Uribe, como lo hizo la madre de Pablo Escobar cuando lo sancionaron en la escuela porque se robó y vendió los puntos de un examen (“haga lo que sea pero que no lo cojan, mijo”), regañó al gerente de su campaña por decir la verdad (“hacen daño los compañeros que no cuidan las comunicaciones”), a Uribe le tocó poner otro twitter felicitando al Presidente por el Nobel pero, como era de esperarse, agregando su comentario destemplado: “deseo que conduzca a cambiar acuerdos dañinos para la democracia.” (¿Cuál democracia? ¿La que él dice?).

Y justo una hora después de que Uribe escribiera su típico twitter, los negociadores del gobierno y de las Farc emitían un comunicado conjunto en el que manifestaban que reconocían el triunfo del No por estrecho margen; que creían que conviene escuchar rápidamente a todos los sectores de la sociedad, y que las propuestas de ajuste y precisiones que resulten de ese proceso serán discutidas entre el gobierno y las Farc.

Hasta ahí todo bien. Y ese nuevo acuerdo podría aprobarlo el Congreso, con toda la legitimidad política que le daría el que algunos líderes del No, incluidos los pastores de las iglesias, que mueven tantos votos, lo apoyaran.


Sin embargo, parece que vendría otro plebiscito para refrendar el nuevo acuerdo. ¿Pero vale la pena correr ese nuevo riesgo, Presidente? ¿No es demasiado peligroso permitir que Uribe y su combo vuelvan a manipular la envidia y la mezquindad de tantos colombianos que se enferman de ira al pensar que a los guerrilleros les vayan a dar algo más de $600.000 mensuales por dos años, mientras se adaptan a vivir en este mundo hostil y nuevo para ellos y encuentran un trabajo honrado, y en cambio a ellos no?

Como dijo el periodista y escritor británico John Carlin en entrevista con María Isabel Rueda, lo que estaba de por medio en el plebiscito era “una cuestión de valores (…) una disputa entre una visión de la vida generosa y una visión de la vida mezquina. Entre una visión de la vida audaz y una visión de la vida miedosa. Entre el pasado y el futuro.” Y agregó que votar por el No era seguir “embarrados en los rencores del pasado”. Y votar por el Sí era “pensar en el presente y en el futuro, en los niños y en los que no han nacido.”

¿Usted cree, Presidente, que por más premio Nobel de Paz con el que usted y el pueblo de Colombia hayan sido reconocidos, los colombianos cuyos votos se necesitan vayan a cambiar sus malogrados valores en uno o dos meses, en los que además serán otra vez bombardeados y envenenados por millones de twitters y memes que exacerbarán su mezquindad y su envidia?

Ya lo dijo el exgerente de la campaña del No, Juan Carlos Vélez: mientras la campaña del Sí fue basada en la esperanza de un nuevo país, el mensaje de la del no fue “la indignación”, el lograr “que la gente saliera a votar verraca”. Y ganaron.

¿Cambiarán los antivalores de la mayoría de los colombianos en tan poco tiempo? El riesgo es muy alto. Y la paz, como usted lo cree, Presidente, está por encima de todo.

#AcuerdoYa

Patricia Lara - Septiembre 25 de 2016

No matemos la paz

Mañana se firma la paz luego de cincuenta y dos años de guerra con las Farc y se desata, así, cerca del setenta por ciento del nudo ciego de la violencia en Colombia, una violencia que trajeron los españoles con la Conquista y que, después de la Guerra de Independencia, generó en el siglo XIX ocho guerras civiles que desembocaron en la Guerra de los Mil Días; que tuvo una pausa de 44 años, más o menos teñida de violencia, creció a partir de 1947, estalló el 9 de Abril de 1948 con el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, invadió los campos de muerte, tuvo otro receso a raíz del plebiscito de 1957 que creó el Frente Nacional y, siete años después, renació transformada con la fundación de las Farc.

Mañana, pues, debería ser un día de alborozo para Colombia, como lo es para la comunidad internacional, que no cesa de felicitar al país por su logro. Sin embargo en esta, nuestra nación ensangrentada, que entre una violencia y otra, bien puede completar los ochocientos mil muertos y los ocho millones de víctimas, las encuestas han mostrado que han aumentado un poco los partidarios de no aprobar los acuerdos que ponen fin a la guerra, es decir, que ha empezado a cundir la desconfianza sobre si sí somos capaces de construir un futuro en paz.

¿O será que es, precisamente, la perspectiva de vivir sin matarnos la que nos asusta y, por eso, no la queremos experimentar? ¿Será que nuestra adicción a la violencia ha llegado a tal extremo que nos aterra desprendernos de ella? ¿Será que nuestra fractura como seres humanos ha alcanzado tal punto que, para nosotros, la vida de los otros, distintos de los miembros de nuestro más reducido entorno, no vale nada? ¿Será que no nos importa, porque no nos toca directamente, que en las zonas de guerra maten a diez, a veinte o a mil? ¿Será que de creernos tan buenos ya estamos convirtiéndonos en monstruos?

Ojalá que no. Ojalá que todavía nuestro corazón sea capaz de sobreponerse y de ordenarnos hacer hasta el último esfuerzo para que no vaya a haber más huérfanos, ni más viudas, ni más madres que pierdan hijos por esta guerra; ni más mutilados, ni más secuestrados, ni más heridos, ni más incapacitados, ni más desaparecidos, ni más mujeres violadas, ni más pueblos masacrados. Ojalá todavía quede algo de bondad en nuestro corazón anestesiado por la violencia, algo que resucite y, como Lázaro, sea capaz de levantarse y andar para mover multitudes que respondan con un rotundo Sí en el plebiscito del domingo, y ¡Paren ya esta guerra!

No podemos dormirnos. Debemos salir todos muy temprano a votar Sí. Y llevar a vecinos, amigos y conocidos a hacer lo mismo. Debemos ser conscientes de que es imposible, como quieren hacérnoslo creer, que si gana el No, se renegocie con las Farc y se consiga una paz distinta. Y es imposible porque este gobierno no tendría capacidad política para hacerlo, desaparecerían los actuales garantes internacionales, de inmediato los jefes de las Farc tendrían que clandestinizarse y regresar a sus frentes, se reanudaría su financiación por medios ilegales, los mandos guerrilleros que han buscado la paz serían sustituidos por los que le han puesto reparos a ella, y el Ejército tendría que combatirlos. Entonces volvería a incendiarse el país de violencia. Y la comunidad internacional se llevaría las manos a la cabeza y le pediría a su gente: ¡por favor, no pisen esa tierra! ¡Y razón tendrían!

Por eso, lectores, dejemos que el domingo nazca la paz. No la matemos, ¿si?

Patricia Lara - Septiembre 11 de 2016

¿Fuera Ordoñez? #ObvioQueSí

En la columna A destituirse usted, Procurador (El Espectador, 12/12 /13), escribí:

“Si usted se examinara con la misma lupa que usa para juzgar a los demás, tendría que destituirse. Mire cómo puede haber cometido prevaricato y abuso de autoridad al ordenar apenas la suspensión por tres meses del exalcalde Samuel Moreno” (responsable de la peor corrupción), mientras que destituyó a Gustavo Petro, por asignarles la prestación del servicio de aseo “a entidades sin experiencia”, por improvisar en la compra y alquiler de compactadores con detrimento al patrimonio público, y por tomar una decisión que, a su juicio, “vulneraba los principios constitucionales de la libre empresa y competencia”. (¿Por qué no hizo lo mismo con los responsables, en el gobierno de Uribe, del fracaso del plan 2.500 de carreteras, que provocaron detrimento en el patrimonio? ¿Y por qué no sancionó a los que autorizaron los absurdos precios de las medicinas, poniendo en peligro la vida de muchos? (...) Pero no le bastó con destituir a Petro, sino que le decretó la muerte política por 15 años, como lo hizo, por 11 años, con el exalcalde de Medellín, Alonso Salazar”. (Los derechos políticos de Salazar le fueron restituidos después mediante sentencia del Consejo de Estado).

“No, procurador, usted no puede poner la justicia al servicio de sus fanatismos. No puede ir en contravía de decisiones de la Corte Constitucional, como ha ocurrido en los casos de aborto permitidos por ella, porque considera que atentan contra sus principios religiosos. Este es un Estado laico. Aquí no nos regenta la Santa Inquisición. Y no puede descabezar a la oposición elegida popularmente a base de inhabilitarla para ejercer funciones públicas. ¡Ese es un crimen de lesa democracia!”

“Y hay otra razón por la que debería destituirse: la de que usted hubiera podido cometer un cohecho peor que el que les endilgó a los exministros Sabas Pretelt y Diego Palacios, a quienes acusó de sobornar con puestos a la exparlamentaria Yidis Medina para que cambiara su voto a favor de la reelección de Uribe. En cambio usted repartió puestos entre allegados de los congresistas para reeligirse a sí mismo”(Hasta aquí, esa vieja columna).

 

Y ahora resulta, EXPROCURADOR, que el Consejo de Estado se atrevió a vencer el miedo que le tenía y, harto de que usted, a punta de tinterilladas, dilatara el fallo de la demanda contra su reelección, -demorado más de tres años-, ¡por fin falló!, y entonces usted y su jefe Uribe se inventaron la calumnia de que ese fallo del Consejo de Estado obedecía a un acuerdo entre el gobierno y las Farc.

 

¡Por Dios, Uribe y Ordóñez, digan alguna verdad, muestren un mínimo de vergüenza!

 

Por fortuna se acerca el plebiscito y, ante el gran triunfo del Sí, esa doble moral que ampara a esa peligrosa extrema derecha encarnada por ustedes, quedará derrotada por muchos votos y para siempre. ¡Quiera Dios!

 

¡Entonces nacerá un país mejor!

 

Por eso tenemos que trabajar sin parar para convencer a los escépticos de que voten Sí en el plebiscito.

 

Por eso, jóvenes, estudiantes y profesores, los convocamos a marchar este viernes a las 9 a.m. desde las universidades de la ciudad, para encontrarnos a las 10:30 a.m. en el Parque del Ingenio. Esta será la primera Marcha de Banderas Blancas de Cali. Y allá, ante la pregunta de si aprobamos el acuerdo de paz, gritaremos: #ObvioQueSí.

Allá nos vemos.

Los que deseen vincularse al Grupo de Promotores del Sí, manden sus datos al whatsapp 315 8794533.

Patricia Lara- Agosto 27 de 2016 

La hora de la verdad

#Símelajuego

“Nada está acordado hasta que todo esté acordado”, insistió el presidente Santos durante los casi cuatro años de negociación con las Farc.

Pero el miércoles anunció: hoy “todo está acordado”. Y en un discurso contundente reveló que las partes en guerra habían alcanzado el acuerdo final.

Es así como Santos, estratega impertérrito e imprevisible, maestro del póker, formado en la Universidad de Harvard por el gurú mundial en negociación, se la jugó toda por la paz y, en ese difícil y largo partido terminado el 24 de Agosto, ganó la última mano con un póker de ases: el acuerdo sobre el fin del conflicto.

 

Entonces, como Comandante de las Fuerzas Armadas, les ordenó a sus tropas que, a partir de mañana, a las cero horas, silencien sus fusiles para darle paso al cese del fuego bilateral y definitivo con las Farc.

Sin embargo, aún falta la batalla final, esa que se librará el 2 de Octubre, cuando Colombia definirá si opta por la paz o si prefiere seguir sumergida en ese infierno dantesco de la guerra, quién sabe por cuántos años más. Eso sí, serían tantos, que quienes nacimos durante La Violencia entre liberales y conservadores, y crecimos mientras el Estado libraba otra guerra contra estas nuevas guerrillas, no tendríamos la más leve probabilidad de morir después de saborear lo que es vivir en paz en esta querida tierra.

Por eso es tan importante votar el plebiscito luego de leer aquí

(https://www.mesadeconversaciones.com.co/sites/default/files/24_08_2016acuerdofinalfinalfinal-1472094587.pdf) las 297 páginas de los acuerdos.

Es que lo que va a decidirse ahora es fundamental para nuestras vidas y las de nuestros descendientes. No hay más alternativa que aprobar los acuerdos y empezar a construir la paz, o negarlos y quedarnos anclados en esta maldita guerra… Ahora no vamos a votar por Santos ni por Uribe. Vamos a determinar nuestro porvenir. No se dejen engañar, queridos lectores: no hay más opciones: ya la Corte definió que si gana el no, el Presidente tiene que terminar el proceso de paz, lo cual significaría que, de inmediato, los jefes de la guerrilla regresarían a dirigir sus tropas en el monte, a desempolvar sus fusiles -pues es bien sabido que guerrilla que no combate se acaba-, a pelear y a vivir del delito –narcotráfico, secuestros, minería ilegal- porque probablemente carezcan de acciones en la bolsa de Bogotá. Además, aun si la Corte hubiera facultado al Presidente para reabrir el proceso de paz en caso de que triunfara el No, Santos habría perdido su capacidad de maniobra política para hacerlo.

De modo que, o aprobamos estos acuerdos, tal como están, o nos atascamos en el estiercol de la guerra, una guerra entre hermanos que nos ha dejado ocho millones de víctimas y nos ha convertido en el país campeón en número de desplazados. (¡Tenemos más que Siria! ¡Qué horror!)

Hoy la definición de nuestro futuro está en nuestras manos: ya salió de las del Presidente. Si gana el sí a los acuerdos de La Habana, Colombia empezaría a ser un país normal y próspero. (Así que no se preocupe, querido Diego Martínez Lloreda si, para lograrlo, durante dos períodos, se les regalan a las Farc unas curules. Con eso sólo estaríamos construyendo el país que añoraba el Maestro Darío Echandía, donde se pudiera salir a pescar de noche y echáramos lengua en vez de bala).

Sería muy triste que, después de acumular 500.000 muertos en el último medio siglo, los colombianos abortáramos la paz a punto de nacer.

Los invito a votar SÍ en el plebiscito.

Sobre todo después de haber fracasado con estos sesenta años de guerra.

Patricia Lara Salive 11 Feb 2016 - 9:03 pm

Mi viaje al imperio

 

Para celebrar mi ingreso a la tercera edad quería hacer una fiesta con TODOS mis parientes y amigos, y bailar son hasta el amanecer.

Por: Patricia Lara Salive

Para albergarlos debía disponer de un lugar muy grande, donde cupieran unos en una salita, otros en otra, algunos de pie y los más rumberos bailando, de modo que no terminaran dándose puños después de tomarse unos tragos, porque mis amigos socios del Country o de Los Lagartos no toleraban compartir con mis amigos simpatizantes de la guerrilla, y a mis amigos ricos les parecían lobos mis amigos pobres, y mis amigos blancos se sentían mal sentados en una mesa con mis amigos negros.

Analicé mis opciones: no disponía de un lugar así y opté por aislarme en un paraíso: no quería que el silencio de mi alma lo interrumpieran las noticias, ni los timbres del whats app, del celular, de los sms, ni tampoco las cariñosas llamadas de felicitación. De modo que invité a mis dos hijos solteros a que nos aisláramos durante tres días de la invasión de la tecnología en nuestras vidas, a que estuviéramos presentes en ese ahí y en ese ahora y a que me acompañaran a cumplir uno de mis sueños: conocer lo que los cubanos llaman Cayo Hueso, y el resto del mundo denomina Key West, ese extremo sur de la Florida, separado de Cuba apenas por 90 millas de mar azul —el comienzo del Caribe—, un lugar de ensueño donde vivió sus últimos años el gran Ernest Hemingway, Premio Nobel de Literatura y maestro de la crónica, ese Hemingway que retrató la guerra civil española de modo tan minucioso, que si él hubiera sido corresponsal para el conflicto colombiano, la matazón no nos hubiera durado tanto porque sus descripciones de nuestra barbarie nos habrían espantado y nos habríamos dado cuenta del daño que nos causa eso de odiar y de odiar y de pregonar, aquí y allá, el ojo por ojo y el diente por diente. Entonces habríamos parado mucho antes la guerra.

En la madrugada del jueves llegamos a Key West. Soplaba una brisa fresca. Sin embargo, en esa sociedad del desperdicio, que enciende luces de día, gasta billones en empaques innecesarios, procesa los víveres con químicos, ha expulsado los jugos naturales de su oferta, se envenena a sí misma y está a punto de acabar con la especie, todos los ambientes estaban refrigerados por el innecesario aire acondicionado que apagué para abrir las ventanas y permitir que nos inundara la vida. Me levanté con el sol. Me asomé al balcón. Me estrellé contra el paraíso. Fui al comedor. Los meseros, rubios y hostiles, parecían ametrallarme con la mirada. Así eran todos en ese lugar. Su hostilidad no hacía juego con el paisaje. Mientras mis hijos dormían, escribí mi columna, esa en que los invité al Teatro Libre. (¿Ya vieron Un Hombre es un hombre, de Bertold Brecht? ¡No se lo pierdan!). Puse send. Se despertaron mis hijos. Emprendí una batalla campal para que se desconectaran de whats app y de facebook. La perdí. ¡Sus 625 amigos interrumpieron cada rato mi soñado retiro! Fuimos a la casa de Hemingway: un gringo idiota la describió con tono de narrador de espectáculo de Walt Disney. Su tour, que se demoró mientras narraba tonterías, nos arrebató el tiempo para mirar lo importante. Me fui furiosa. Corrimos hacia la milla cero para alcanzar a verla con luz: una cola de turistas esperaba retratarse junto al mojón que dice “90 miles to Cuba”.

En lontananza, adiviné entonces la silueta de esa islita que a punta de dignidad frenó la obsesión gringa por invadirla y se hizo respetar del imperio.

 

El Espectador febrero 18 2016

El País 13 febrero 2016 Opinión

OPINION

El País Diciembre 19 2015

Ese no es mi Dios

 

No hay nada qué hacer, Procurador Ordóñez. Su Dios no es mi Dios. Ni es el Dios de ese ochenta por ciento de los colombianos que, según reciente encuesta del Centro Nacional de Consultoría, ve con ilusión la llegada de la paz; está dispuesto a aprobar los acuerdos; y sueña con que, como consecuencia de ellos, el campo sea un mejor lugar para vivir, se reduzca el secuestro, acabe el reclutamiento de menores, descienda la violencia sexual y se respete más a la mujer.

Su Dios, Procurador, castigador, obstinado, implacable, inmisericorde y justiciero, tampoco es el del Papa Francisco quien hace unos días dijo en una cárcel de EE.UU. que hay que tenderles la mano a las ovejas descarriadas para que se reincorporen a la sociedad. Ni es el Dios de Jesucristo que afirmó: “el que esté libre de pecado que tire la primera piedra”; preguntó “¿por qué ves la paja que hay en el ojo de tu hermano y no ves la viga que está en el tuyo?”; nos dejó la paz como legado (“la paz os dejo, mi paz os doy”); y nos pidió: “daos fraternalmente la paz”.

Su Dios, Procurador, parece ser en cambio ese dios con minúscula que escondía a Lucifer e impulsó las Cruzadas emprendidas para ‘liberar’ los Lugares Santos de la dominación musulmana, y puso al papa Urbano II a que usara esa frase del Evangelio que dice “renuncia a ti mismo, toma tu cruz y sígueme”, para hacer que la multitud, arrastrada por el grito de “Dios lo quiere”, aprobara esa guerra vergonzosa que duró cerca de 200 años y dejó casi seis millones de muertos.

Usted que tanto predica el catolicismo, Procurador, y que cree que más importante que parar la guerra es señalar a los culpables y castigarlos implacablemente porque antes que la vida están su moral y su ley, que no son las del país pues el setenta y tres por ciento de los colombianos está dispuesto a perdonarle la pena de prisión a un guerrillero a cambio de salvar la vida de un ser querido, ¿no sabe acaso que los condiciones que pretende imponerle a la negociación equivalen a que se rinda un bando que no ha sido vencido en el campo de batalla? ¿No ve que eso es imposible? ¿Y no sabe que aquí nadie ha ganado la guerra en estos setenta años de matazón, que no son cincuenta, como dicen, pues la guerra empezó a manifestarse a fines del 1946 y estalló con el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, el 9 de abril de 1948?

Es que a partir de ahí solo ha habido intervalos cortos de paz. Y si a esos años de violencia se suman los de las guerras anteriores (la de los Mil Días, las ocho del Siglo XIX, más la de la independencia), completaríamos dos siglos largos de guerra, con cortas interrupciones.

¿No le parece, Procurador, que la política de guerra ha sido ineficaz y que después de 200 años de ensayarla es hora de reconocer su fracaso antes de que haya miles de muertos más? ¿Ha reflexionado en cómo pensaría usted si supiera que el próximo muerto va a ser un familiar suyo? ¿Cómo respondería, por ejemplo, la pregunta de la encuesta del CNC: ¿Perdonaría la pena de prisión a un guerrillero a cambio de salvar la vida de su hija, por ejemplo?

Póngase la mano en el corazón, Procurador, y respóndase esa pregunta. Si su respuesta es sí, sea honesto, rectifique y deje de atravesársele a la paz. Y si es no, lo más probable es que, por su conducto, esté cobrando vida Satanás. Porque Dios no es odio, Procurador. Dios es amor.

* * *
Esta columna reaparecerá el 17 de enero.

¡Feliz Navidad, y felicidad en este 2016 que nos traerá la paz!

Patricia Lara

OPINION

El País Agosto  2 2014

Timochenko, ¡sea valiente!

 

Dicen los expertos que mientras más cerca está la paz, más arrecia la guerra.

¡Sin embargo no puede ser que ahora, cuando se supone que la guerra está a punto de terminar, sigan muriendo civiles, y niños como la hija del patrullero Ronaldo Ruiz, a quien una esquirla de granada lanzada por las Farc contra una estación de Policía en Arauca, mató cuando apenas tenía 3 años; y como la chiquita de 2 años de la familia Yaqui Muse, asesinada por un tatuco lanzado por las mismas Farc contra la base militar de Miranda Cauca, situada a varios metros del lugar del ataque!

¡Y tampoco puede suceder que envenen las fuentes de agua y dejen sin luz a las ciudades! ¡Eso no tiene sentido! Y menos lo tiene cuando justamente, después de que las Farc aceptaron que reconocerán a sus víctimas, en La Habana recibirán, a partir del 16 de Agosto, a las comisiones de víctimas de todos los sectores, y en Cali se realizará, entre hoy y el martes, el gran Foro Nacional de Víctimas.

Señores de las Farc: ¡ustedes no pueden seguir siendo tan crueles y tan torpes! ¿No se dan cuenta de que su meta no debe ser concluir las negociaciones con mayores ventajas, sino lograr que los colombianos refrenden los acuerdos? ¿No piensan que su gran batalla es conseguir ganarse el corazón de la mayoría? ¿No ven que si siguen enfureciendo al país con esos actos de barbarie, no existe la más mínima posibilidad de que los colombianos voten en favor de los acuerdos?

Timochenko, usted ha dicho que no se arrepiente de nada de lo que han hecho las Farc en estos 50 años. Y con los suyos ha insistido en que lo importante es esclarecer los orígenes del conflicto armado y demostrar que los malos no han sido ustedes sino los otros.

¿Pero si las niñas asesinadas hubieran sido sus hijas, aceptaría que se esgrimiera cualquier argumento (la pobreza, la represión, la injusticia) para justificar su muerte? ¿Se arrepentiría si usted hubiera ordenado directa o indirectamente la muerte de sus niñas? ¿Le dolería haberlas visto fallecer en sus brazos y, como padre, no se sentiría una víctima con derecho a exigir que los que las hubieran matado le pidieran perdón? ¿Timochenko, de verdad, cómo se comportaría usted si la pequeña del patrullero Ruiz o la niña de la familia Yaqui Muse, fueran sus hijas?

Hay que llegar a que sientan ese dolor tanto usted, Timochenko, como los suyos, y todos los que de un lado u otro de la guerra han generado una sola víctima: ustedes tienen que poder sentir el dolor que han causado, arrepentirse y pedirle perdón de corazón a cada víctima, en vez de confortarse la conciencia disculpándose con el dolor que les han causado a ustedes. (¡Porque a ustedes también les han causado dolor, y mucho!).

Y no pueden exigir que primero les pidan perdón para después pedirlo ustedes. ¡Sean generosos! ¡Colóquense en la piel de los Ruiz y los Yaqui Muse y piensen en sus propios hijos! Así empezarán a actuar y a sentir, no como guerreros, sino como seres humanos… Y así sucedería el milagro de que la mayoría de los colombianos los perdonáramos y los recibiéramos.

¡Les llegó la hora de demostrar su valor, Timochenko! Porque se require tener valor para mirarse el alma, abandonar la justificación del ojo por ojo y diente por diente, y decir: sí, he matado, me equivoqué, me duele, me arrepiento, pido perdón.

Timochenko, Iván, Pablo, Andrés: para hacer la paz se necesita más valor que para vivir en guerra... El país confía en su valentía: las víctimas los esperan…

Patricia Lara