15 ago. 2020

PATRICIA LARA SALIVE

A la paz hay que tenerle paciencia”: Carlos Negret

El saliente Defensor del Pueblo y su balance de gestión en un país al que le falta más compromiso con la paz y en el que no se les presta atención política a las alertas tempranas para defender a población civil amenazada.

El 1° de septiembre se va el defensor del Pueblo, Carlos Alfonso Negret, abogado y un gran ser humano, quien deja una huella indeleble, más que en la Defensoría, en el corazón de las decenas de miles de indígenas, afros y campesinos a quienes, durante estos cuatro años, visitó en sus terruños y escuchó con atención para, luego, en la medida de sus posibilidades, interceder ante las entidades del Estado con el fin de que les solucionara sus problemas. Y así en la mayoría de los casos no fueran solucionados por ese Estado indolente, la gente sentía que el único funcionario que los escuchaba era el defensor, quien era el solo puente entre la Colombia profunda y la institucionalidad. Y esa institucionalidad, en lugar de considerar prioritarias sus alertas tempranas, poca atención les ponía y, por ello, las muertes anunciadas se sucedían y las desgracias continuaban.

Nacido en Popayán hace 58 años, casado con María Leonor Velasco y padre de Víctor Manuel y de José Vicente, de 20 y 14 años, Negret quedó huérfano de madre a los 3 y de padre a los 10. Y aún hoy solloza al recordarlo: “Con el apoyo del papá, esas buenas cosas que hemos hecho los Negret, con seguridad hubieran sido mejores”, dice con la voz quebrada.

Es que no fue fácil la vida para los cuatro hermanos Negret, quienes por más abolengos que tuvieran heredaron apenas una casa que les producía una renta exigua y fueron criados por una madrastra, Gloria Kimmel, a quien llaman mamá. Ella se echó al hombro esos niños y los sacó adelante trabajando como gerente de la sucursal de Unicentro del Banco de Bogotá. Pero el dinero no alcanzaba. Por eso Carlos Alfonso vendió brownies, repartió yogures y fue mensajero y recepcionista. Y, a mucho honor, fue carguero en las procesiones de la Semana Santa en Popayán. Hasta que un día de 2011, cuando recibió el paso, sintió que el cuerpo se le desvanecía al soportar la carga y les pidió a sus padres muertos que algo sucediera. Entonces se desgajó un aguacero que suspendió la procesión. Esa debilidad fue el primer síntoma de un cáncer linfático que le descubrieron unos tres meses después. Entonces se sintió cerca de la muerte, como se había sentido luego de un accidente de tránsito en el que dio cuatro vueltas de campana y de un siniestro aéreo del que se salvó de milagro. Pero más cerca de la parca se vio el 16 de agosto de 2016, cuando la Cámara lo eligió defensor del Pueblo y, luego de que pronunció su discurso, fue llevado de urgencia a la Clínica del Country, con una oclusión intestinal, y allí permaneció 10 días en cuidados intensivos. De ahí que diga que él tiene las siete vidas del gato, y que aún le quedan tres.

En la Defensoría, Negret se jugó sus tres vidas restantes. Y se empleó a fondo. Por eso es un pesar que justo en este momento crucial se vaya este defensor valiente y bueno. Ojalá su sucesor no se comporte como un títere del Gobierno y disponga de su capacidad para recorrer los confines del país con el propósito de escuchar a los más agredidos y olvidados, de colocarse en su lugar y de interceder en favor de ellos.

Patricia Lara Salive: ¿Nostálgico?

Carlos Alfonso Negret: triste porque, por la pandemia, no pudimos hacer cinco misiones: la de Caquetá y Putumayo, la de los ríos del Vaupés y el Amazonas, la Ruta Libertadora desde Arauca hasta Boyacá, la del oriente del Cauca y el occidente del Huila, y la del río Magdalena, desde Barrancabermeja hasta Barranquilla, durmiendo en los pueblos y escuchando a la gente…

 

¿Cuáles fueron sus mayores logros?

1. La internacionalización: hice muy buenas amigas con la ONU y eso fue fundamental. El secretario general de Naciones Unidas me recibió en su despacho. El BID nos dio un crédito de US$18 millones para mejorar la gestión institucional. 2. Haber creado conciencia en la opinión de la importancia de las alertas tempranas. 3. Haber realizado una convocatoria pública para que los abogados que quisieran trabajar aquí presentaran un examen en la Universidad Nacional, y la universidad me mandara una lista con los que debía contratar. 4. Haber sido recibido por los campesinos, indígenas y afros en sus casas, en sus corregimientos, en sus ríos… Realicé 33 misiones humanitarias e innumerables viajes en Colombia y al exterior. 5. Haber sacado la ley para evitar la apatridia de los hijos de venezolanos nacidos Colombia, y la de discapacidad, que falta reglamentar. Creo que terminamos muy bien…

¿Qué fue lo más difícil?

Ver tantas necesidades; ver a los grupos armados ilegales en un afán impresionante de reclutar niños, niñas y adolescentes. ¡Las cifras del reclutamiento forzado son aterradoras! Los niños tienen que estar con lápices y cuadernos, no con fusiles ni armas cortas.

¿Hoy hay más paz en el país que hace 4 años?

Sin duda hay más paz. Es muy importante el símbolo de haber entregado 13 mil armas. Y eso es histórico. Por eso digo que a la paz hay que tenerle paciencia. Y eso tiene que ser del Gobierno hacia las Farc y de las Farc hacia el Gobierno. Este es un proceso calculado a 15 años. Ahora lo que ocurre es que no hay mandos. Hay un Eln y unas bandas criminales llamadas disidencias de las Farc, que no se acogieron al proceso y que quisieron seguir con el negocio del secuestro, del narcotráfico y de la minería ilegal en zonas como Caquetá, Cauca, Guaviare y Meta. Hoy están dedicados a la deforestación, y les pagan a los campesinos $10 millones si tumban una hectárea de bosque para sembrar coca. La paz no es fácil. Y diciéndonos tantas cosas en las redes y en el Congreso no vamos a mejorar. Esa polarización y esa estigmatización les hacen mucho daño a los líderes sociales en los territorios.

Alberto Lleras decía que un discurso en el Parlamento se convertía en 20 mil muertos en las veredas…

Sin duda. Uno ve las mismas disputas del Congreso en los territorios. Y como la TV y la radio llegan allá, la polarización y la estigmatización hacia los líderes causan muchos asesinatos. La única opción que tiene Colombia es rodear el proceso de paz. Las Farc tienen que ir a la justicia transicional a decir la verdad. El país está esperando que la digan. Si la dicen, habrá reparación y no repetición. Y mientras no haya proceso, hay que combatir al Eln. Pero con el Eln hay que tender puentes, hay que volverse a sentar.

¿Quiénes matan a excombatientes de las Farc?

Eso le corresponde decirlo a la Fiscalía. Pero por lo que uno escucha en las zonas, creemos que a la gran mayoría los han matado las mismas disidencias de las Farc, que han intentado cooptar a muchos excombatientes que están en los ETCR. Las disidencias son sus principales enemigos.

¿Y a los líderes sociales quiénes los matan?

Los matan por la disputa de los grupos que quieren quedarse con el control de los territorios de las antiguas Farc. Los asesinan porque no quieren la minería ilegal, ni el narcotráfico, ni la corrupción.

 

¿Cree que hay sistematicidad de los asesinatos?

En mis recorridos por Colombia veo que no, en el sentido de que ya no hay alguien que, desde la finca número 40, en las sabanas de Córdoba, diga: me han dicho que hay un líder de izquierda en Tacueyó y otro en Mapiripán, asesínenlos. Eso no lo veo. Pero será la Fiscalía la que lo determine.

La Fiscalía ha dicho que tiene dilucidado el 52 % de los crímenes de los líderes sociales. ¿Hay idea de quiénes han sido los autores intelectuales?

No la tengo.

Hay denuncias sobre connivencia de miembros de la Fuerza Pública con grupos armados. ¿Cómo se explica que uno vea en los territorios enormes dragas y retroexcavadoras que se usan en la minería ilegal y no hagan nada?

La connivencia es una conducta criminal atribuible a funcionarios públicos como son los miembros de la Fuerza Pública, que obliga a contar con un mínimo de fundamento probatorio. No es responsable generalizar, máxime cuando en numerosos territorios la única cara del Estado, lamentablemente, es la de la Fuerza Pública. Pero eso no significa que ello no sea una posibilidad. Hace poco fuentes periodísticas revelaron detalles de la “Operación Bastón”: una cruzada de contrainteligencia para ubicar a esos agentes que operan como y con los criminales, que incluso fueron colaboradores de las Farc y, ahora, de las disidencias y de grupos sucesores del paramilitarismo. Necesitamos que esas operaciones continúen y lleguen hasta las últimas consecuencias para que la autoridad y legitimidad de la Fuerza Pública no se mancille.

 

¿Cuántas alertas tempranas hizo la Defensoría?

Fueron 165. Si las Fuerzas Militares y otras entidades siguen sus recomendaciones, pueden hacer un mejor trabajo. Una alerta temprana atendida es una muerte evitada.

¿Cuántas alertas han sido atendidas? ¿Menos del 2 %?

(Risas) No tengo el porcentaje. Pero sé que muchas lo han sido. Lo que pasa es que la Defensoría tiene un equipo muy robusto de alertas tempranas y en el Ministerio solamente hay cuatro personas para responderlas. Y una alerta temprana puede tener entre 80 y 200 hojas. Se necesita fortalecer esa oficina: tendrían que contratar unas 10 o 20 personas más, y ampliarse regionalmente.

Eso requiere voluntad política.

¡Claro! Que no la hubo ni en el otro gobierno ni en este.

Usted que conoce tan milimétricamente el país, si fuera presidente, ¿qué haría?

Estaría más tiempo en el terreno, dormiría con las comunidades, viajaría como lo hacen ellas... Es la única manera de impregnarse de sus dificultades a la hora de dormir, de transportarse, de acceder a los servicios de educación y salud… No se pueden tomar las decisiones sobre los corregimientos y las veredas desde Bogotá, Cali o Barranquilla.

 

¿Amenazas?

Tengo…

¿De quiénes?

Dejémoselo a la Policía y a la Fiscalía. Tocó redoblar mi seguridad. Hubiera querido salir de aquí caminando. Pero no voy a poder. Dijimos cosas ciertas: que hay reclutamiento de menores, minería ilegal, que están usando a los campesinos, indígenas y afros para deforestar. Y por eso tengo amenazas muy fuertes. Pero, como le conté, me quedan tres vidas…

 

¿Qué consejo le daría a su sucesor?

Más que los títulos y la experiencia, lo importante es que sea íntegro, que tenga mucha paciencia para escuchar y que sea un muy buen ser humano